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ANÁLISIS | Analfabetos por desuso: la renuncia a leer en la era de la IA

Los resultados de PISA 2025 confirman una caída histórica en lectura y matemáticas. Pero la crisis no termina en las aulas: niños, jóvenes y adultos normalizan el cansancio ante cualquier texto extenso. Mientras la IA procesa cada vez más conocimiento, la renuncia humana a comprender amenaza el lenguaje, el criterio y la autonomía intelectual.

2026-09-10

Por: Norma Lezcano - Revistaeyn.com

Hay una frase que se escucha cada vez con mayor naturalidad en escuelas, universidades, empresas e incluso en organizaciones dedicadas a producir información: “Me cuesta leer”.

No se refiere únicamente a libros de cientos de páginas ni a documentos altamente técnicos. Un artículo resulta demasiado largo. Un informe exige demasiado tiempo. Un argumento que supera unos pocos párrafos provoca cansancio.

Entonces se pide un resumen, una lista de puntos esenciales o una conclusión que evite atravesar el razonamiento completo.

La escena parece cotidiana e inofensiva. No lo es. Mientras la Inteligencia Artificial (IA) aumenta su capacidad para procesar datos, relacionar documentos, detectar patrones y producir respuestas articuladas, los seres humanos parecen resignarse a leer menos, sostener menos tiempo la atención y evitar la dificultad necesaria para comprender.

La amenaza no es que la tecnología piense. Es que las personas abandonen voluntariamente el ejercicio de pensar.

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) 2025 ofrecen una señal difícil de pasar por alto.

El desempeño promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cayó hasta el nivel más bajo registrado por la prueba en matemáticas y lectura.

Uno de cada cinco estudiantes de 15 años presenta ahora bajo desempeño simultáneo en ciencias, matemáticas y lectura, frente al 16% registrado en 2022.

Entre 2015 y 2025, el puntaje promedio de lectura en los países de la OCDE retrocedió 28 puntos, una pérdida equivalente a aproximadamente un año y medio de aprendizaje. En matemáticas, la caída fue de 22 puntos, algo más de un año escolar.

La evaluación, que alcanzó a 760.000 estudiantes de 91 países y economías, confirma una tendencia amplia, aunque no uniforme. Varias jurisdicciones chinas, junto con Estonia, Japón, Corea del Sur, Singapur, Taipéi Chino y Reino Unido, se ubicaron entre los diez sistemas de mejor desempeño en ciencias, matemáticas y lectura.

La comparación permite identificar a los líderes, pero el problema excede las posiciones de una tabla.

PISA está mostrando una erosión de las capacidades que las sociedades necesitarán para desenvolverse en un mundo intelectualmente más complejo.

Saber leer, pero dejar de comprender

El analfabetismo tradicional describe la imposibilidad de leer y escribir. El fenómeno emergente es diferente y quizá más difícil de advertir: personas que aprendieron a leer, pero ejercitan cada vez menos esa capacidad para comprender el mundo.

Es un analfabetismo por desuso .Quien lo padece reconoce palabras, intercambia mensajes, recorre titulares y consume publicaciones en redes sociales. Técnicamente, lee. Lo que va perdiendo es la capacidad de permanecer dentro de una idea el tiempo necesario para entenderla.

Leer profundamente exige seguir una argumentación, recordar lo dicho varios párrafos antes, distinguir una evidencia de una opinión, detectar una contradicción y relacionar el contenido con conocimientos previos.

Requiere tolerar momentos de incertidumbre y aceptar que no todas las respuestas llegan de inmediato. Ese esfuerzo puede resultar incómodo, pero es precisamente el ejercicio que construye comprensión.

Cuando se abandona, no se pierde solamente información. Se reduce el vocabulario disponible para nombrar realidades complejas, se debilita la concentración y se vuelve más difícil reconocer matices, conectar causas con consecuencias o sostener una opinión propia.

El empobrecimiento cognitivo puede ser impuesto por la falta de acceso a una educación de calidad. Pero también puede ser consentido: aparece cuando una persona que tuvo la posibilidad de desarrollar esas capacidades acepta no utilizarlas porque leer le resulta largo, difícil o agotador.

En ese punto, la comodidad deja de ser una preferencia inocua. Se convierte en una renuncia intelectual.

