Por: Revistaeyn.com
La expansión de la inteligencia artificial enfrenta una disputa cada vez más concreta: dónde construir los centros de datos, cuánta electricidad y agua pueden utilizar y quién debe asumir los costos de hacerlos funcionar.
Este viernes 6 de noviembre, ese conflicto llegó al interior de una obra destinada a Microsoft en Ámsterdam, donde manifestantes atravesaron el perímetro y subieron a estructuras de la construcción.
La policía intervino para desalojar el terreno, ubicado en el distrito de Sloterdijk. La radiotelevisión pública neerlandesa NOS informó que los activistas cortaron una valla, que algunos escalaron una grúa y el techo del edificio y que un agente resultó levemente herido. Se trata de una instalación en construcción: los reportes consultados no informan una interrupción de servicios de nube.
El episodio coincide con dos jornadas de movilización internacional contra la expansión de grandes centros de datos. Reuters informó de acciones anunciadas en 16 países para el 6 y 7 de noviembre. Microsoft manifestó que respeta la expresión pacífica de opiniones, pero rechaza las acciones ilegales o que ponen en riesgo la seguridad.
De los conflictos locales a una demanda de moratoria
La plataforma Stop Dirty Data Centres reclama una moratoria inmediata para grandes centros de datos en Europa. En su convocatoria reúne cuestionamientos sobre consumo de recursos, efectos sobre las comunidades, concentración empresarial y usos de la tecnología en vigilancia y operaciones militares.
Son argumentos de los organizadores, cuyos alcances deben evaluarse proyecto por proyecto. La plataforma también declara su compromiso con la no violencia y presenta las jornadas como un ejercicio del derecho a manifestarse. Su agenda incluye marchas, concentraciones, debates y solicitudes de información pública.
Lo que empieza a tomar forma es una controversia sobre quién decide el ritmo de expansión de la infraestructura digital. Las empresas necesitan capacidad para atender la demanda; las comunidades exigen conocer sus consecuencias y participar en las decisiones.
La presión sobre la electricidad tiene una dimensión local
La discusión cuenta con una base material. En su informe "Energy and AI", publicado en 2025, la Agencia Internacional de la Energía estimó que los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios hora en 2024, equivalentes al 1,5% de la electricidad mundial. Su escenario base proyecta unos 945 teravatios hora para 2030, con la IA como principal impulsor del crecimiento.
Estas cifras abarcan el conjunto de los centros de datos, incluidos los que atienden otros servicios digitales. La agencia destaca que su impacto resulta especialmente intenso donde las instalaciones se concentran, aunque su participación en el consumo mundial siga siendo relativamente limitada.
Además, los tiempos de construcción no coinciden. Un centro de datos puede entrar en funcionamiento en dos o tres años, mientras que ampliar el sistema energético requiere procesos de planificación y obras más prolongados. Esa diferencia ayuda a explicar por qué un proyecto atractivo para la inversión puede convertirse en un problema para una red eléctrica local.
Estados Unidos: la controversia entra en la agenda política
La resistencia también tiene expresión electoral en Estados Unidos. Según Associated Press, las elecciones de medio mandato dieron poder a candidatos que prometieron mayores controles y, en algunos casos, moratorias.
La agencia recoge un ejemplo que desborda la división partidaria: el demócrata David Crowley, gobernador electo de Wisconsin, endureció su posición sobre los centros de datos bajo presión de su adversario republicano.
En el Congreso, los demócratas preparan iniciativas para proteger a los consumidores de aumentos eléctricos asociados a estas instalaciones, exigir evaluaciones independientes de sistemas avanzados de IA y precisar la responsabilidad de las compañías por daños causados por sus productos, informó Reuters.
Se trata de propuestas para la próxima legislatura, no de restricciones federales ya aprobadas. La orientación anunciada incluye tanto nuevas obligaciones como la intención declarada de preservar la innovación.
Para los inversionistas, la consecuencia podría ser una geografía más desigual de permisos y condiciones. Analistas citados por Reuters contemplan desde pausas temporales hasta mayores exigencias regulatorias o el traslado de proyectos entre estados. Ninguno de esos escenarios equivale, por sí mismo, a una paralización nacional del desarrollo de IA.
China convierte el debate en una cuestión estratégica
Estados Unidos enfrenta esta controversia desde una posición de fortaleza. El "AI Index 2026" de Stanford sitúa la inversión privada estadounidense en IA en US$285.900 millones durante 2025, frente a US$12.400 millones en China. El informe advierte que la comparación privada subestima el esfuerzo chino al excluir mecanismos de financiamiento estatal.
Al mismo tiempo, Stanford describe una competencia mucho más estrecha en el desempeño de modelos estadounidenses y chinos. Sus resultados muestran que el liderazgo depende de la dimensión observada: Estados Unidos conserva ventajas en inversión y producción de modelos destacados, mientras China sobresale en otros indicadores científicos e industriales.
La implicación estratégica es clara, aunque todavía constituye un escenario: si los obstáculos a la infraestructura se vuelven persistentes, pueden limitar la expansión de capacidad y afectar la posición competitiva estadounidense. Pero concluir que cualquier regulación entrega una ventaja automática a China omite diferencias decisivas entre mejorar las condiciones de un proyecto, retrasarlo y prohibirlo.
Europa enfrenta una tensión semejante desde otra posición competitiva. La responsable tecnológica de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, dijo a Reuters que la región necesita más centros de datos y capacidad propia de IA, al tiempo que debe proteger a los ciudadanos frente a impactos sobre la energía y el ambiente.
La disputa deja así una tarea exigente para gobiernos y empresas: convertir la ambición tecnológica en proyectos que las redes puedan abastecer y las comunidades estén dispuestas a aceptar. La capacidad de resolver esas condiciones también puede convertirse en una ventaja en la competencia por la IA.
Con información de Reuters, Associated Press, NOS, Stanford HAI, la Agencia Internacional de la Energía y la convocatoria de Stop Dirty Data Centres.