Por: Revistaeyn.com
Para una empresa que depende de la refrigeración, las líneas automatizadas o los equipos digitales, una interrupción eléctrica puede comprometer inventarios, detener procesos y retrasar entregas. El impacto sobre el negocio depende tanto de la duración del corte como de su capacidad para responder y recuperar la operación.
Anticipar los problemas que pueden provocar esas interrupciones es una de las aplicaciones de la inteligencia artificial en el sector eléctrico. Mediante el análisis de información sobre el comportamiento de los equipos y las condiciones de operación, estas herramientas pueden ayudar a identificar anomalías y orientar intervenciones antes de que una falla se agrave.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) señala en su informe "Energy and AI", publicado en 2025, que la detección de fallas basada en IA puede identificar y localizar problemas en la red y reducir la duración de las interrupciones entre 30% y 50%. Es una referencia sobre el potencial de estas aplicaciones, cuyo resultado depende de las condiciones de cada sistema.
Para Centroamérica, la oportunidad está en utilizar mejor la información de la infraestructura eléctrica y convertirla en decisiones de mantenimiento y operación. El proceso requiere medición, conectividad, personal capacitado y capacidad para actuar ante las alertas.
De observar los equipos a anticipar problemas
Las subestaciones permiten transformar los niveles de tensión y conectar distintas partes del sistema eléctrico. Su modernización puede incorporar equipos de protección digitales, medición inteligente y sistemas de supervisión que ofrecen mayor visibilidad sobre lo que ocurre en la red.
Esa digitalización constituye la base para aplicaciones más avanzadas. Los sensores recopilan información; los sistemas de supervisión permiten observar las condiciones de funcionamiento; y la analítica, incluida la IA, puede ayudar a reconocer patrones y elaborar pronósticos.
Según explica Schneider Electric en un documento técnico sobre subestaciones y eficiencia energética, el análisis puede abarcar datos de transformadores, interruptores y otros activos críticos. Variaciones de temperatura, vibraciones o comportamientos eléctricos inusuales pueden aportar señales que ameriten una revisión técnica.
La utilidad consiste en transformar esas señales en una intervención oportuna. Identificar un comportamiento anómalo puede ayudar a priorizar inspecciones y programar trabajos según la condición del equipo, complementando el mantenimiento establecido por calendario.
También es importante distinguir dos funciones: anticipar un deterioro antes de la avería y localizar rápidamente una falla que ya ocurrió. Ambas pueden contribuir a la continuidad del servicio, mediante decisiones y respuestas diferentes.
La continuidad tiene valor empresarial
El interés económico de estas aplicaciones se extiende a los operadores de redes y a las empresas que dependen del suministro.
Para una distribuidora o transmisora, una mejor planificación puede reducir intervenciones de emergencia y organizar el trabajo de sus equipos. Para una industria, una mayor continuidad puede ayudar a limitar paros y pérdidas asociadas a incidencias eléctricas.
Lady Campos, gerente de Nuevos Negocios para Centroamérica de Schneider Electric, sostiene que la gestión predictiva tiene implicaciones financieras por su capacidad para ordenar el mantenimiento y reducir gastos imprevistos.
“Al optimizar las rutas de las cuadrillas de mantenimiento, evitar la compra de repuestos de emergencia a última hora y reducir drásticamente el tiempo de inactividad de las redes, las empresas distribuidoras y transmisoras pueden canalizar esos ahorros hacia una mayor expansión del servicio”, afirma en el comunicado de la compañía.
La magnitud de esos beneficios debe comprobarse en cada proyecto. Acortar una interrupción, consumir menos electricidad y pagar una factura menor son resultados distintos: una empresa puede evitar pérdidas de producción gracias a una mejora de continuidad sin registrar una reducción equivalente en su consumo energético.
Por eso, evaluar una inversión exige definir qué se busca mejorar y medirlo frente a una situación inicial. Los indicadores pueden incluir duración de las interrupciones, intervenciones de emergencia y gastos de mantenimiento. Si el objetivo también es la eficiencia energética, corresponde observar el consumo y su relación con la actividad productiva.
Generar más electricidad también exige gestionar mejor la red
La incorporación de nuevas fuentes de generación añade exigencias de coordinación al sistema eléctrico. La información sobre demanda, disponibilidad de recursos y condiciones de los equipos ayuda a planificar su operación.
Costa Rica ofrece una referencia de esa evolución. Según el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), el país produjo 98,6% de su electricidad con fuentes renovables durante 2025. La institución prevé sumar cerca de 600 megavatios de nuevas plantas geotérmicas, solares y eólicas a 2030.
El origen renovable de la electricidad y la confiabilidad del suministro describen aspectos diferentes. El primero indica con qué recursos se genera; la segunda depende también del estado de la infraestructura y de la capacidad para operar y responder a incidencias.
En ese contexto, Schneider identifica aplicaciones de la analítica para prever picos de demanda, reconocer riesgos de sobrecarga y apoyar la planificación. Su aporte potencial es ofrecer información útil para gestionar una infraestructura que debe responder a distintas condiciones de generación y consumo.
Una modernización gradual y medible
La adopción puede comenzar por activos críticos, con sensores y plataformas de monitoreo, y avanzar hacia análisis más sofisticados a medida que se acumulan datos y experiencia, según el planteamiento de Schneider.
El punto de partida es identificar dónde una falla tendría mayores consecuencias y qué información hace falta para comprender el estado de esos equipos. A partir de allí, el proyecto necesita definir responsables, procedimientos de respuesta y criterios para evaluar resultados.
La interoperabilidad permite integrar información de distintos sistemas. La ciberseguridad protege esa conectividad y la operación. La formación técnica ayuda a interpretar las alertas y decidir qué intervención corresponde.
También debe precisarse qué acciones dependen del operador de la red y cuáles puede ejecutar la empresa usuaria en sus propias instalaciones. Esa delimitación permite asignar responsabilidades y evaluar beneficios con mayor claridad.
“La subestación del futuro no es solo un nodo de la red: es una fuente de información que permite decidir mejor y con mayor anticipación”, señala Campos.
El valor de esa información se concreta cuando conduce a una respuesta útil: inspeccionar a tiempo, programar una intervención o acelerar la recuperación del servicio. Para las empresas centroamericanas, la oportunidad de la IA comienza en esa conexión entre datos, decisiones y continuidad operativa.