Por: Revistaeyn.com
El Bitcoin volvió a aproximarse este lunes a los US$80.000, un nivel que no alcanzaba desde mediados de mayo, después de protagonizar una de sus recuperaciones semanales más fuertes de los últimos años.
La principal criptomoneda llegó a negociarse cerca de US$79.990 y acumuló una revalorización próxima al 23% desde el miércoles 19 de agosto, cuando cotizaba alrededor de US$64.750, según datos recopilados por Bloomberg y divulgados por EFE.
El tamaño y, sobre todo, la velocidad del avance plantean una pregunta crítica para los inversores: ¿Bitcoin está iniciando una nueva tendencia alcista o solamente atraviesa otro de sus frecuentes movimientos de “serrucho”, con aumentos abruptos seguidos de correcciones igualmente violentas?
La respuesta más prudente es que el rally muestra fundamentos más amplios que un simple rebote especulativo, aunque todavía no reúne pruebas suficientes para confirmar un cambio de tendencia de largo plazo.
El impulso llegó desde el mercado de bonos
El punto de inflexión fue el anuncio de que el Tesoro de Estados Unidos ampliaría sus operaciones de recompra de bonos para respaldar la liquidez en los segmentos de mayor vencimiento.
La decisión llegó después de que el rendimiento del bono estadounidense a 30 años alcanzara el 5,31%, su nivel más alto desde 2007, mientras la tasa a diez años superaba el 4,7%. Ese aumento reflejaba la preocupación del mercado por el volumen de deuda estadounidense y por el costo que deberá asumir Washington para financiarla.
Las recompras del Tesoro no equivalen a una reducción de tasas de interés por parte de la Reserva Federal ni a una nueva expansión cuantitativa. Su propósito directo es mejorar el funcionamiento y la liquidez del mercado de deuda. Pero la expectativa de una mayor intervención contribuyó a reducir momentáneamente las tasas de largo plazo, debilitar al dólar y mejorar el apetito por activos alternativos.
Bitcoin recibió así un doble impulso. Por un lado, se benefició como activo de riesgo frente a mejores condiciones financieras. Por otro, volvió a ser presentado como una cobertura ante la expansión de la deuda pública, la presión fiscal estadounidense y la posible pérdida de valor del dólar.
La criptomoneda está operando, por tanto, con una identidad doble: como una inversión de alta volatilidad que sube cuando aumenta la liquidez y como un activo escaso que algunos inversores utilizan para protegerse del deterioro de las monedas tradicionales.
Los ETF aportan dinero real al rally
La señal que más distingue esta recuperación de un rebote puramente técnico es el regreso del capital a los fondos cotizados de Bitcoin al contado en Estados Unidos.
Los ETF registraron cinco jornadas consecutivas de entradas entre el 17 y el 21 de agosto, por un total cercano a US$1.918 millones. Solamente el 20 de agosto captaron US$606,3 millones, la mayor entrada diaria del mes. En lo que va de agosto, el saldo neto asciende aproximadamente a US$2.400 millones, con 11 ruedas positivas y cuatro negativas, de acuerdo con los datos recopilados por TFTC.
BlackRock concentró buena parte del movimiento mediante su fondo iShares Bitcoin Trust —IBIT—, que recibió más de US$1.300 millones durante esas cinco sesiones.
Este dato importa porque las entradas en los ETF representan compras de exposición al activo mediante vehículos regulados y accesibles para inversores institucionales. No garantizan que el mercado seguirá subiendo, pero ofrecen una base más consistente que un rally sostenido exclusivamente por operadores minoristas o por derivados apalancados.
La advertencia aparece al ampliar el horizonte. Pese a la recuperación de agosto, los ETF de Bitcoin todavía acumulan aproximadamente US$2.800 millones en salidas netas durante 2026, según una lectura de Citi recogida por Investopedia. Para hablar de una tendencia institucional consolidada, las entradas deberían continuar más allá de una sola semana.
