Por: Revistaeyn.com-Agencias
El mercado del petróleo está empezando a contar una historia que la diplomacia todavía no firma: la de un posible acuerdo forzado con Irán.
Este viernes, el Brent cayó un 10% hasta los US$90 por barril, profundizando un retroceso que había comenzado horas antes y que contrasta con la suba del 4,7% registrada en la jornada previa, cuando el precio volvió a rozar los US$100 ante la incertidumbre sobre las negociaciones. El WTI acompañó la tendencia, con una baja cercana al 3,8%, hasta los US$91.
Detrás de ese movimiento hay una señal clave: los inversores comienzan a descontar que el conflicto entre Estados Unidos e Irán podría encaminarse hacia una resolución negociada. Pero no desde la simetría, sino desde la presión.
La señal más contundente de las últimas horas fue que Irán ha anunciado la reapertura del estrecho de Ormuz como parte de las negociaciones en marcha con Estados Unidos, según anunció el ministro iraní de Asuntos Exteriores.
“Los mercados ya están descontando el mantenimiento del alto el fuego y la reapertura del estrecho de Ormuz”, afirmó Xavier Chapard, estratega de LBP AM, citado por el medio especializado CincoDías.
El experto comentó que la renta variable mundial, con los índices estadounidenses a la cabeza, ha logrado regresar a los niveles previos al inicio de los ataques, mientras la volatilidad se mueve en torno a los 18 puntos, niveles similares a los registrados a finales de febrero.
“Los mercados se encaminan hacia la última sesión de la semana situándose en niveles técnicos y psicológicos clave, con una convicción que sigue siendo escasa, ya que los operadores esperan señales más claras procedentes de Oriente Próximo”, escribió Nick Twidale, analista jefe de mercados de AT Global Markets.
El factor Ormuz: más que un bloqueo, una pinza económica
La decisión de Washington de bloquear —o desviar— buques vinculados a Irán no sólo afectó el comercio global: impactó directamente en el corazón del modelo económico iraní.
Por Ormuz transita cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo, pero el flujo estaba reducido a mínimos: de más de 130 embarcaciones diarias en tiempos normales a apenas un puñado.
Estados Unidos endureció esta semana su estrategia al bloquear buques con origen o destino en puertos iraníes, aunque en las últimas horas matizó la medida al aclarar que solo desviará embarcaciones vinculadas a Irán. Incluso así, el efecto es contundente: el comercio energético iraní está prácticamente estrangulado.
Un dato puntual refleja el clima: este viernes se conoció el cruce de un petrolero con bandera de Hong Kong, uno de los pocos movimientos registrados en una ruta que sigue bajo tensión extrema.
Si Irán no puede exportar, el problema no es solo de ingresos, sino de acumulación. El crudo que no sale se acumula. Así, la capacidad de almacenamiento se tensiona, y el sistema productivo entra en una zona crítica. Si Irán tuviese que entrar a un ciclo de interrupción prolongada de extracción, eso podría dañar seriamente su infraestructura, la presión de los reservorios y la eficiencia futura, con costos súper millonarios para restablecer la producción.
En otras palabras: el bloqueo estadounidense lo que logró es empujar al sistema petrolero iraní, no a un apagón permanente, pero sí al borde de un golpe estructural.
Presión efectiva: Irán, más cerca de negociar
Aunque esta línea de acción sobre la zona caliente de Ormuz aún no tiene una trayectoria predecible, ya comenzó a generar opciones diplomáticas más claras.
Donald Trump afirmó en las últimas horas que la guerra con Irán “debería terminar pronto” y que las partes están “muy cerca” de un acuerdo, en un contexto en el que el alto el fuego vigente de dos semanas podría incluso no necesitar extensión.
Del lado iraní, aunque persisten diferencias técnicas —especialmente sobre el programa nuclear y el destino del uranio enriquecido—, fuentes diplomáticas coinciden en que hay avances en la llamada “diplomacia trasera”. Incluso se menciona la posibilidad de un memorando de entendimiento en el corto plazo, seguido de un acuerdo más amplio en unos 60 días.
Pero el dato más relevante no está en las declaraciones, sino en la posición negociadora: Irán ya no pide una tregua parcial, sino el fin completo de la guerra en toda la región, incluyendo Líbano y el mar Rojo. Es una señal clara de presión interna y externa.
La caída del crudo, en este contexto, funciona como un indicador adelantado. El mercado está descontando tres movimientos simultáneos:
-Probabilidad creciente de acuerdo EE.UU.–Irán.
-Reapertura progresiva de Ormuz
-Normalización parcial del flujo energético global
A esto se suma un factor macro: el Fondo Monetario Internacional ya advirtió que una prolongación del conflicto podría empujar a la economía global hacia una recesión, lo que refuerza los incentivos para cerrar un acuerdo.
El otro frente que debilita la posibilidad de un acuerdo duradero
Sin embargo, la geopolítica no se agota en el eje Washington-Teherán.
El alto el fuego de diez días entre Israel y Líbano —anunciado también por Donald Trump— nació con fragilidad. A pocas horas de su entrada en vigor, el Ejército libanés denunció ataques y violaciones del acuerdo por parte de Israel.
El problema es estructural: el gobierno libanés no controla completamente a Hezbollah. Israel actúa con autonomía estratégica. Y los acuerdos no incluyen a todos los actores armados. El resultado es un escenario de tregua formal, pero conflicto latente. Ahí es donde el mercado podría estar simplificando el tablero.
El escenario más probable hoy no es el de una paz integral, sino el de una descompresión selectiva:
→ Acuerdo EE.UU.–Irán.
→ Alivio inmediato en precios del petróleo.
→ Reapertura parcial de Ormuz.
→ Mayor oferta global de petróleo.
→Persistencia de focos de conflicto (Líbano, Israel), con persistencia de riesgo estructural.
En este marco, que el petróleo se mantenga por debajo de los US$100 es, en sí mismo, una toma de posición: el mercado cree más en la eficacia de la presión económica que en la estabilidad política.
La caída de precios no refleja estrictamente un panorama de calma, sino algo más sofisticado: la percepción de que el bloqueo en Ormuz está funcionando como una herramienta de presión efectiva sobre Irán.
Pero también deja una advertencia a tomar en cuenta: el acuerdo que el mercado descuenta podría no ser el que garantice estabilidad. Porque en Medio Oriente, la paz rara vez es un evento único. Suele ser, más bien, una secuencia incompleta.