Por: Revistaeyn.com
La adjudicación del desarrollo de la red 5G del Instituto Costarricense de Electricidad a Ericsson marca un punto de inflexión en el mercado de telecomunicaciones de Costa Rica. No por el inicio del 5G —que ya está en marcha— sino por el ingreso formal del operador estatal a una competencia que comenzó sin él.
Mientras el ICE avanza ahora con un cronograma de despliegue de al menos 12 meses bajo su marca Kölbi, operadores privados ya han tomado posiciones. Claro y Liberty iniciaron despliegues desde 2025, con cobertura en zonas urbanas y una base creciente de usuarios.
El dato no es menor: el Estado entra tarde en términos de timing, pero con capacidad para alterar la dinámica competitiva.
Más que infraestructura: una apuesta por el modelo
El diferencial de la estrategia del ICE no está únicamente en la inversión —superior a los US$220 millones— sino en la arquitectura elegida.
La red se desarrollará bajo un modelo Open RAN Stand-Alone, una decisión que apunta a reducir la dependencia de un único proveedor y habilitar un ecosistema de múltiples actores tecnológicos. En paralelo, el consorcio liderado por Nokia participará en la provisión de equipos y conectividad.
Este enfoque no es menor en términos de industria. Open RAN es una de las principales tendencias globales en telecomunicaciones, impulsada por la necesidad de reducir costos estructurales; aumentar flexibilidad tecnológica y fortalecer la soberanía digital.
En ese sentido, Costa Rica se alinea con un cambio de paradigma que va más allá de la velocidad de conexión.
Competencia redefinida: del despliegue a la escala
Hasta ahora, la carrera por el 5G en el país estuvo liderada por el sector privado.
Claro avanzó con cobertura relevante en varias zonas del país, mientras Liberty consolidó una base de cientos de miles de usuarios y acuerdos de financiamiento para expandir infraestructura.
La entrada del ICE introduce un nuevo equilibrio. Por un lado, el operador estatal cuenta con infraestructura histórica, presencia nacional y capacidad de inversión.
Por otro, enfrenta el desafío de competir contra actores que ya recorrieron la curva inicial de despliegue y adopción.
El resultado es un mercado que pasa de una fase de expansión inicial a una etapa de competencia más estructurada, donde la escala y la calidad del servicio serán determinantes.
La adjudicación también confirma una tendencia: el 5G en Costa Rica no estará dominado por un solo actor o proveedor. El mapa que emerge es el de un ecosistema distribuido:
* Ericsson gana protagonismo con el ICE y presencia en privados.
* Nokia mantiene participación en infraestructura.
* Operadores privados continúan expandiendo cobertura.
Esta fragmentación puede traducirse en mayor competencia, pero también en mayor complejidad operativa y regulatoria.
Más allá de la infraestructura, el desafío de fondo sigue siendo la capacidad de traducir el 5G en desarrollo económico.
Costa Rica presenta una paradoja común en la región: altos niveles de inversión en telecomunicaciones conviven con brechas de acceso y desigualdad digital. En ese contexto, la masificación del 5G no garantiza por sí sola mejoras en productividad o inclusión.
El valor real del despliegue dependerá de la adopción empresarial, el desarrollo de servicios digitales y la integración con sectores productivos. Sin esas capas, la tecnología corre el riesgo de quedar subutilizada.
La apuesta del ICE debe leerse, en última instancia, como un movimiento de reposicionamiento estratégico. El operador estatal no lidera la primera ola del 5G, pero busca influir en su consolidación.
En ese proceso, no solo está en juego la competencia entre operadores, sino la definición del modelo de desarrollo digital del país. Porque en la nueva etapa del 5G, la pregunta ya no es quién llega primero, sino quién logra sostener escala, eficiencia y relevancia en el tiempo.