Por: David Wais (*)
Hay líderes que saben qué conversación necesitan tener, qué decisión están postergando, qué comportamiento necesitan transformar o dónde su equipo podría crecer.
Lo saben y esperan. Esperan más información, más certezas, más confianza. Mientras tanto, las oportunidades pasan.
Uno de los grandes desafíos del liderazgo actual está justamente ahí, saber qué hacer y encontrar la valentía para hacerlo cuando los resultados presionan.
Liderar no siempre ocurre en condiciones ideales, ocurre entre urgencias, conversaciones difíciles, decisiones incompletas, personas con diferentes necesidades y resultados que siguen esperando.
Muchos líderes terminan haciendo más de lo que deberían, responden antes de escuchar, resuelven antes de preguntar, corrigen antes de comprender y toman decisiones que sus equipos podrían aprender a tomar.
No por falta de confianza en las personas, simplemente es más rápido resolver que desarrollar. Ahí aparece una tensión central del liderazgo, ¿queremos equipos que respondan bien cuando el líder está presente o personas capaces de pensar, decidir y actuar bien cuando el líder no está?
No todos los líderes necesitan ser coaches
Liderar implica decidir, marcar rumbo, establecer prioridades, dar feedback, delegar, inspirar, poner límites, asumir responsabilidades y, cuando corresponde, decir con claridad: “esto es lo que necesitamos hacer”.
Hay situaciones en las que una respuesta del líder resuelve el presente. Una buena pregunta construye capacidades para el futuro, allí las habilidades de coaching amplían la manera de liderar.
Escuchar para comprender antes de responder, preguntar para ampliar perspectivas, desafiar para generar movimiento, acompañar para desarrollar autonomía.
La idea no es quitarle responsabilidad al líder, es ampliar su capacidad de intervenir de acuerdo con lo que cada situación necesita.
La pregunta no es, ¿qué herramienta tengo que utilizar?, es ¿qué necesita esta persona de mí para poder avanzar?
A veces necesitará una dirección clara, una pregunta, un límite, un desafío, un espacio para pensar sin que nosotros pensemos por ella. El verdadero desafío: dejar de ser necesario para todo.
La paradoja del liderazgo
Hay una paradoja en el liderazgo, un líder puede sentirse muy valioso porque todos acuden a él para resolver, se infla su ego. Pero, si todo necesita pasar por él, puede estar construyendo un equipo dependiente.
¿Cuánto de lo que hoy tú resuelves podría aprender a resolverlo tu equipo? La respuesta dice mucho sobre nuestro liderazgo.
Desarrollar personas no significa bajar la exigencia ni renunciar a los resultados, significa comprender que los resultados sostenibles necesitan capacidad detrás.
Cuando una persona aprende a pensar mejor, decidir mejor y hacerse responsable de sus decisiones, el resultado deja de depender exclusivamente de quien lidera. Cambia algo profundo, el líder deja de ser solamente quien empuja el resultado y comienza a ser quien construye las condiciones para que otros puedan producirlo.
Este es un salto de calidad
Liderar también es elegir cómo y cuándo intervenir. La madurez del liderazgo no está en tener la respuesta correcta, está en reconocer cuándo nuestra respuesta agrega valor y cuándo nuestra respuesta impide que otro desarrolle la suya.
Preguntarnos, ¿estoy ayudando o estoy resolviendo?, ¿estoy desarrollando autonomía o generando dependencia?, ¿estoy dando claridad o quitando responsabilidad?, ¿estoy escuchando para comprender o esperando mi turno para hablar?, ¿estoy desafiando el potencial de esta persona o simplemente corrigiendo su comportamiento?
Son preguntas sencillas, responderlas con honestidad puede cambiar profundamente la manera en que lideramos.
Las habilidades de coaching le permiten al líder tener más posibilidades de respuesta frente a la complejidad humana y organizacional.
Liderar con consciencia no consiste en utilizar siempre la misma herramienta, aun cuando haya sido efectiva en alguna oportunidad, consiste en saber cuál utilizar, cuándo y para qué.
El próximo salto de tu liderazgo no está en aprender una nueva técnica, está en observarte, en reconocer qué haces cuando estás bajo presión, qué conversaciones evitas, cuándo respondes demasiado rápido, cuánto espacio dejas para que otros piensen, qué problemas siguen llegando a vos y como impactas en las personas que lideras.
El liderazgo no se mide por lo que conseguimos cuando estamos presentes, se revela en lo que las personas son capaces de hacer, pensar y decidir cuando nosotros damos un paso atrás.
Necesitas ampliar tu manera de liderar. Quizá, ese sea el verdadero salto, dejar de preguntarte cuánto más puedes hacer y empezar a preguntarte cuánto más puedes desarrollar en otros.
El resultado importa, la manera de alcanzarlo también.
(*) Director de Emprendimientos Coaching y Aprendizaje. Coach Integral Ejecutivo. Experto en Neurociencia Deportiva.