Por E&N Brand Lab para Banco Atlántida
La sostenibilidad en el sector financiero ha evolucionado mucho más allá de los compromisos institucionales o las declaraciones de intención. Hoy, el verdadero impacto se mide por la capacidad de dirigir recursos hacia actividades que generan valor económico, social y ambiental de largo plazo. Bajo esa visión, Banco Atlántida ha consolidado una estrategia que integra la sostenibilidad en el núcleo de su negocio, convirtiéndola en un criterio fundamental para la toma de decisiones y la asignación de capital.
Con más de un siglo de trayectoria, la institución financiera ha construido una propuesta de valor que busca acompañar el desarrollo de Honduras mediante el financiamiento responsable, la gestión de riesgos emergentes y el fortalecimiento de sectores productivos estratégicos.
“En Banco Atlántida entendemos la sostenibilidad como una forma de hacer banca con visión de permanencia. Nuestro propósito no se limita a ofrecer servicios financieros; consiste en acompañar el desarrollo de las personas, las empresas y los sectores que sostienen la economía real”, afirma Carlos Girón, Vicepresidente Corporativo de Imagen y Reputación Institucional de Grupo Financiero Atlántida.
Para la entidad, la sostenibilidad no es un esfuerzo aislado, sino una responsabilidad inherente a su rol dentro de la economía. De acuerdo con Girón, una organización con más de cien años de historia debe pensar más allá de los resultados inmediatos y enfocarse en la confianza que genera, el empleo que contribuye a crear y la inversión que facilita para el crecimiento del país.
Uno de los ejemplos más claros de esta estrategia es el financiamiento de proyectos de energía renovable. Actualmente, la generación de energía limpia representa el 17% del saldo activo de la cartera comercial, pyme y corporativa del banco, reflejando una apuesta decidida por impulsar la transición energética de Honduras.
Sin embargo, el compromiso no termina con la colocación de recursos. Banco Atlántida cuenta con un área especializada que da seguimiento técnico a la producción de energía solar e hídrica financiada por la institución, permitiendo verificar y medir el impacto ambiental de cada proyecto. Y a nivel interno, la organización también mantiene un monitoreo constante de su desempeño ambiental mediante la medición mensual de su huella de carbono, considerando variables como consumo energético, combustibles y refrigerantes.
ANTICIPAR RIESGOS PARA CONSTRUIR RESILIENCIA
Banco Atlántida opera con plena consciencia de que los riesgos climáticos forman parte de la gestión estratégica de la banca, y que su impacto puede afectar actividades productivas, garantías, infraestructura, capacidad de pago, continuidad operativa y valor de los activos. “Por eso deben verse como riesgos financieros, no únicamente ambientales”, sostiene el directivo.
En este sentido, en Banco Atlántida están fortaleciendo la estrategia de medición de riesgo climático, por lo que ya se identificaron y mapearon los rubros y financiamientos con mayor exposición dentro de la cartera comercial, pyme y corporativa. Asimismo, para evaluar riesgos físicos -como sequía e inundación- se utilizan escenarios históricos del país y proyecciones cartográficas y climáticas para Honduras, desarrolladas por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC-ONU).
De igual manera, como parte de la debida diligencia, el banco cuenta con una lista de exclusión para evitar el financiamiento de actividades con impactos negativos significativos en el ambiente o la sociedad. Además, categoriza y monitorea la exposición de cartera a sectores con sensibilidad a contaminación ambiental. “Este enfoque permite anticipar riesgos, fortalecer resiliencia y proteger la sostenibilidad de los activos en el largo plazo”, dice.
CADENA DE VALOR QUE TRASCIENDE LA OPERACIÓN
Para una institución financiera, la sostenibilidad de la cadena de valor no se limita a los procesos internos. El mayor impacto se encuentra en los proyectos que financia y en el acompañamiento que brinda a sus clientes. Por ello, Banco Atlántida gestiona los riesgos ambientales y sociales a través de un equipo especializado que opera bajo el Sistema de Administración de Riesgos Ambientales y Sociales (SARAS), alineado con las Normas de Desempeño de la Corporación Financiera Internacional (IFC).
Este modelo permite evaluar, mitigar y monitorear los posibles impactos asociados a los proyectos financiados, promoviendo prácticas responsables en diferentes sectores económicos. Un caso destacado es el sector agropecuario, que representa el 18 % de la cartera de la institución. Reconociendo su importancia para la economía hondureña, el banco cuenta con un área de soporte agropecuario que acompaña directamente a los productores, brindando asesoría técnica y promoviendo la adopción de certificaciones ambientales y de sostenibilidad reconocidas internacionalmente.
En toda esta estrategia, la tecnología juega un papel clave, ya que amplía oportunidades y fortalece la responsabilidad humana. Por ejemplo, la automatización y la inteligencia artificial pueden mejorar la eficiencia, seguridad, experiencia del cliente, análisis de riesgo e inclusión financiera, “pero su verdadero valor depende del talento que las diseña, las opera y las gobierna”.
De acuerdo con Girón, Honduras tiene una ventaja demográfica importante, la cual puede resultar transitoria si no se traduce en educación pertinente, habilidades digitales, bilingüismo, formación técnica y capacidad de adaptación. “El futuro sostenible será de las economías que sepan formar personas, incorporar tecnología con criterio y construir instituciones confiables, precisamente como lo es el banco, con 113 años de trayectoria”, expone.
Mientras tanto, crecientes tendencias como el nearshoring, están redefiniendo los requisitos para participar en cadenas globales de valor. Más allá de la ubicación geográfica, las empresas deben demostrar altos estándares de gobernanza, sostenibilidad y trazabilidad. En este escenario, Banco Atlántida considera que los criterios ESG se han convertido en una herramienta estratégica para mejorar la competitividad empresarial y facilitar el acceso a mercados, inversión y financiamiento.
“El desempeño ESG se está convirtiendo en un lenguaje de acceso a mercados, inversión y financiamiento. Las empresas que quieran integrarse a cadenas de alto estándar deberán demostrar prácticas responsables, medición de impacto, gestión de riesgos y capacidad de adaptación”, explica Girón.
Por ello, la entidad busca acompañar a sus clientes en el fortalecimiento de sus capacidades, ayudándoles a elevar sus estándares y prepararse para competir en entornos cada vez más exigentes.
“La banca responsable no se limita a colocar capital, sino que consiste en acompañar al cliente para que crezca con mejores estándares, y eso es lo que venimos haciendo en Banco Atlántida desde 1913”.
Carlos Girón, Vicepresidente Corporativo de Imagen y Reputación Institucional de Grupo Financiero Atlántida.