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El dinero ya se mueve en tiempo real, ¿la banca centroamericana puede seguirle el ritmo?

La expansión de los pagos digitales y la interoperabilidad están cambiando las expectativas de los usuarios en Centroamérica, mientras las instituciones financieras enfrentan el reto de modernizar sistemas construidos para un escenario muy distinto.

2026-09-14

Por: Revistaeyn.com

El dinero ya se mueve fuera de los horarios bancarios. En Centroamérica, las transferencias digitales, las billeteras electrónicas, los pagos de servicios y las remesas están impulsando nuevas formas de mover dinero y, al mismo tiempo, los usuarios esperan transacciones cada vez más rápidas, sencillas y disponibles las 24 horas.

El reto ahora es saber si la infraestructura que sostiene al sistema financiero puede escalar a la misma velocidad.

Esta transformación puede dimensionarse también desde el volumen de operaciones que ya procesa la región. Y es que CLAI Payments procesó aproximadamente 325 millones de transacciones en Centroamérica durante el primer semestre de 2026, reflejando la complejidad de los ecosistemas transaccionales que actualmente requieren operar de manera continua.

Los hábitos de los consumidores también muestran esta evolución.

Un estudio de Mastercard y Payments and Commerce Market Intelligence (PCMI), publicado en abril de 2026, estima que el uso de pagos sin contacto alcanza el 83% en Centroamérica.

Este cambio está modificando la relación entre los usuarios y las instituciones financieras. La experiencia bancaria comienza a compararse no sólo con la de otros bancos, sino con la de cualquier servicio digital que utilizan día a día.

Para el cliente, la expectativa es sencilla, que una transferencia funcione, que un pago se procese rápidamente y que la experiencia sea segura, independientemente de la complejidad tecnológica que exista detrás.

“Las instituciones financieras ya no pueden pensar en la modernización como un proyecto a futuro. Necesitan contar con una infraestructura que les permita incorporar nuevos medios de pago, canales y modelos de negocio con rapidez, sin poner en riesgo la estabilidad de sus operaciones. La clave no es reemplazar lo que funciona, sino construir sobre elo para estar preparados para lo que viene”, señala Albeiro Cortés, CEO de CLAI Payments.

Modernizar sin detener lo que ya funciona

El reto es que esa experiencia ocurre sobre infraestructuras que, en muchos casos, fueron diseñadas para una realidad diferente.

Buena parte de los sistemas centrales de las instituciones financieras fueron construidos para administrar productos, cuentas y registros contables, en un contexto donde los pagos evolucionaban de manera mucho más gradual.

Hoy las instituciones necesitan incorporar nuevos canales, redes de pago, fintechs, billeteras, APIs y modelos transaccionales sin poner en riesgo las operaciones que ya procesan millones de transacciones.

El problema entonces no necesariamente está en que los sistemas existentes sean antiguos; en muchos casos, son sistemas estables que continúan cumpliendo correctamente su función. El reto aparece cuando se les exige asumir responsabilidades para las que originalmente no fueron diseñados.

Por eso, modernizar no necesariamente significa reemplazar. Una alternativa es desacoplar determinadas capacidades y construir capas de integración que permitan incorporar nuevas formas de pago sin alterar aquello que debe permanecer estable.

“Desacoplar no significa reemplazar. Significa permitir que cada parte de la arquitectura haga aquello para lo que está mejor preparada. El core puede continuar haciendo lo que ha hecho durante años, mientras nuevas capas permiten responder con mayor rapidez a las necesidades del mercado”, explica Cortés.

Para Centroamérica, esta capacidad de evolucionar puede ser muy importante. Los mercados de la región tienen diferentes niveles de madurez digital y distintas infraestructuras, pero enfrentan una presión común: responder a usuarios que ya esperan experiencias financieras parecidas a las que encuentran en mercados más avanzados.

La resiliencia también empieza a tener un significado diferente. Durante años estuvo asociada principalmente con la capacidad de mantener las operaciones ante una interrupción. En un entorno de innovación permanente, una infraestructura resiliente también necesita poder incorporar cambios sin generar nuevos riesgos operativos.

La modernización tampoco debería comenzar necesariamente con una tecnología específica. Antes de decidir qué cambiar, las instituciones necesitan identificar qué experiencia quieren ofrecer al cliente, dónde existen fricciones y qué procesos están limitando su capacidad de competir.

A partir de ahí, la tecnología puede convertirse en un habilitador para reducir tiempos, facilitar la interoperabilidad, mejorar la experiencia del usuario y fortalecer la seguridad.

“El reto no es tener la arquitectura más nueva, sino contar con una arquitectura que permita evolucionar. La pregunta que deberían hacerse las instituciones no es solamente qué tecnología necesitan hoy, sino qué tan fácilmente podrán incorporar la siguiente”, afirma Cortés.

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