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Transición verde para la MYPE en El Salvador: un reto complejo

Para muchas MYPES la transición verde es el nuevo horizonte de la competitividad. Para la MYPE salvadoreña, y en particular el segmento más competitivo y en proceso de formalización el desafío es inmenso, pero la solución pasa por integrar la agenda verde a la agenda de desarrollo social y económico ya existente, haciendo de la formalización, el acceso al crédito y la capacitación los pilares de una transformación que sea sostenible, sí, pero ante todo, incluyente.

2026-01-19

Por revistaeyn.com

El panorama global de los negocios está siendo redefinido por el imperativo de la sostenibilidad y la transición verde. En este contexto, un reciente informe, «Renewed SME Agenda in the Context of Green and Just Transition» publicado por Jana Krajcovicova en septiembre de 2025 para el Donor Committee for Enterprise Development (DCED), ha puesto una nota de advertencia crucial. El estudio no cuestiona la necesidad de la transición verde, sino que plantea un riesgo real: que las nuevas exigencias ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) se conviertan en una nueva capa de barreras de acceso al financiamiento y apoyo para las micro y pequeñas empresas (MYPE).

Para economías emergentes como El Salvador, donde la MYPE ya arrastra una compleja agenda de transformación (lucha contra la informalidad, usura y baja productividad), la exigencia de sostenibilidad se presenta como un reto complejo y multidimensional, que requiere de un fuerte componente de gradualidad y asistencia técnica para evitar una potencial exclusión.

El principal nudo para que la MYPE salvadoreña abrace la agenda verde es su profunda informalidad. Según el Observatorio MYPE de FUSAI, cerca del 76% del parque empresarial salvadoreño opera en la informalidad.

Si bien la informalidad no obstruye el cumplimiento de requisitos ambientales, puede bloquear el acceso a las herramientas básicas de desarrollo:

Bloqueo al financiamiento

Las líneas de crédito verde exigen la verificación del destino de los fondos para asegurar la trazabilidad y el impacto ambiental. Una MYPE informal carece de los estados financieros y de la documentación legal necesaria para ser un sujeto de crédito elegible para estos fondos, ni siquiera a nivel de microfinanzas. La exigencia verde se convierte, automáticamente, en una barrera de formalización que la MYPE no está equipada para superar.

La presión de la usura

La exclusión del financiamiento formal empuja a la MYPE a la usura. El Observatorio MYPE en su informe anual sobre El Estado de la MYPE 2025 estima que el monto movilizado por la usura es mayor a los US$ 1,125.5 millones anuales, con tasas que pueden alcanzar el 1,869%. Una empresa con un margen de ganancia devorado por intereses usurarios simplemente carece del capital para invertir en eficiencia energética o en prácticas laborales dignas que exige la agenda verde.

Invisible en la cadena de valor

La presión de las regulaciones globales (ej. en las cadenas de sourcing de grandes exportadores) requiere que los proveedores MYPE demuestren cumplimiento con estándares sociales y ambientales. La informalidad impide a la MYPE proveer las facturas, contratos laborales o certificaciones que aseguren esta trazabilidad, relegándolas a un mercado secundario y menos rentable.

TRANSICIÓN JUSTA

La transición verde debe ser equitativa. El informe «Renewed SME Agenda» enfatiza que la clave es un fuerte componente de asistencia técnica provisto por el ecosistema de apoyo financiero, junto con una estrategia de gradualidad.

La experiencia internacional demuestra que el camino no es imponer el requisito, sino ligar la formalización y el apoyo técnico a un beneficio tangible. La formalidad es, de hecho, el primer paso en la sostenibilidad social de cualquier negocio.

Para las MYPE de El Salvador, el reto significa entender que el foco de la política debe ser doble:

1.Priorizar la formalización progresiva. Crear rutas de registro simplificadas y flexibles que sean accesibles a todos los segmentos de la MYPE. El objetivo inicial no es un compliance de nivel exportador, sino la existencia legal que permita abrir la puerta al financiamiento y a la capacitación. Los modelos internacionales sugieren ligar el registro a un beneficio fiscal o de mercado real.

2.Financiamiento ligado a la capacidad, no al riesgo perfecto. Es fundamental diseñar productos que combinen crédito con asistencia técnica y educación financiera. El estudio internacional recomienda pilotos enfocados en la capacidad del MYPE para generar ingresos sostenibles («primero los ingresos») antes de asumir deuda compleja, utilizando el crédito como una herramienta de apalancamiento productivo, no como un paliativo financiero.

3.Integración con soporte sectorial: El apoyo debe ser diferenciado. La asistencia debe ser sectorial y enfocada en soluciones sencillas, utilizando las redes de apoyo existentes, como los Centros de Desarrollo de la MYPE (CDMYPE).

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