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Wall Street celebra elecciones de EE.UU. y después se desploma: ¿por qué el giro?

Las bolsas estadounidenses celebraron inicialmente la victoria demócrata, pero el entusiasmo duró poco. Las acciones de fabricantes de chips y empresas vinculadas con inteligencia artificial encabezaron una fuerte caída, ante temores regulatorios, inversiones multimillonarias y dudas sobre el crecimiento futuro.

2026-11-05

Por: Revistaeyn.com

Wall Street pasó en apenas 24 horas de celebrar los resultados de las elecciones legislativas estadounidenses a registrar una fuerte corriente de ventas que golpeó especialmente a las empresas tecnológicas y a los fabricantes de semiconductores.

El miércoles 4 de noviembre, los principales índices bursátiles habían cerrado con avances significativos. El Dow Jones ganó un 3,03%, el S&P 500 avanzó un 1,58% y el Nasdaq, donde tienen un peso importante las compañías tecnológicas, subió un 1,44%.

Pero el jueves el escenario cambió. Durante la jornada, el Nasdaq llegó a registrar pérdidas cercanas al 5%, mientras el descenso de las acciones vinculadas con inteligencia artificial se extendía a otros sectores de la economía.

La reversión fue acompañada por un fuerte aumento del índice VIX, conocido como el termómetro del miedo de Wall Street, que alcanzó 28,09 puntos durante la sesión, su nivel más elevado en ocho meses.

¿Qué explica este cambio tan brusco? No existe una única respuesta. Los mercados están intentando procesar simultáneamente las consecuencias de un Congreso controlado por los demócratas, una posible modificación de las reglas para la inteligencia artificial, la trayectoria de los precios energéticos y las dudas sobre las inversiones tecnológicas.

1- ¿Por qué Wall Street celebró primero la victoria demócrata?

La primera reacción de los inversionistas estuvo asociada a la desaparición de una incertidumbre: el resultado de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.

Con el control demócrata de ambas cámaras del Congreso, el presidente Donald Trump enfrentará mayores obstáculos para aprobar iniciativas que requieran respaldo legislativo.

Desde la perspectiva de algunos analistas financieros, esa nueva distribución del poder podría moderar determinadas decisiones fiscales y regulatorias, además de obligar a mayores negociaciones entre el Ejecutivo y el Congreso.

Este escenario, conocido en los mercados como "gobierno dividido", puede ser interpretado favorablemente cuando los inversionistas consideran que reduce la posibilidad de cambios bruscos en la política económica. No significa, sin embargo, que garantice estabilidad o crecimiento bursátil.

Otro factor contribuyó al entusiasmo inicial fue la caída de los precios del petróleo. El crudo Brent llegó a retroceder casi un 10% el miércoles, hasta situarse por debajo de US$100 por barril, impulsado por las expectativas de que el resultado electoral aumentara la presión política para buscar una salida a la guerra con Irán.

Un petróleo más barato puede aliviar las presiones inflacionarias, reducir costos de producción y transporte y mejorar las expectativas sobre las tasas de interés estadounidenses. Esa combinación de menor incertidumbre electoral y alivio energético ayudó a explicar el repunte bursátil inicial.

2- ¿Qué pasó con las tecnológicas y por qué la IA concentra las pérdidas?

El cambio más pronunciado se produjo en las empresas relacionadas con inteligencia artificial, especialmente aquellas que fabrican semiconductores o proporcionan infraestructura para centros de datos.

El índice de semiconductores de Filadelfia, que agrupa a importantes fabricantes de chips, llegó a perder más del 7% durante la sesión del jueves. Entre las compañías afectadas se encontraban Nvidia, AMD, Intel y Marvell Technology.

Qualcomm también registró fuertes pérdidas, cercanas al 9%, después de presentar previsiones de ventas de chips para teléfonos inteligentes inferiores a las expectativas de Wall Street. En este caso, la presión no provino solamente de la política, sino también de resultados empresariales concretos.

Durante los últimos años, los inversionistas han apostado a que la expansión de esta tecnología generará una demanda extraordinaria de procesadores, servidores, instalaciones especializadas, energía y redes de transmisión de datos.

Esa expectativa elevó las valoraciones bursátiles de muchas compañías, porque el mercado comenzó a incorporar en el precio actual de sus acciones una parte importante de los beneficios que espera recibir en el futuro. El problema aparece cuando esas previsiones dejan de parecer tan seguras.

