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Trump abre pausa, pero manda más soldados y mercados toman oxígeno

Washington mantiene abierto el canal diplomático con Teherán, pero al mismo tiempo estudia un nuevo despliegue militar en la región. Israel volvió a atacar instalaciones vinculadas a misiles iraníes, mientras Irán endurece sus advertencias sobre el estrecho de Ormuz.

2026-03-27

Por: revistaeyn.com - Agencias

La guerra en Medio Oriente entra en una nueva fase de presión militar creciente bajo retórica de negociación.

Estados Unidos mantiene públicamente la idea de una salida dialogada con Irán, pero en paralelo evalúa reforzar de manera significativa su presencia militar en la región, mientras Israel continúa golpeando infraestructura estratégica iraní y Teherán conserva la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta.

En las últimas horas

El dato que reordena la escena llegó desde Washington.

Según informó The Wall Street Journal y recogió Reuters, el Pentágono contempla el envío de hasta 10.000 soldados adicionales a Medio Oriente, incluidos efectivos terrestres y blindados, con el objetivo de ampliar las opciones militares disponibles para la Casa Blanca.

La posibilidad refuerza la idea de que, aun cuando Donald Trump insiste en mantener abierta una ventana diplomática, Estados Unidos no está reduciendo su capacidad de intervención, sino todo lo contrario.

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Ese doble mensaje —negociar mientras se escala la capacidad de disuasión— se refleja también en la decisión de Trump de extender hasta el 6 de abril la moratoria sobre ataques a la infraestructura energética iraní.

La prórroga, según Reuters, fue presentada por el presidente estadounidense como una respuesta a pedidos vinculados a las conversaciones en curso. En términos políticos, el gesto ofrece una señal de contención; en términos estratégicos, no implica una desescalada integral del conflicto. ​​​​​​​

Los ataques continúan de ambos lados

Mientras Washington calibra esa combinación de presión y negociación, Israel mantiene la ofensiva sobre el aparato militar iraní.

En las últimas horas, el ejército israelí informó bombardeos contra instalaciones para la producción de misiles balísticos en Teherán y Yazd, así como contra lanzaderas y depósitos en el oeste de Irán. El mensaje operativo es claro: aunque exista una conversación indirecta entre Washington y Teherán, sobre el terreno la campaña militar sigue activa y enfocada en degradar la capacidad de respuesta iraní.

En paralelo, la guerra continúa desbordando el frente bilateral. Kuwait y Arabia Saudí reportaron nuevos ataques con drones y activación de defensas aéreas, un recordatorio de que la confrontación ya no está contenida en el eje Irán-Israel, sino que se expande sobre la arquitectura de seguridad del Golfo.

Esa extensión regional es una de las principales razones por las que el mercado energético sigue operando bajo tensión, aun en jornadas de relativo alivio.

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El otro eje central sigue siendo Ormuz. La Guardia Revolucionaria iraní reiteró este viernes que el estrecho permanece bajo control restrictivo y advirtió que los buques que lo crucen podrían enfrentar “graves consecuencias”, en una señal que mantiene vigente el riesgo sobre el tránsito marítimo global. La relevancia del paso no admite matices: por allí circula habitualmente cerca de una quinta parte del petróleo mundial y una porción significativa del gas natural comercializado por vía marítima.

Leve respiro para los mercados

Los mercados, en tanto, encontraron una ventana táctica de alivio. La decisión de Trump de postergar una ofensiva sobre infraestructura energética iraní hasta el 6 de abril fue leída por los operadores como una señal de que, al menos en el muy corto plazo, el escenario de una interrupción mayor en la oferta petrolera no es el más probable.

Reuters reportó este viernes que el petróleo subía, pero se encaminaba a su primera caída semanal desde febrero, en parte por esa expectativa de pausa relativa.

Ese “oxígeno” financiero, sin embargo, es precario. La tregua que hoy descuentan los mercados no se apoya en una solución política, sino en un aplazamiento del peor escenario. El conflicto sigue mostrando todos sus vectores de escalada: más tropas estadounidenses en evaluación, operaciones israelíes sostenidas, presión iraní sobre el tráfico marítimo y ataques persistentes sobre países del Golfo.

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