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Kidsfluence: la generación Alfa redefine quién decide qué se compra en América Latina

Hijos de millennials, nativos digitales y formados en entornos híbridos, los niños de la generación Alfa ya influyen en hasta la mitad de las decisiones de consumo del hogar. El fenómeno “kidsfluence” obliga a las marcas a repensar estrategia, canales y narrativa en una región que se vuelve laboratorio clave

2026-05-06

Por: Revistaeyn.com

Tradicionalmente, el marketing asumió una lógica que implicaba, simplemente, que los adultos compran y los niños influyen marginalmente.

Esa ecuación ya está en desuso. La llamada generación Alfa nacidos aproximadamente entre 2010 y 2025— no solo participa en el consumo, sino que lo codirige.

Estudios recientes muestran que estos niños influyen en cerca del 50% de las decisiones de gasto del hogar en América Latina, especialmente en categorías como tecnología, viajes y entretenimiento.

El concepto que define este cambio pone en escena a una nueva categoría de influencers: los "kidsfluence".

Ya no se trata del clásico “pester power” (insistencia infantil), sino de una influencia argumentada, informada y muchas veces decisiva. Como sintetiza el estudio de WiWO, el fenómeno transforma al niño en algo mucho más sofisticado: una suerte de “director de compras” dentro del hogar.

Primera generación 100% digital desde el nacimiento

Para entender el fenómeno, hay que entender a la generación. Los Alfa son:

Hijos de Millennials (padres más dialogantes y menos autoritarios)

• Nativos digitales absolutos (no conocieron un mundo sin pantallas)

• Socializados en entornos híbridos (físico + digital)

• Marcados por la pandemia en sus primeras etapas de desarrollo.

Su relación con la tecnología no es instrumental, sino estructural: aprenden, juegan, socializan y consumen en ecosistemas digitales integrados.

Esto tiene dos consecuencias clave para el mercado, porque estos nuevos influenciadores tienen acceso temprano a información y a comparación de productos; y por otro lado, tienen la capacidad de influir con argumentos, no solo con deseo.

Según los expertos que vienen estudiando esta tendencia, con la generación Alfa el consumo está migrando de la influencia a la “socialización inversa”. ¿De qué se trata esto?

Las marcas deben estar listas para conectar con la Generación Alfa, que llegan a una edad clave

En el pasado, los padres enseñaban a los hijos cómo consumir. Hoy ocurre también lo contrario: los niños —más expuestos a tecnología e información— educan a los adultos en decisiones de compra, especialmente en categorías digitales. ¿Un ejemplo concreto? Cuando un niño investiga especificaciones técnicas de un smartphone en YouTube, recomienda una opción y el adulto ejecuta la compra. A más de uno le habrá pasado esta situación en su entorno cercano.

El kidsfluence opera en tres niveles:

1) Descubrimiento: los niños detectan productos en plataformas, gaming o redes.

2) Validación: comparan, investigan, consumen reseñas y contenido.

3) Recomendación activa: sugieren opciones concretas a los padres, muchas veces con argumentos técnicos o de valor.

Esto explica por qué categorías tradicionalmente adultas ya están impactadas. Por caso, un 64% de decisiones de viajes son influenciadas por los hijos y un 61% de la compra de automóviles también depende de su opinión.

Factor cultural: crianza y negociación

El fenómeno no se explica solo por la tecnología. También responde a un cambio profundo en la crianza.

Al ser hijos de la generación Millenials, los Alfa se crían en entornos con mayor validación emocional, menos autoridad vertical, en donde las decisiones son más negociadas.

De hecho, tres de cada cuatro padres Millennials priorizan el diálogo y permiten que los hijos argumenten sus preferencias. Resultado: el niño no solo opina, participa en la decisión.

Desde el marketing, la gran pregunta es, entonces, ¿qué cambia para las marcas y cómo ellas deben y pueden aprovechar esta nueva tendencia?

Las empresas deben tomar en cuenta varios puntos. El primero y más importante es comprender que los Alfa pasan entre 4 y 6 horas diarias frente a las pantallas; consumen contenido, pero también lo crean y construyen identidad en plataformas digitales. Esto los convierte en consumidores, prescriptores y creadores. Todo al mismo tiempo.

En segundo lugar, las empresas deben tomar en cuenta que el impacto del kidsfluence es estructural.

Obliga a repensar al menos cuatro dimensiones:

1. El target ya no es uno, es dual. Las marcas deben hablarle simultáneamente a quien paga (adulto) y a quien influye (niño).

2. La experiencia debe ser “phygital”. Para esta generación no hay diferencia entre lo físico y lo digital. Producto, contenido y comunidad deben funcionar como un ecosistema integrado.

3. La confianza se diseña. Privacidad, seguridad y transparencia no son opcionales: son ventajas competitivas.

4. El contenido es el nuevo punto de venta. YouTube, gaming y plataformas sociales son hoy vitrinas, comparadores y canales de recomendación.

Latinoamérica es un laboratorio clave para aprovechar la "onda kidsfluence".

La región tiene condiciones únicas para acelerar el fenómeno: por la alta penetración de los celulares, el consumo intensivo de video y la existencia de familias con fuerte interacción intergeneracional.

Por eso, los estudios ya la consideran un laboratorio natural del kidsfluence, donde las dinámicas de influencia se vuelven más visibles y rápidas. Además, la proyección económica es contundente: el impacto de esta generación podría alcanzar los US$5,46 billones hacia 2029 .

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