Centroamérica & Mundo

Crisis energética global se agrava. AIE advierte: "ningún país quedará inmune"

La guerra en Oriente Medio ya no solo presiona al petróleo: amenaza rutas críticas, daña infraestructura, golpea al gas y reactiva el fantasma de inflación global. Los mercados oscilan al ritmo de los titulares y América Latina entra en una zona de impacto desigual.

2026-03-23

Por: revistaeyn.com-Agencias

La advertencia de la Agencia Internacional de Energía (AIE) es de las que el mundo no puede darse el lujo de relativizar. Su director ejecutivo, Fatih Birol, aseguró este lunes que la economía global enfrenta una amenaza “muy, muy grave” por la crisis energética desatada por la guerra en Oriente Medio y remarcó que “ningún país será inmune” si la escalada continúa.

Según agencias internacionales, la AIE analiza nuevas liberaciones de reservas estratégicas, después de haber usado ya 400 millones de barriles este mes para amortiguar el shock.

El punto de fondo es que esta crisis ya dejó de ser solo una historia de petróleo caro. Hoy combina varios factores explosivos al mismo tiempo: cierre del estrecho de Ormuz, daños sobre activos energéticos, caída de exportaciones de gas natural licuado, volatilidad extrema en los mercados y renovado temor a un rebrote inflacionario global.

Irán amenaza con cerrar Ormuz y castigar la zona tras ultimátum de Trump

Birol sostuvo que la magnitud del corte de suministro es más severa que la crisis de los años 70 y supera, en términos energéticos, el golpe que generó la invasión rusa de Ucrania.

Mayores vulnerabilidades

La vulnerabilidad más crítica sigue concentrada en el estrecho de Ormuz. Según Reuters, el cierre de esa vía ha sacado del mercado unos 11 millones de barriles diarios y afecta cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado.

Esa cifra explica por qué el conflicto dejó de ser regional: cuando Ormuz se bloquea, el shock se vuelve sistémico. La propia AIE considera que reabrir ese corredor es hoy la condición indispensable para empezar a estabilizar el mercado.

Los mercados, de hecho, ya están reflejando esa gravedad. El Brent llegó a superar los US$113 por barril y el WTI pasó los US$100, antes de retroceder con fuerza cuando Donald Trump habló de conversaciones con Irán y postergó durante cinco días los ataques contra infraestructura eléctrica iraní.

Esa caída posterior no disipó el problema: solo confirmó que el mercado energético opera en modo sobresalto, reaccionando menos a los fundamentos tradicionales y más a amenazas, treguas parciales y señales contradictorias de desescalada.

El gas agrega otra capa de fragilidad. Bloomberg reportó que las exportaciones globales de GNL cayeron a un mínimo de seis meses y que los precios europeos volvieron a oscilar con fuerza por el temor a interrupciones más prolongadas en Medio Oriente. Eso es particularmente sensible para Europa y Asia, que dependen más del gas importado y del flujo regular desde la región.

Cuando el gas se encarece o escasea, el impacto se traslada a la industria, la generación eléctrica, la petroquímica y, más temprano que tarde, al bolsillo de consumidores y empresas.

Infraestructura debilitada

La infraestructura energética dañada es otro frente que vuelve más seria esta crisis.

El Wall Street Journal informó que al menos 40 activos energéticos en nueve países han sufrido daños severos desde el inicio del conflicto.

El problema no es solo cuánto petróleo o gas falta hoy, sino cuánto tiempo puede llevar recomponer producción, refinación, transporte o licuefacción. Cuando una ruta se interrumpe, el mercado puede redirigir barcos; cuando una planta o un nodo de procesamiento queda dañado, el costo y el tiempo de reparación cambian por completo la escala del riesgo.

El frente macroeconómico también empieza a tensionarse. La suba de la energía vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de una inflación importada justo cuando varias economías todavía no terminan de normalizar precios ni tasas.

Trump dice que solo intervendrá estrecho de Ormuz si sus aliados lo piden

Los expertos en macroeconomía señalan que el salto del crudo ya reavivó el temor a nuevas presiones inflacionarias y a un golpe sobre el crecimiento global, especialmente en economías dependientes de importaciones energéticas. Para bancos centrales y gobiernos, este es el peor tipo de shock: castiga simultáneamente actividad, precios, cuentas externas y expectativas.

Impacto para América Latina

Para América Latina, el impacto será desigual, pero nadie quedará completamente al margen.

Los exportadores de crudo y gas pueden recibir un alivio transitorio por mejores precios internacionales. Pero incluso en esos casos hay riesgos: mayores costos logísticos, volatilidad financiera, presión sobre combustibles internos y deterioro del comercio global si la crisis escala hacia una desaceleración más profunda.

Para los importadores netos de energía, en cambio, la amenaza es más directa: inflación, tensión cambiaria, presión sobre subsidios y mayor vulnerabilidad fiscal.

Esta lectura surge de las dinámicas de mercado descritas por Reuters y de la advertencia general de la AIE de que ningún país será inmune.

Hay además un ángulo menos visible, pero muy relevante para la región: el de los insumos industriales y agropecuarios. Reuters y Bloomberg vienen mostrando que el conflicto ya golpea gas, refinación y transporte marítimo; eso puede trasladarse a fertilizantes, petroquímicos y costos de producción en cadenas sensibles.

Para América Latina, gran productor de alimentos pero también dependiente de insumos energéticos importados en varios mercados, la crisis puede sentirse por doble vía: más presión de costos y, al mismo tiempo, mayor exposición a la volatilidad global.

12 ejemplares al año por $75

SUSCRIBIRSE