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¿Quieren realmente acabar con la guerra en Ucrania? Cinco preguntas que explican el juego

Rusia, Ucrania, Estados Unidos y los gobiernos europeos expresan su voluntad de alcanzar la paz, pero difieren sobre sus condiciones. Las concesiones territoriales, las garantías de seguridad y los compromisos para hacer cumplir un acuerdo permiten evaluar cuánto hay detrás de cada declaración.

2026-10-22

Por: Norma Lezcano - Revistaeyn.com

La diplomacia vuelve a moverse alrededor de Ucrania mientras los ataques continúan. Vladímir Putin manifiesta disposición a negociar; Volodímir Zelenski acepta discutir un alto el fuego que congele las posiciones militares; Donald Trump sostiene que una solución está cerca.

Sin embargo, las señales de apertura todavía no se han traducido en un acuerdo para detener los combates.

La aparente contradicción tiene una explicación: querer terminar una guerra no significa aceptar las mismas condiciones para hacerlo. Una tregua suspende las hostilidades; un acuerdo de paz debe resolver —o establecer cómo abordar— cuestiones territoriales, políticas y de seguridad que pueden permanecer abiertas durante años.

También importa recordar el origen de esta fase del conflicto: Rusia lanzó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022.

Examinar los intereses de todos los participantes permite comprender la negociación sin equiparar las responsabilidades de quien invade y quien se defiende.

Estas cinco preguntas ayudan a leer las propuestas y a identificar qué compromisos permitirían pasar de los anuncios a los hechos.

1. ¿Rusia está dispuesta a terminar la guerra o solo a cerrarla bajo sus condiciones?

Putin afirmó este 22 de octubre que está dispuesto a alcanzar un acuerdo con Ucrania. En la misma intervención sostuvo que el Ejército ruso cumplirá sus objetivos y reivindicó como históricamente rusos los territorios ucranianos que Moscú reclama.

La apertura al diálogo convive, por tanto, con la continuidad de sus exigencias.

El Kremlin también plantea que las conversaciones aborden la seguridad futura de Rusia y Ucrania dentro de una discusión más amplia sobre la arquitectura de seguridad europea. Este concepto comprende las reglas, alianzas y compromisos militares que organizan la relación entre los países del continente.

La cuestión decisiva es qué parte de esas demandas Moscú acepta negociar. Participar en conversaciones puede servir para explorar concesiones, pero también para ganar tiempo o intentar obtener por vía diplomática objetivos que siguen en disputa militarmente.

Con la información disponible, no puede darse por demostrado cuál de esas finalidades prevalece. La prueba de una voluntad de acuerdo será el contenido de las concesiones y los mecanismos que Rusia acepte para verificar su cumplimiento.

2. ¿Qué paz puede aceptar Ucrania sin quedar expuesta a otra invasión?

Zelenski manifestó el 21 de octubre que está dispuesto a un alto el fuego que congele las actuales líneas del frente. Al mismo tiempo, insistió en obtener garantías de seguridad de Estados Unidos y los aliados europeos, y reclamó que Ucrania participe en cualquier negociación sobre su futuro.

Aquí hay una distinción fundamental: detener los combates donde están las tropas no equivale, por sí mismo, a reconocer jurídicamente una cesión territorial. Un armisticio puede mantener sin resolver la soberanía sobre los territorios ocupados.

Para Kiev, el problema es qué ocurriría después. Una garantía de seguridad necesita precisar quién respondería ante un nuevo ataque, con qué recursos y bajo qué obligaciones. Una promesa política y un compromiso de defensa no ofrecen necesariamente la misma protección.

Desde esa perspectiva, aceptar una tregua y exigir garantías son posiciones compatibles: se puede buscar el fin inmediato de las muertes y, a la vez, considerar insuficiente una pausa que deje intacto el riesgo de otra ofensiva.

3. ¿Qué busca Estados Unidos con un acuerdo y qué está dispuesto a comprometer para conseguirlo?

Washington ocupa una posición central como interlocutor de ambos gobiernos. El enviado estadounidense Steve Witkoff se reunió con Putin, y el Kremlin expresó disposición, en principio, a retomar conversaciones trilaterales con Ucrania y Estados Unidos en noviembre.

La actuación estadounidense combina diplomacia e intereses económicos. Trump ha vinculado el acercamiento a Moscú con medidas sobre sanciones y suministro de diésel ruso, destinadas a aliviar los precios del combustible.

Esa combinación muestra que la relación bilateral abarca asuntos que exceden el frente ucraniano.

El punto a evaluar es cómo utiliza Washington sus instrumentos de presión. El alivio de sanciones puede funcionar como incentivo para obtener concesiones; también puede reducir la presión sobre Rusia si se concede sin contrapartidas. Del mismo modo, presionar a Ucrania puede acelerar una decisión, pero sin resolver la seguridad posterior.

