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11S, 25 años después: Estados Unidos divide la memoria entre homenaje, guerra y justicia

Mientras Nueva York reunió a expresidentes, dirigentes demócratas y familiares de las víctimas, Donald Trump utilizó el aniversario desde el Pentágono para defender la guerra contra Irán. A un cuarto de siglo de los ataques, la memoria nacional sigue atravesada por la política y por una demanda de justicia aún inconclusa.

2026-09-11

Por: Revistaeyn.com

A las 8:46 de la mañana, el sonido de una campana volvió a detener a Nueva York. En el lugar que ocuparon las Torres Gemelas comenzó una vez más la lectura de los nombres de quienes murieron el 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, en el vigésimo quinto aniversario de los atentados, Estados Unidos no recordó desde un único lugar ni bajo una misma narrativa.

En Nueva York, la conmemoración estuvo marcada por la presencia de cuatro expresidentes —Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden—, dirigentes demócratas y familiares de las víctimas. En el Pentágono, Donald Trump vinculó aquella tragedia con la guerra que su Administración libra contra Irán.

11S, 25 años después: Estados Unidos divide la memoria entre homenaje, guerra y justicia

Y entre quienes perdieron a familiares hace un cuarto de siglo volvió a escucharse una pregunta que Washington todavía no ha contestado completamente: ¿qué papel desempeñó Arabia Saudí en los acontecimientos que precedieron a los ataques?

Las tres escenas expusieron algo más que diferencias protocolarias. Mostraron que el 11S continúa siendo una poderosa fuente de legitimidad política, pero también una herida histórica cuya interpretación permanece en disputa.

Nueva York: memoria, ciudad y política

La ceremonia en el Memorial del 11S conservó su ritual más reconocible: los minutos de silencio, las fotografías levantadas por los familiares y la lectura de los nombres de las víctimas frente a los estanques construidos sobre la huella de las torres.

Al acto acudieron también el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; la gobernadora del estado, Kathy Hochul; la exsecretaria de Estado Hillary Clinton; la exprimera dama Michelle Obama; el vicepresidente JD Vance; el exalcalde Rudy Giuliani y otras figuras nacionales.

La concentración de expresidentes y dirigentes asociados al entorno demócrata contrastó con la ausencia de Trump, un neoyorquino que optó por encabezar la ceremonia realizada en el Pentágono. Su decisión separó simbólicamente los dos grandes escenarios del aniversario: Nueva York quedó asociada a la memoria civil y urbana; Washington, al poder militar y a la política exterior.

Pero la ciudad también enfrenta un desafío generacional. Más del 30% de sus habitantes nació después de los ataques o era demasiado joven para recordarlos. La memoria directa comienza a transformarse en memoria histórica.

Por ello, el Concejo de Nueva York aprobó renombrar 26 avenidas y espacios públicos en honor de víctimas del 11S y pidió incorporar un programa educativo sobre los atentados en todas las escuelas del estado. La medida intenta trasladar el recuerdo desde las ceremonias anuales hacia el territorio cotidiano de la ciudad.

El homenaje alcanza principalmente a bomberos, policías, integrantes de los servicios médicos y civiles. También recuerda que las consecuencias no terminaron aquel día: miles de personas han muerto posteriormente por enfermedades relacionadas con la contaminación y los residuos generados tras el derrumbe del World Trade Center.

Trump lleva el aniversario al presente bélico

A pocos kilómetros de la Casa Blanca, Trump eligió otro registro. Durante la ceremonia en el Pentágono, donde murieron 184 personas, el presidente utilizó el recuerdo de los ataques para defender la guerra iniciada por su Administración contra Irán.

“Saludamos a los miembros de las Fuerzas Armadas que trabajan ahora mismo para garantizar que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo, la República Islámica de Irán, nunca, jamás, tenga un arma nuclear”, afirmó.

