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Madure Corp: Tres mujeres que entrelazaron sus talentos para construir un sueño

En un sector históricamente dominado por hombres como el de las bebidas alcohólicas, tres mujeres panameñas decidieron abrirse camino con una apuesta propia. El caso de Madure Corp que les presentamos forma parte del Informe Especial Madre & Hijas, Socias de Negocios, producido por revista Estrategia & Negocios.

2026-03-12

Por: José Hilario Gómez / Revista Estrategia & Negocios

En octubre de 2020, Aida Michelle Ureña de Maduro, junto a sus hijas Ana Cecilia y Aida Gabriela, lanzó Madure, un licor dulce cuyo nombre fusiona sus apellidos: Maduro y Ureña. Más que una marca, el proyecto nació como una declaración de principios.

“Cuando una madre y sus hijas deciden construir juntas una empresa desde cero, el resultado va más allá de un simple negocio: se transforma en un proyecto de legado, identidad y visión compartida”, afirma Aida Michelle.

Para ella, el emprendimiento familiar no debía limitarse a heredar estructuras existentes, sino a crear algo propio. “Nuestro nombre es la fusión de los apellidos Maduro y Ureña; simboliza unión familiar”.

Con una trayectoria vinculada al desarrollo de zonas francas y la atracción de inversiones, la empresaria tenía una convicción clara: Panamá debía proyectar al mundo productos con identidad nacional.

“Panamá no sólo debía atraer capital extranjero, sino también proyectar al mundo productos propios, con identidad, calidad y diferenciación”, sostiene.

El proyecto comenzó a gestarse antes de 2019 y tomó forma definitiva en diciembre de ese año. La pandemia, lejos de frenar la iniciativa, la aceleró. El trabajo desde casa fortaleció la dinámica familiar y permitió estructurar la empresa de manera orgánica.

Aida Gabriela, recién graduada en áreas vinculadas al desarrollo y la hospitalidad, se integró primero. Luego, Ana Cecilia asumió la logística, el control de inventarios y las finanzas. Hoy, una lidera redes sociales, mercadeo y ventas; la otra, la operación interna.

En Madure Corp los roles no responden a jerarquías familiares, sino a talentos individuales. La experiencia aporta visión estratégica; las nuevas generaciones, lectura de tendencias y conexión con públicos jóvenes. Esa combinación —subraya Ureña de Maduro— ha sido una ventaja competitiva.

El mayor desafío ha sido separar familia y empresa. “En una relación madre–hija existe naturalmente una jerarquía, pero trasladarla al negocio podría afectar la toma de decisiones”, reconoce. Por eso establecieron una regla esencial: que cada voz tenga el mismo peso en la mesa y que prevalezca el mejor argumento, no la edad ni el vínculo afectivo. “Entender que una diferencia de negocio no es un conflicto familiar ha sido uno de los aprendizajes más importantes”.

Si algo harían distinto, admite, sería definir los roles con mayor claridad desde el inicio. Emprender en familia exige estructura, planificación y la capacidad de aceptar que “la mejor decisión para el negocio —aunque no sea la propia— es parte del crecimiento profesional”.

Para ellas, Madure no es solo un licor con sello Panamá. Es la materialización de una visión compartida y la prueba de que el legado también puede construirse desde cero. “El emprendimiento no es solo una empresa; es un legado en construcción, una huella que esta familia deja para las futuras generaciones”.

El mensaje que comparten con otras madres e hijas que deseen emprender juntas es claro: escuchar es fundamental. “Comprender que existen roles distintos, evitar decisiones impulsivas y separar emociones personales de decisiones empresariales”.

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