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Caso Epstein: renuncia en Davos, declaran los Clinton y “archivos borrados” sobre Trump

El “efecto dominó” del expediente Epstein ya no golpea solo a políticos: alcanza a la cúpula del Foro Económico Mundial y alimenta una batalla feroz por la narrativa, con acusaciones cruzadas que anuncian un vórtice de desintegración impredecible de la élite global.

2026-02-26

Por revistaeyn.com

La historia del caso Epstein siempre tuvo una cualidad corrosiva: no avanza en línea recta, sino por revelaciones que caen como piezas de dominó sobre instituciones que se creían blindadas.

En las últimas horas, ese patrón escaló: Børge Brende, presidente y CEO del Foro Económico Mundial, renunció tras revelaciones sobre reuniones con Jeffrey Epstein. A su vez, el expresidente Bill Clinton y su esposa, la exsecretaria de Estado Hillary Rodham, declararán este jueves y viernes frente a un comité de la Cámara de Representantes como parte de la investigación del caso. Y, en ese marco, los demócratas denunciaron vacíos en archivos públicos que, según investigaciones periodísticas, incluirían material vinculado a acusaciones que mencionan al presidente Donald Trump.

Lo que emerge no es un solo “escándalo”, sino una crisis de confianza: un expediente judicial y político que se transforma en una lupa sobre cómo opera la élite global —y cómo se protege cuando la lupa se acerca demasiado.

Cae el presidente del Foro Económico Mundial

La señal más potente del día no llegó desde el Capitolio, sino desde el universo de Davos. Brende, ex canciller noruego y figura central del Foro Económico Mundial, anunció su salida para que la institución “continúe su importante labor sin distracciones”, luego de que documentos y reportes reavivaran la discusión sobre sus contactos con Epstein.

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El WEF confirmó que Alois Zwinggi asumirá como presidente y CEO interino, mientras el Consejo de Administración supervisa la transición. En la propia comunicación institucional, los copresidentes del board —André Hoffmann y Larry Fink— quedaron como garantes de un proceso que, inevitablemente, ahora se lee en clave reputacional.

Desde Florida, donde la palabra “Davos” suele sonar lejana, la renuncia tiene una lectura inmediata: Epstein ya no es solo un caso criminal que arrastra a ricos y famosos; es un ácido que perfora “marcas” institucionales globales. Y cuando cae una marca, el sistema entero tiembla: patrocinadores, redes de influencia, filantropía, lobby, política exterior, reputación corporativa.

Los Clinton bajo la lupa

En paralelo, el Congreso activó otra escena de alto voltaje simbólico: Hillary Clinton testifica hoy (a puerta cerrada, grabado) y Bill Clinton lo hará mañana, según el calendario del Comité de Supervisión.

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El punto de fricción es conocido: Bill Clinton admitió en el pasado haber volado en el avión privado de Epstein en varias ocasiones (sin acusaciones formales en su contra), mientras que Hillary Clinton sostiene que no conoció a Epstein y que sus cruces fueron con Ghislaine Maxwell en contextos públicos vinculados a eventos.

El efecto político es doble:

-Para los republicanos, la comparecencia sirve para exhibir “rendición” ante el comité y mantener a una familia demócrata icónica bajo reflector.

-Para los demócratas, el caso funciona como boomerang: el foco sobre los Clinton convive con nuevas denuncias de que el Gobierno estaría administrando selectivamente qué “Epstein files” llegan al público cuando aparece el nombre de Trump.

Es el mismo expediente, pero con dos películas distintas compitiendo por imponerse.

“Archivos faltantes” y una guerra por la transparencia

El tramo más explosivo del día vino del choque entre periodismo, Congreso y Ejecutivo.

Una investigación de NPR reportó vacíos en la base pública de documentos del caso: a partir de índices/numeración y referencias internas, habría material de entrevistas del FBI (2019) que no aparece disponible, pese a una norma de transparencia reciente.

El Departamento de Justicia, por su parte, dijo que está revisando si algún documento fue manejado o etiquetado de forma incorrecta, y negó irregularidades intencionales; AP y WSJ describieron la revisión oficial como respuesta directa a los reportes sobre omisiones.

En el Congreso, legisladores demócratas del Oversight elevaron el tono con acusaciones de encubrimiento y anunciaron una vía paralela de investigación.

Vórtice de una desintegración

El “Caso Epstein” opera como un vórtice:

1.Desinstitucionaliza: no daña a una persona, daña a la institución (WEF/Davos) que se presentaba como foro de “soluciones globales”.

2.Repolitiza todo: cada revelación se convierte en arma en el choque republicanos-demócratas (y viceversa).

3.Desordena la verdad pública: transparencia masiva + errores de redacción + documentos incompletos producen una tormenta perfecta para sospechas, teorías y operaciones.

4.Amplía el perímetro de caída: ya no es “quién estuvo”, sino “qué sistema lo permitió”, “qué redes lo normalizaron” y “quién controla hoy el relato”.

Y ahí está lo verdaderamente impredecible: cuando el archivo se vuelve arma, el “caso” deja de ser pasado; pasa a ser presente político y futuro institucional. La renuncia en Davos sugiere que la onda expansiva llegó al corazón del networking global. Los testimonios de los Clinton ponen al establishment demócrata bajo un foco histórico. Y la discusión sobre documentos faltantes abre un capítulo donde la palabra clave ya no es Epstein: es credibilidad.

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