Por: Revistaeyn.com
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas someterá este viernes 18 de septiembre a una nueva prueba la carrera para suceder a António Guterres, en una votación marcada por la falta de consenso entre Estados Unidos y China y por la posibilidad histórica de que una mujer llegue por primera vez a la Secretaría General de la ONU.
La reunión, prevista para las 10:00 de Nueva York, será la tercera votación informal —conocida en la jerga diplomática como "straw poll"— entre los 15 integrantes del Consejo. No constituye todavía la elección definitiva: cada miembro podrá indicar si “alienta”, “desalienta” o no expresa opinión sobre cada candidatura.
El ejercicio servirá para medir apoyos y resistencias antes de que el organismo formule una recomendación formal a la Asamblea General.
Dos mujeres llegan al nuevo sondeo al frente de la competencia. La embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, encabezó la segunda ronda, celebrada el 21 de agosto, con ocho votos de aliento, tres de desaliento y cuatro sin opinión.
Detrás se ubicó la costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo —antes UNCTAD—, con siete apoyos, cuatro votos en contra y cuatro sin opinión.
El resultado revirtió el orden de la primera consulta, cuando Grynspan obtuvo diez respaldos y Rodrigues-Birkett nueve. La variación muestra que la carrera continúa abierta y que ningún aspirante ha reunido todavía el consenso necesario para superar el filtro más difícil: la voluntad de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
El argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, ocupa el tercer lugar entre los nombres mejor posicionados. En la segunda ronda consiguió siete votos favorables, aunque también acumuló seis rechazos. Su candidatura cuenta con el respaldo de la Administración de Donald Trump.
La preferencia de Washington por Grossi contrasta con las señales emitidas por China. En la última cumbre de los BRICS, el bloque recordó que ninguna mujer ha dirigido Naciones Unidas y que América Latina y el Caribe solo han aportado un secretario general en ocho décadas.
Esa declaración fue interpretada como una inclinación de Beijing —y también de Moscú— hacia una candidata, aunque no equivale a un compromiso formal con un nombre concreto.
El pulso entre Donald Trump y Xi Jinping introduce así en la sucesión de Guterres las mismas tensiones que condicionan hoy al sistema multilateral: la guerra comercial, los conflictos en Ucrania y Medio Oriente, la disputa tecnológica, la regulación de la inteligencia artificial y la crisis de legitimidad y financiamiento de la propia ONU.
Una candidatura centroamericana
Para Centroamérica, la atención está puesta en Grynspan. Economista y exvicepresidenta de Costa Rica entre 1994 y 1998, dirige desde 2021 la UNCTAD y acumula una extensa trayectoria en organismos multilaterales.
Durante los primeros años de la guerra en Ucrania participó en las gestiones internacionales para facilitar las exportaciones de granos y fertilizantes rusos y ucranianos, una experiencia que reforzó su perfil negociador.
Su eventual designación tendría una doble dimensión histórica: convertiría a una costarricense en la primera persona de Centroamérica en ocupar el máximo cargo de Naciones Unidas y rompería el techo de cristal de una institución que, desde su fundación en 1945, ha tenido nueve secretarios generales, todos hombres.
Sin embargo, Grynspan no es la única mujer en competencia. De los ocho candidatos vigentes, cinco son mujeres: además de ella y Rodrigues-Birkett, participan la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, la también ecuatoriana Ivonne A-Baki y la expresidenta chilena Michelle Bachelet.
Completan la lista Grossi, el expresidente senegalés Macky Sall y el diplomático ugandés Olara Otunnu.
Bachelet llega debilitada después de quedar rezagada en las rondas anteriores, mientras Espinosa y A-Baki tampoco han logrado, hasta ahora, acercarse al grupo de punta. La concentración de apoyos en Rodrigues-Birkett y Grynspan convierte a ambas en las principales opciones para una elección que podría ser histórica tanto por género como por procedencia regional.
El peso de los vetos
Para ser recomendado, un candidato necesita al menos nueve votos en el Consejo de Seguridad y no recibir el veto de ninguno de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.
Los otros diez integrantes actuales son Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia, Baréin, Colombia, República Democrática del Congo, Letonia y Liberia.
Las consultas iniciales son secretas y no identifican públicamente el origen de cada voto. En una etapa posterior, el procedimiento permite distinguir las papeletas de los miembros permanentes, un momento clave para saber si un rechazo constituye una objeción negociable o un veto capaz de bloquear la candidatura.
Una vez que el Consejo alcance un acuerdo, elevará un solo nombre a la Asamblea General, que formalizará el nombramiento. La persona elegida asumirá el 1 de enero de 2027 por un período de cinco años, renovable. Guterres concluirá su segundo mandato el próximo 31 de diciembre.
La votación de este viernes difícilmente cierre por sí sola la sucesión. Sí puede revelar si las dos candidatas que lideran la carrera consolidan su ventaja o si la confrontación entre las grandes potencias prolonga el bloqueo.
En una ONU debilitada precisamente por esas divisiones, la forma en que se elija a su próximo liderazgo será también una primera medida de la autoridad con la que podrá ejercerlo.
Con información de: Naciones Unidas, DW, Emol, AP e IISD SDG Knowledge Hub.