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Venezuela: terremotos exponen fragilidades estructurales; costos ascienden a US$6.700M

Más allá de la tragedia humana, el doble terremoto que sacudió Venezuela puso en evidencia las debilidades acumuladas en infraestructura, salud, energía y financiamiento. La reconstrucción exigirá recursos que el país difícilmente podrá movilizar sin una mayor cooperación internacional.

2026-06-28

Por: EFE

Los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela no solo provocaron la mayor tragedia humanitaria de la historia reciente del país. También dejaron al descubierto las profundas vulnerabilidades que se fueron acumulando durante años de deterioro económico, baja inversión, aislamiento financiero y debilitamiento institucional.

Mientras continúan las labores de rescate, el balance oficial asciende a 1.450 fallecidos, más de 3.200 heridos, 12.721 familias damnificadas y centenares de edificios, hospitales y comercios dañados o destruidos.

Una mujer camina en una zona afectada por los terremotos, en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos

La magnitud de la emergencia obligó a desplegar una inédita operación internacional de asistencia, mientras Naciones Unidas calcula que los daños directos ya alcanzan US$6.700 millones, una cifra que aún no contempla los costos de reconstrucción ni las pérdidas económicas derivadas de la paralización de actividades.

Pero más allá de las cifras, la catástrofe evidenció una realidad que analistas y organismos internacionales venían advirtiendo desde hace años: Venezuela enfrenta una emergencia natural con un Estado y una economía mucho más frágiles que en el pasado.

Un aparato estatal desbordado

La respuesta inicial mostró las limitaciones de un sistema público que llevaba años enfrentando restricciones presupuestarias y deterioro operativo.

Las dificultades para rescatar víctimas, restablecer servicios básicos y coordinar la ayuda humanitaria reflejaron la escasa preparación para enfrentar un desastre de semejante magnitud.

Aunque miles de rescatistas nacionales e internacionales trabajan en las zonas afectadas, las autoridades reconocen que todavía existen áreas donde no ha sido posible completar la búsqueda de sobrevivientes.

Hospitales bajo presión

La emergencia volvió a poner bajo presión un sistema sanitario que desde hace años enfrenta problemas estructurales.

La llegada masiva de heridos desbordó hospitales en Caracas, La Guaira y otras ciudades, obligando incluso a Naciones Unidas a instalar hospitales de campaña para ampliar la capacidad de atención.

Rescatistas trabajan en operaciones de rescate en una zona afectada por los terremotos, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos

La escasez de equipos médicos, medicamentos, personal especializado y suministros volvió a convertirse en uno de los principales desafíos durante las primeras horas posteriores al desastre.

Una infraestructura crítica debilitada es otro de los frentes del deterioro que quedó expuesto. El impacto de los terremotos alcanzó también a la red eléctrica, las telecomunicaciones y la infraestructura logística.

Los cortes de energía complicaron las tareas de rescate y la atención hospitalaria, mientras las afectaciones en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y en el puerto de La Guaira obligaron a una rápida coordinación internacional para garantizar el ingreso de ayuda humanitaria.

Estados Unidos anunció el envío de más de 200 efectivos militares especializados en logística, aviación y operaciones portuarias para colaborar con las autoridades venezolanas en la reapertura de estas instalaciones estratégicas.

La paradoja petrolera

La tragedia también pone en evidencia el contraste entre la riqueza potencial del país y su limitada capacidad financiera.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero hoy produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que alcanzó durante los años de mayor bonanza.

Se calcula que unos 3,9 millones de niños y niñas viven en las zonas afectadas por los fuertes terremotos, por lo que UNICEF está ultimando el envío de ayuda. (Foto: EFE)

Esa caída de la producción redujo significativamente la capacidad del Estado para invertir en infraestructura, mantenimiento de servicios públicos y prevención de riesgos.

Al mismo tiempo, el país continúa enfrentando una de las inflaciones más altas del mundo. El Fondo Monetario Internacional proyecta para 2026 una inflación promedio cercana al 387%, reflejo de una economía que aún no logra estabilizarse.

Reconstruir en medio de restricciones financieras

El desafío de la reconstrucción llega además en un contexto especialmente complejo para las finanzas públicas.

Según reportó el Financial Times, el Gobierno venezolano prepara la presentación de una deuda externa cercana a US$240.000 millones, superior a las estimaciones previas del mercado.

La administración encabezada por Delcy Rodríguez busca avanzar en una negociación con acreedores internacionales para facilitar el regreso del país a los mercados financieros tras casi una década de aislamiento.

Sin embargo, el proceso ocurre mientras Venezuela continúa enfrentando las consecuencias de años de sanciones económicas y de un acceso muy limitado al financiamiento internacional.

Ese escenario podría convertirse en uno de los principales obstáculos para financiar una reconstrucción cuyo costo final probablemente supere ampliamente los daños materiales estimados hasta ahora.

La diplomacia humanitaria abre una ventana

Paradójicamente, la tragedia también generó un cambio en el escenario diplomático.

Gobiernos que mantenían relaciones tensas con Caracas ofrecieron asistencia técnica, equipos de rescate y ayuda humanitaria, en un contexto marcado por el reconocimiento internacional del nuevo gobierno y una gradual normalización de vínculos con algunos países.

La coordinación entre organismos multilaterales, gobiernos y equipos internacionales permitió acelerar la llegada de hospitales de campaña, medicamentos, sistemas de potabilización de agua y personal especializado.

Para Naciones Unidas, la reconstrucción representa también una oportunidad para incorporar criterios de resiliencia que permitan reducir la vulnerabilidad frente a futuros desastres naturales.

El desafío para Venezuela no será únicamente reconstruir viviendas, hospitales, carreteras o puertos.

La magnitud del desastre vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de recuperar capacidades estatales, fortalecer los servicios públicos, modernizar la infraestructura crítica y restablecer condiciones que permitan atraer inversión y financiamiento.

La tragedia dejó una lección difícil de ignorar: los terremotos destruyeron edificios, pero también expusieron las consecuencias de años de deterioro acumulado. La velocidad con la que el país logre reconstruirse dependerá no solo de la ayuda internacional, sino también de su capacidad para corregir esas debilidades estructurales y convertir la emergencia en un punto de partida para una recuperación más sostenible.

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