La IA no creó el problema

Resultaría fácil convertir a la Inteligencia Artificial en la culpable de este retroceso. También sería equivocado.

La pérdida de hábitos de lectura, la fragmentación de la atención y la preferencia por contenidos cada vez más breves comenzaron antes de la expansión de la IA generativa.

Las plataformas digitales, los modelos de negocio basados en capturar atención y una cultura que confunde rapidez con eficiencia prepararon el terreno.

La IA llega a una sociedad que ya mostraba dificultades para concentrarse. No produce por sí sola esa fragilidad, pero puede ampliarla o disimularla.

Un estudiante puede entregar un ensayo bien redactado sin haber construido el argumento. Un profesional puede presentar un informe impecable sin dominar el problema. Un ejecutivo puede entrar a una reunión con un resumen generado automáticamente y no estar en condiciones de defender sus conclusiones.

Así surge una nueva forma de simulación: parecer competente sin haber construido competencia.

La tecnología permite producir el resultado visible del pensamiento —el texto, el análisis, la presentación— sin necesariamente atravesar el proceso intelectual que debería sostenerlo.

El peligro no reside en utilizar una herramienta para trabajar mejor. Está en delegarle capacidades que luego dejamos de poseer. Las habilidades que más necesitaremos son las que están retrocediendo

La OCDE advierte que las mayores caídas en lectura aparecen precisamente en competencias fundamentales para la era de la IA: evaluar evidencias, diferenciar hechos de opiniones, manejar la ambigüedad y analizar información de manera crítica.

También encontró que los estudiantes que dijeron no utilizar IA para redactar sus tareas obtuvieron mejores resultados que quienes sí lo hicieron.

Sin embargo, existe una diferencia importante: entre los usuarios frecuentes, aquellos que emplearon la IA para aprender y recibieron enseñanza para evaluar la calidad de sus respuestas mostraron mejores resultados que quienes no contaron con esa orientación.

La conclusión no es que los estudiantes deban alejarse de la IA. Es que necesitan fundamentos sólidos para utilizarla.

Una persona que posee conocimiento puede pedir a la herramienta que compare hipótesis, busque relaciones y cuestione sus premisas. Una persona que carece de esas bases tendrá menos posibilidades de advertir un error, una fuente inexistente o una conclusión construida sobre supuestos débiles.

Cuanto menos comprende el usuario, más convincente puede parecerle cualquier respuesta bien escrita.

La gran brecha de la era de la IA, por tanto, no será solamente entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes permanecen fuera de ella. Será entre quienes pueden pensar con la IA y quienes permiten que piense por ellos.

Para los primeros, funcionará como multiplicador intelectual. Para los segundos, puede convertirse en una prótesis que oculte una dependencia creciente.

Los adultos también dejaron de leer

Sería injusto responsabilizar únicamente a niños y jóvenes. Los adultos construyeron la cultura de impaciencia en la que ahora intentan educarlos.

En el mundo corporativo se exige que todo sea breve, inmediato y fácilmente digerible. Los informes extensos no se leen. Los argumentos se convierten en viñetas. Las decisiones se apoyan en resúmenes elaborados por otros. Se celebra la capacidad de simplificar, aunque con frecuencia simplificar significa eliminar contexto, dudas y contradicciones.

Pero, no existe pensamiento estratégico sin la capacidad de permanecer ante un problema complejo. Una estrategia empresarial no cabe siempre en cinco puntos. Comprender un mercado exige revisar datos, tendencias, antecedentes y fuerzas contrapuestas. Gestionar riesgos requiere imaginar efectos indirectos. Innovar demanda conectar conocimientos que a primera vista no guardan relación.

¿Cómo pueden las organizaciones pedir pensamiento estratégico mientras desalientan todo contenido que exige más de dos minutos de atención?

La pérdida de comprensión lectora no es solamente un problema educativo. Es un riesgo para la productividad, la innovación y la calidad del liderazgo.

Los estudiantes evaluados por PISA serán los profesionales, emprendedores, funcionarios, ciudadanos y votantes de los próximos años. Pero trabajarán junto con adultos que también han ido sustituyendo la lectura por titulares y la argumentación por reacciones inmediatas.

Una sociedad con dificultades para comprender textos complejos también es más vulnerable a la manipulación, la desinformación y las falsas certezas.