Parte de la subida fue compra forzada
El rally también fue amplificado por el cierre de apuestas bajistas.
A medida que Bitcoin superó los US$70.000 y continuó avanzando, quienes habían apostado por una caída debieron recomprar activos para cerrar sus posiciones. Las liquidaciones de posiciones cortas en el conjunto del mercado de criptomonedas superaron los US$4.000 millones durante la escalada.
Ese proceso, conocido como short squeeze, puede convertir una recuperación ordinaria en un salto vertical: las primeras compras elevan el precio, el aumento obliga a los inversores bajistas a cerrar posiciones y esas recompras generan nuevas subidas.
El mecanismo ayuda a explicar por qué Bitcoin avanzó alrededor de 23% en pocos días. También constituye una advertencia: una vez absorbidas las posiciones bajistas, el mercado necesita compradores genuinos para conservar el impulso.
En otras palabras, los ETF pusieron capital real sobre la mesa, pero los derivados multiplicaron su efecto.
Un mercado técnicamente sobrecomprado
La velocidad del movimiento dejó al Bitcoin en una situación de sobrecompra. Su índice de fuerza relativa —RSI, por sus siglas en inglés— llegó a superar los 81 puntos, la lectura más elevada en aproximadamente dos años y medio.
Un RSI superior a 70 no implica necesariamente que el precio deba caer de inmediato. Durante mercados fuertemente alcistas, un activo puede mantenerse sobrecomprado durante varias jornadas. Sin embargo, el indicador revela que buena parte del optimismo ya fue incorporado rápidamente a la cotización.
Además, Bitcoin está regresando a una zona que anteriormente funcionó como resistencia. El activo deberá superar de manera consistente los US$80.000 y luego los US$81.600 —nivel observado el 15 de mayo— para demostrar que el avance tiene capacidad de prolongarse.
La reacción ante la primera corrección será todavía más relevante que el cruce momentáneo de esa barrera.
Las tres pruebas del nuevo ciclo
Para determinar si comienza una nueva tendencia alcista o si el mercado regresará al serrucho, los inversores deberán vigilar tres señales.
La primera será la continuidad de los flujos hacia los ETF. Cinco jornadas positivas constituyen una señal favorable; varias semanas de captaciones serían una confirmación mucho más fuerte.
La segunda será el comportamiento del precio después de agotarse las liquidaciones de posiciones cortas. Si Bitcoin conserva niveles cercanos a US$75.000-US$77.000 sin la ayuda de compras forzadas, mostrará que existe demanda más allá del impulso inicial.
La tercera dependerá de la macroeconomía estadounidense. Una caída sostenida de los rendimientos de los bonos y un dólar más débil favorecerían a Bitcoin. En cambio, un nuevo aumento de las tasas de largo plazo o una Reserva Federal más restrictiva podrían devolver volatilidad al mercado.
Una recuperación seria, pero todavía en examen
El rally actual no parece vacío. Está respaldado por el retorno de capital a los ETF, por un cambio en las condiciones de liquidez y por la recuperación del argumento que presenta a Bitcoin como cobertura frente al endeudamiento y la depreciación monetaria.
Pero tampoco puede considerarse todavía el comienzo confirmado de un nuevo ciclo alcista. El avance fue demasiado rápido, recibió una ayuda considerable de las liquidaciones bajistas y dejó al activo técnicamente sobrecomprado.
El mercado cruzó la primera prueba: recuperar los US$80.000. Ahora enfrenta una más difícil: demostrar que puede quedarse allí cuando la euforia inicial pierda velocidad.
Por eso, más que el máximo alcanzado durante estas jornadas, la señal verdaderamente relevante llegará con el próximo retroceso. Si los compradores utilizan esa caída para acumular y los ETF mantienen sus entradas, el rally habrá comenzado a transformarse en tendencia. Si el dinero institucional vuelve a retirarse, Bitcoin confirmará que continúa atrapado en su habitual movimiento de serrucho.
Con información de EFE y fuentes de mercado.