Si construir centros de datos resulta más costoso, si los proyectos se retrasan o si la demanda crece menos de lo previsto, las ganancias futuras podrían ser inferiores a las que justificaron esas elevadas valoraciones.

La caída de las tecnológicas no significa que la inteligencia artificial haya dejado de crecer. Significa que los inversionistas están reevaluando cuánto costará ese crecimiento y cuánto dinero podrá generar.

3- El nuevo riesgo para la IA: ¿podrán construirse todos los centros de datos previstos?

La victoria demócrata introdujo una preocupación específica para el sector tecnológico: posibles restricciones a la construcción y expansión de centros de datos.

Estas instalaciones son esenciales para desarrollar y operar sistemas de inteligencia artificial, pero requieren grandes cantidades de electricidad, agua, infraestructura y capital.

En Estados Unidos, varias comunidades han comenzado a cuestionar los impactos de los nuevos proyectos sobre las redes eléctricas, los recursos hídricos y las tarifas de energía. El resultado de las elecciones reforzó esa discusión.

En Texas, la gobernadora electa Gina Hinojosa propuso suspender temporalmente nuevas autorizaciones para centros de datos hasta establecer controles más estrictos sobre su consumo de electricidad y agua. Texas es especialmente importante porque concentra aproximadamente un 30% de la capacidad estadounidense que se esperaba incorporar en 2028, de acuerdo con estimaciones citadas por Bloomberg Línea.

Los analistas de UBS advirtieron, por su parte, que las pausas regulatorias podrían afectar cerca del 30% de las ampliaciones de capacidad previstas para ese año.

4- ¿Qué significa que el índice del miedo de Wall Street se haya disparado?

Uno de los datos más llamativos de la jornada fue el comportamiento del VIX, un indicador que mide la volatilidad esperada del mercado estadounidense a partir de los precios de las opciones sobre el S&P 500.

El índice subió hasta 28,09 puntos, un aumento intradiario de aproximadamente 11,5 puntos, su mayor salto desde las turbulencias que siguieron a los anuncios arancelarios de Trump en abril de 2025.

En términos sencillos, cuando sube el VIX significa que los inversionistas están pagando más por instrumentos que permiten proteger sus carteras frente a movimientos bruscos del mercado.

No predice necesariamente un desplome, pero refleja un incremento de la incertidumbre y de la demanda de protección.

Reuters recoge una explicación adicional: parte de las ventas podría estar relacionada con estrategias automatizadas de inversión que reducen su exposición a las acciones cuando aumenta la volatilidad.

Esto puede generar un efecto de retroalimentación: las acciones caen, aumenta la volatilidad, algunos fondos venden para reducir riesgos y esas ventas intensifican la presión sobre los precios.

Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers, planteó que una de las grandes incógnitas consiste en determinar si el cambio de percepción sobre las inversiones en IA será duradero o si responde principalmente a ajustes de posiciones después del fuerte repunte bursátil del miércoles.

5- ¿Qué expectativas quedan para el resto de la economía y los mercados?

La volatilidad tecnológica no significa que todos los factores económicos se hayan deteriorado simultáneamente.

La caída inicial del petróleo abrió expectativas de alivio para empresas consumidoras de energía y para sectores vinculados con transporte, logística y manufactura.

También influyó sobre el mercado de bonos estadounidenses, cuyos rendimientos habían descendido durante la jornada posterior a las elecciones.

Cuando los inversionistas compran bonos del Tesoro y sus rendimientos bajan, pueden mejorar algunas condiciones de financiamiento, aunque la transmisión a los créditos empresariales y a las tasas pagadas por los consumidores no es automática.

Al mismo tiempo, la perspectiva de un Congreso dividido plantea interrogantes sobre la futura política fiscal, el nivel de gasto público, la deuda y las negociaciones presupuestarias.

Las empresas deberán evaluar un escenario en el que Trump conserva atribuciones ejecutivas relevantes, pero enfrenta mayores restricciones para introducir cambios legislativos.

La trayectoria de la guerra con Irán sigue siendo otra variable decisiva. Una reducción sostenida del riesgo energético podría aliviar la inflación mundial; una nueva escalada, en cambio, volvería a presionar los precios del petróleo y las expectativas económicas.

Para los próximos meses, la atención del mercado se concentrará especialmente en tres cuestiones: la evolución de las inversiones en infraestructura de IA, las decisiones políticas sobre centros de datos y la capacidad de la economía estadounidense para sostener su crecimiento en un contexto de mayor incertidumbre política.

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