La declaración conectó deliberadamente dos momentos históricos diferentes: el atentado cometido por Al Qaeda en 2001 y la actual confrontación con el régimen iraní. El mensaje buscó presentar la guerra como una continuidad de la obligación estadounidense de anticiparse a las amenazas, una doctrina que cobró fuerza después del 11S y que sirvió de sustento a una amplia expansión militar, legal y de inteligencia.

La utilización política del aniversario no es nueva. Durante 25 años, distintos gobiernos han recurrido al 11S para respaldar decisiones de seguridad nacional. La diferencia es que Trump introdujo esa narrativa en medio de una guerra en curso y la convirtió en una justificación directa de su estrategia frente a Teherán.

11S, 25 años después: Estados Unidos divide la memoria entre homenaje, guerra y justicia

El lugar escogido reforzó el mensaje. Mientras en Nueva York se leían nombres y se mostraban retratos, en el Pentágono el presidente habló junto a las Fuerzas Armadas y proyectó el recuerdo hacia el conflicto presente.

Las familias reclaman respuestas sobre Arabia Saudí

Existe, sin embargo, una tercera narrativa que no encaja plenamente en la ceremonia civil ni en el discurso presidencial: la de los familiares que, 25 años después, continúan buscando responsabilidades.

Organizaciones de víctimas volvieron a reclamar a Trump la desclasificación de documentos relacionados con el posible papel de ciudadanos y funcionarios saudíes en la asistencia prestada a algunos de los secuestradores. Su demanda interpela a sucesivas administraciones estadounidenses, republicanas y demócratas, a las que acusan de haber privilegiado la relación estratégica con Riad por encima del esclarecimiento completo de los hechos.

Quince de los 19 secuestradores eran ciudadanos saudíes. Las sospechas se concentran especialmente en la ayuda recibida en California por Khalid al-Mihdhar y Nawaf al-Hazmi, dos integrantes del comando que posteriormente atacó el Pentágono.

Las familias sostienen que Omar al-Bayoumi, un ciudadano saudí señalado en documentos judiciales por sus supuestos vínculos con los servicios de inteligencia de ese país, ayudó a ambos hombres a instalarse en Estados Unidos. Arabia Saudí ha rechazado reiteradamente cualquier responsabilidad en los atentados.

La controversia alcanzó un punto decisivo en agosto de 2025, cuando un juez federal de Nueva York rechazó la petición saudí de desestimar una demanda civil. La resolución no estableció la culpabilidad del reino, pero consideró que existían elementos suficientes para permitir que el proceso continuara.

Ese litigio fue posible por la Ley de Justicia contra los Patrocinadores del Terrorismo, conocida como JASTA, aprobada por el Congreso en 2016 pese al veto del entonces presidente Barack Obama. La norma abrió la posibilidad de demandar a gobiernos extranjeros por presunto apoyo material a actos terroristas cometidos en territorio estadounidense.

Para las familias, el aniversario no representa únicamente el deber de recordar. También mide el tiempo transcurrido sin una respuesta judicial definitiva.

Una memoria que ya no es unánime

El 11S produjo en 2001 una unidad nacional difícil de imaginar en el Estados Unidos actual. Veinticinco años más tarde, la conmemoración revela las fracturas de una sociedad que recuerda el mismo acontecimiento desde posiciones cada vez más diferentes.

Nueva York preserva los nombres y busca enseñar lo ocurrido a una generación que no lo vivió. Trump invoca el atentado para defender una nueva guerra. Las familias insisten en que la memoria resulta incompleta mientras no se esclarezcan todas las responsabilidades.

El aniversario conserva así su enorme peso simbólico, pero perdió la capacidad de producir un relato común. Entre el silencio de Ground Zero, la retórica militar del Pentágono y los expedientes todavía abiertos, Estados Unidos conmemora el 11S sin haber resuelto plenamente qué aprendió de aquella mañana ni qué parte de su historia sigue pendiente.

Con información de EFE.

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