Más contenido no significa más conocimiento. La IA ha eliminado buena parte del costo de producir textos, estudios, imágenes y presentaciones. El resultado es una abundancia inédita de contenido, pero no necesariamente de conocimiento confiable.

Un análisis reseñado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), basado en cerca de 7.000 manuscritos académicos, encontró que después de la llegada de ChatGPT las postulaciones aumentaron 42%, mientras descendía la calidad de la escritura. Los trabajos con mayor probabilidad de haber utilizado IA también mostraron una mayor propensión a ser rechazados.

El BID advierte que el contenido dejó de ser escaso; ahora lo escaso es la confianza. Universidades, centros de pensamiento, organismos multilaterales, empresas y redacciones ya no deben demostrar únicamente que son capaces de producir información. Deben responder por su precisión.

Pero para verificar una investigación, interrogar una fuente o detectar una conclusión artificialmente plausible hacen falta las mismas competencias que están retrocediendo.

Este es el círculo peligroso: aumenta la cantidad de información generada y, al mismo tiempo, disminuye la capacidad de muchas personas para evaluar su calidad.

No es momento de renunciar a leer

Los niños y jóvenes que hoy consideran agotador leer un texto extenso entrarán en un mundo donde las respuestas inmediatas serán abundantes. Justamente por eso necesitarán más lenguaje, más comprensión y más criterio, no menos.

No tendrán que memorizar más información que una máquina. Esa competencia ya está perdida y, además, carece de sentido. Necesitarán conocimientos para formular mejores preguntas, vocabulario para identificar diferencias, atención para seguir un razonamiento y autonomía intelectual para rechazar una respuesta cuando sea incorrecta.

Aprender requiere esfuerzo. Ninguna innovación elimina esa condición. La calculadora no volvió innecesario comprender las matemáticas. Los buscadores no eliminaron la necesidad de saber investigar. La IA tampoco vuelve prescindibles la lectura y el razonamiento.

Los hace más importantes porque multiplica tanto las posibilidades de aprender como las de aceptar respuestas falsas con apariencia de autoridad.

Enseñar a utilizar Inteligencia Artificial sin fortalecer primero la lectura sería construir un piso tecnológico sobre cimientos intelectuales debilitados. Escuelas y universidades deberán revisar métodos y prioridades, pero la responsabilidad también corresponde a las familias, las empresas y las instituciones que producen conocimiento. No se puede pedir profundidad mientras se recompensa únicamente la velocidad.

La trampa que nos tendemos

La humanidad dispone hoy de una herramienta capaz de ampliar extraordinariamente su acceso al conocimiento. Puede ayudarnos a explorar ideas, detectar conexiones y enfrentar problemas que antes exigían equipos numerosos y largos períodos de trabajo.

Pero una herramienta que amplifica el pensamiento también puede amplificar su ausencia. La cuestión decisiva será cuánto conocimiento, lenguaje y criterio estarán dispuestos a conservar los seres humanos para dirigirla.

El analfabetismo por desuso es una elección cultural. Se instala cada vez que aceptamos que comprender exige demasiado, que un texto es excesivamente largo o que alguien —una persona o una máquina— puede pensar en nuestro lugar.

Nunca tuvimos tanto conocimiento disponible. Nunca fue tan fácil evitar el esfuerzo de adquirirlo. Por eso, justo cuando la Inteligencia Artificial comienza a procesar y conectar más información que cualquier individuo, renunciar a leer constituye una de las trampas más profundas que el ser humano puede tenderse a sí mismo.

Con información de la OCDE, DW, BBC Mundo y el Banco Interamericano de Desarrollo. Fuentes de referencia: resultados de PISA 2025, análisis de la OCDE sobre IA, lectura y aprendizaje y estudio del BID sobre IA y credibilidad del conocimiento.

Norma Lezcano
Norma Lezcano
Editora adjunta

Periodista especializada en economía y negocios. Consultora experta en Comunicación y Gestión del Cambio en Entornos Digitales. Lideró equipos en medios gráficos de Argentina y Centroamérica. Se desempeñó como investigadora para medios de México. A lo largo de su carrera, trabajó en La Voz del Interior y Perfil Córdoba (Argentina); Expansión, CNNExpansión y BizNews (México), entre otros. También ha sido docente universitaria en temas de Gestión de Contenidos Digitales. Su formación incluye becas y especializaciones en instituciones como el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Columbia y la Fundación Reuters.

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