Por: revistaeyn.com - Agencias
Teherán y Washington abrieron este lunes dos relatos simultáneos sobre la guerra, sin que ninguno despeje la incertidumbre sobre su próxima fase.
Del lado iraní, el Parlamento debate la posibilidad de que la República Islámica abandone el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), una discusión que el portavoz de Exteriores, Ismail Bagaei, definió como “importante” y “de gran calado”, con repercusión tanto en el hemiciclo como en la opinión pública.
Según Bagaei, en Irán crece la inquietud sobre qué sentido tiene seguir dentro del tratado si el país, sostiene Teherán, no puede ejercer plenamente los derechos que ese marco le reconoce y, al mismo tiempo, sigue siendo objeto de agresión.
Aun así, el vocero afirmó que Irán continúa cumpliendo sus obligaciones y reiteró la posición oficial de que no busca armas nucleares.
La discusión sobre el TNP reabre una idea que ya había aparecido en la agenda iraní meses atrás. Según la agencia EFE, en agosto, parlamentarios iraníes habían anunciado un proyecto para abandonar el tratado, aunque la iniciativa perdió impulso tras el inicio del proceso europeo para reimponer sanciones de Naciones Unidas. Más tarde, en octubre, el jefe de la Agencia de Energía Atómica de Irán, Mohamed Eslami, dijo que una salida del acuerdo no estaba entonces en la agenda. Irán es parte del TNP desde 1970.
Ormuz con costo tarifado
En paralelo, el Parlamento iraní también avanzó este lunes sobre otro expediente sensible: el estrecho de Ormuz.
El vicepresidente de la cámara, Alí Nikzad, anunció el registro de un proyecto de ley que será tratado con carácter de urgencia y que contempla, entre otros puntos, seguridad marítima, tasas por contaminación, cobro por servicios de practicaje y la creación de un fondo de desarrollo regional.
El texto se inscribe en una línea ya anticipada la semana pasada por legisladores iraníes: dar respaldo legal a la soberanía, el dominio y la supervisión de Irán sobre Ormuz, e incorporar el cobro de un peaje como fuente de ingresos.
Ese movimiento legislativo ocurre mientras la República Islámica mantiene bloqueado el estrecho “para sus enemigos”, y permite el paso de petroleros de países considerados amigos, entre ellos India y Tailandia.
Movidas desde la Casa Blanca
Desde Washington, Donald Trump presentó este lunes una narrativa distinta, aunque no menos ambigua.
En un mensaje difundido en Truth Social, el presidente dijo que Estados Unidos está en “conversaciones serias” con un “régimen nuevo y más razonable” en Irán y aseguró que se han logrado avances para poner fin a las operaciones militares.
Al mismo tiempo, advirtió que, si no se alcanza pronto un acuerdo y si el estrecho de Ormuz no se abre “de inmediato”, Estados Unidos podría “volar por los aires y arrasar por completo” centrales eléctricas, pozos de petróleo, la isla de Kharg y posiblemente plantas desalinizadoras iraníes.
Esa secuencia —hablar de avances y, a la vez, detallar posibles objetivos militares— fue reproducida también por Associated Press en su cobertura de hoy.
Trump también vinculó esas amenazas a una eventual represalia por lo que describió como "décadas de violencia atribuida al régimen iraní".
El mandatario postergó hasta el 6 de abril el ultimátum a Teherán para desbloquear Ormuz. Irán, por su parte, niega que existan negociaciones directas y sólo admite el intercambio de mensajes a través de intermediarios, entre ellos Pakistán.
Posiciones que no convergen
En ese cruce de declaraciones, la escena de este lunes queda marcada por dos posiciones que corren en paralelo y no convergen.
Teherán abre en su Parlamento la discusión sobre su permanencia en el principal tratado global de no proliferación y, al mismo tiempo, formaliza en sede legislativa un esquema para gravar el tránsito por la vía marítima más sensible del mercado petrolero.
Washington, en cambio, sostiene que hay avances hacia un acuerdo, pero acompaña ese mensaje con una amenaza directa sobre infraestructura energética, exportaciones de crudo y objetivos vinculados al aparato estratégico iraní.