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ANÁLISIS/ Irán habla de la "hora cero": ¿qué tan cerca está una nueva escalada?

Las advertencias de Irán sobre una inminente "hora cero" y la ampliación de los ataques estadounidenses reflejan un cambio de fase en el conflicto. Aunque ninguno de los dos gobiernos parece buscar una guerra abierta de gran escala, las operaciones sobre infraestructura crítica y el creciente riesgo para el estrecho de Ormuz elevan la posibilidad de una escalada con impacto directo sobre el comercio mundial y los mercados energéticos.

2026-07-17

Por: Revistaeyn.com

¿Qué está pasando en Medio Oriente? Tras el fracaso del alto el fuego alcanzado semanas atrás, Estados Unidos e Irán han vuelto a intercambiar ataques, pero esta vez con un cambio importante: ambos comenzaron a ampliar la lista de objetivos más allá de instalaciones estrictamente militares.

Estados Unidos confirmó ataques contra infraestructura logística y puentes en el sur de Irán, mientras que Teherán respondió con operaciones dirigidas contra instalaciones energéticas y bases vinculadas a la presencia militar estadounidense en varios países del Golfo, incluidos Kuwait, Qatar y Bahréin.

Paralelamente, el conflicto también se trasladó nuevamente al mar. Estados Unidos reforzó el bloqueo sobre puertos iraníes y realizó operaciones contra embarcaciones en las cercanías del estrecho de Ormuz, mientras Irán reiteró que mantiene el control sobre esa vía marítima y amenazó con impedir la salida de petróleo y gas de la región.

¿Qué significa la "hora cero"? La Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió este viernes de que se acerca la "hora cero" para una posible operación contra las unidades navales del Comando Central de Estados Unidos (Centcom) desplegadas en las aguas de la región

La expresión utilizada por la Guardia Revolucionaria iraní debe interpretarse principalmente como una advertencia política y militar.

Al afirmar que "se acerca la hora cero", Teherán busca comunicar que considera inminente una respuesta de mayor intensidad contra activos estadounidenses si continúan los ataques sobre territorio iraní. No implica necesariamente que exista una fecha definida para una ofensiva, sino que forma parte de la estrategia de presión destinada a disuadir a Washington de ampliar aún más sus operaciones militares.

Los analistas coinciden en que Irán mantiene deliberadamente un margen de ambigüedad sobre el momento y la magnitud de una eventual respuesta para aumentar el efecto disuasorio de sus amenazas. Diversos centros de análisis de seguridad internacionales han señalado que esta comunicación estratégica forma parte del patrón habitual de la Guardia Revolucionaria, que combina presión militar, mensajes públicos y acciones limitadas para elevar el costo de las decisiones estadounidenses.

La infraestructura se convierte en el nuevo campo de batalla. Quizá el cambio más importante de los últimos días no sea el número de ataques, sino el tipo de objetivos.

Hasta hace pocas semanas, las operaciones se concentraban principalmente en instalaciones militares, bases y capacidades defensivas. Ahora comienzan a aparecer ataques contra puentes, estaciones ferroviarias, plantas eléctricas, instalaciones de desalinización y otra infraestructura considerada crítica para el funcionamiento económico de los países involucrados.

El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación precisamente por esa evolución, al advertir sobre el incremento de los ataques contra infraestructura civil en Irán y en otros países de la región.

Este cambio aumenta significativamente el riesgo de una espiral de represalias, ya que afecta servicios esenciales y puede tener consecuencias económicas mucho más amplias.

El estrecho de Ormuz vuelve al centro de la crisis. El mayor foco de preocupación internacional continúa siendo el estrecho de Ormuz.

Por esa angosta vía marítima transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa diariamente en el mundo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado.

Irán volvió a insistir en que puede impedir el tránsito marítimo mientras Estados Unidos mantiene el bloqueo sobre sus puertos.

Aunque un cierre prolongado sigue siendo considerado poco probable —porque también afectaría las propias exportaciones iraníes y provocaría una respuesta militar internacional—, incluso interrupciones parciales ya generan presión sobre los mercados energéticos.

La reacción fue inmediata: el petróleo Brent volvió a subir y acumula varias semanas consecutivas de ganancias ante el temor de restricciones en la oferta mundial. De hecho, este viernes, la entrega en septiembre subió casi el 1 %, por encima de los US$85 dólares.

¿Estamos cerca de una guerra regional? Por ahora, la mayoría de los especialistas considera que ambas partes siguen intentando controlar el nivel de la confrontación.

Estados Unidos busca aumentar la presión militar sin comprometer una invasión terrestre de gran escala, mientras que Irán intenta elevar el costo político y económico de las operaciones estadounidenses sin desencadenar una guerra convencional que difícilmente podría sostener. Sin embargo, el margen para evitar un conflicto mayor se ha reducido.

Cada nuevo ataque sobre infraestructura crítica incrementa el riesgo de errores de cálculo, especialmente cuando participan otros actores regionales como los hutíes en Yemen o cuando las operaciones alcanzan instalaciones estratégicas en países aliados de Washington.

¿Qué puede ocurrir ahora? En el corto plazo, los escenarios que observan los analistas internacionales incluyen:

* Continuidad de ataques limitados, con represalias controladas entre ambos países. Mayor presión sobre las rutas marítimas, especialmente en Ormuz y eventualmente en Bab el-Mandeb, dos de los principales corredores energéticos del mundo.

* Ataques contra infraestructura estratégica, tanto logística como energética, buscando afectar la capacidad económica del adversario sin llegar a una guerra convencional.

* Un eventual retorno a negociaciones, si el costo económico comienza a aumentar para todas las partes involucradas.

Por ahora, el conflicto parece haber entrado en una etapa de presión máxima, donde las amenazas forman parte de la estrategia militar de ambos gobiernos. La incógnita ya no es únicamente si habrá nuevos ataques, sino si alguno de ellos cruzará el umbral que convierta una confrontación limitada en una guerra regional de consecuencias mucho más amplias.

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