La eficacia de la mediación dependerá tanto del pacto que consiga como de los compromisos estadounidenses para sostenerlo. Anunciar una salida y garantizar que resulte duradera son responsabilidades diferentes. Quedó demostrado que al presidente Donald Trump le gusta pregonar su liderazgo como "mediador" de conflictos globales, pero de la narrativa a los resultados concretos y sostenibles hay un largo trecho, por ahora no reconocido.

4. ¿Cuál Europa quiere poner fin a la guerra y bajo qué garantías para su propia seguridad?

Europa reúne gobiernos con prioridades y capacidades distintas. Tampoco son equivalentes la Unión Europea, la OTAN y los países europeos que participan en iniciativas de apoyo a Ucrania.

Existe, sin embargo, una posición institucional que puede examinarse. En su reunión del 15 y 16 de octubre, el Consejo Europeo respaldó una paz duradera acompañada de garantías sólidas para Ucrania, expresó disposición a contribuir a ellas en cooperación con Estados Unidos y pidió a Rusia aceptar un alto el fuego. También lamentó la decisión estadounidense de levantar temporalmente sanciones sobre el diésel ruso.

El desacuerdo con Washington muestra que los aliados pueden compartir el objetivo declarado de terminar la guerra, pero diferir sobre los medios para conseguirlo.

Entre esos aliados destaca, fuertemente, el diferencial que marca el Reino Unido. El gobierno británico ha declarado oficialmente a Rusia como una de las amenazas más agudas para la seguridad del país. Por otro lado, el Reino Unido es uno de los mayores proveedores de armamento, drones y misiles de largo alcance para Ucrania, lo que Moscú considera una participación directa y beligerante en el conflicto.

La prueba para los gobiernos europeos será precisar qué garantías ofrecen, cómo las financiarán y hasta dónde están dispuestos a asumir sus consecuencias. Su influencia sobre el acuerdo dependerá también de esa capacidad de ejecución.

5. ¿Quiénes pueden facilitar o bloquear la paz más allá de los gobiernos, y qué intereses defienden?

Las empresas tecnológicas, los proveedores militares y los actores financieros pueden tener intereses y capacidades relevantes.

Starlink ofrece un ejemplo. Zelenski denunció restricciones al servicio utilizado por Ucrania para su defensa; Trump negó el 16 de octubre que él o Elon Musk las hubieran ordenado. El 22, Reuters recogió una información de The Wall Street Journal, basada en funcionarios estadounidenses, según la cual Trump pidió a Musk levantar restricciones. La Casa Blanca y Musk no respondieron de inmediato a las consultas citadas en ese despacho.

El episodio muestra la importancia estratégica que un proveedor privado tiene en un conflicto tan complejo, y al mismo tiempo tan grave, como el que se dirime en Ucrania.

Pero, no se trata solo de la posible injerencia de proveedores privados. Muchos expertos también apuntan por estas horas, como posibles condicionantes de un fin para esta guerra, la carrera armamentística que reinició Alemania.

En efecto, Alemania vive un importante proceso de rearme (conocido como Zeitenwende) con inversiones multimillonarias destinadas a modernizar sus fuerzas armadas, impulsar la producción de tanques, artillería y sistemas de defensa, y consolidar proyectos conjuntos europeos como el futuro tanque principal de combate (MGCS) junto a Francia.

En este contexto de intereses tan intrincados: quién realmente quiere la paz en el continente europeo, asumiendo que Rusia y Ucrania son también partes integrantes del mismo, y están vinculados por historias, etnias, tradiciones y vínculos comerciales.

Probablemente, las respuestas a estos interrogantes aparecerán cuando cada actor precise qué está dispuesto a ceder, qué se compromete a garantizar y qué acepta hacer si el acuerdo se rompe.

En una era donde la diplomacia es transaccional y la confianza entre los líderes se quebró obtener interpretaciones consistentes resulta por demás arduo, y a la vez endeble y efímero.

Norma Lezcano
Norma Lezcano
Editora adjunta

Periodista especializada en economía y negocios. Consultora experta en Comunicación y Gestión del Cambio en Entornos Digitales. Lideró equipos en medios gráficos de Argentina y Centroamérica. Se desempeñó como investigadora para medios de México. A lo largo de su carrera, trabajó en La Voz del Interior y Perfil Córdoba (Argentina); Expansión, CNNExpansión y BizNews (México), entre otros. También ha sido docente universitaria en temas de Gestión de Contenidos Digitales. Su formación incluye becas y especializaciones en instituciones como el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Columbia y la Fundación Reuters.

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