Por: revistaeyn.com
El concepto de “golpe final” ya circula con fuerza en Washington y en la prensa internacional.
Pero si ese escenario termina tomando forma en las próximas horas, no necesariamente se parecerá a una invasión clásica sobre Irán continental. El mapa que hoy asoma como más probable es otro: una operación limitada, pero de altísimo impacto estratégico, sobre islas, terminales y corredores marítimos alrededor del Estrecho de Ormuz.
Ese es el telón de fondo con el que Estados Unidos y sus aliados llegan a un fin de semana potencialmente decisivo en el Golfo Pérsico.
Según Axios, el Pentágono ya trabaja sobre cuatro opciones militares que Donald Trump podría activar si fracasa la vía diplomática. Entre ellas figuran acciones sobre Kharg Island, el principal nodo exportador de crudo iraní; Larak, una isla clave para la proyección iraní sobre Ormuz; Abu Musa y otros enclaves insulares del área; además de la posibilidad de bloquear o incautar buques vinculados al petróleo iraní.
La lógica de esos escenarios es clara: si Washington busca una acción decisiva sin abrir una campaña terrestre de gran escala sobre el interior iraní, el punto de máxima presión no está en Teherán, sino en la salida marítima del Golfo.
Se reduce el margen diplomático
En paralelo a los preparativos militares, Trump volvió a elevar la presión pública sobre Teherán.
En sus últimas intervenciones y mensajes, insistió en que Irán debe moverse “antes de que sea demasiado tarde”, mientras mantiene un doble discurso entre la amenaza y la posibilidad de un acuerdo.
Al Arabiya reportó este jueves que el presidente estadounidense dijo no estar seguro de querer cerrar un pacto con Irán, aunque al mismo tiempo sostuvo que Teherán estaría buscando una salida negociada. En la misma línea, también criticó duramente a la OTAN por no haberse sumado a la ofensiva y dejó entrever que la Casa Blanca toma nota de ese alineamiento parcial de sus aliados.
Ese tono no equivale todavía a una orden de ataque final, pero sí construye el clima previo a una decisión. La Casa Blanca parece querer dejar claro que la negociación sigue abierta solo en la medida en que Irán acepte moverse bajo presión extrema.
Ormuz, centro del conflicto
Si la escalada se concreta, el centro de gravedad militar podría ser el Estrecho de Ormuz, uno de los choke points energéticos más sensibles del planeta.
Por ese corredor marítimo pasa más del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercia globalmente, lo que convierte a la zona en una pieza crítica no solo para Irán, sino para el equilibrio energético internacional.
Ese dato ayuda a entender por qué las islas mencionadas en los escenarios del Pentágono son tan sensibles:
● Kharg funciona como uno de los grandes terminales petroleros iraníes y como un punto neurálgico de su capacidad exportadora.
● Larak está emplazada en el corredor inmediato del estrecho, en una zona desde la cual Irán puede proyectar vigilancia, control y presión sobre el tránsito marítimo.
● Abu Musa, por su ubicación, integra el entramado de islas que fortalecen la presencia iraní sobre el acceso occidental a Ormuz.
En términos prácticos, una ofensiva sobre esos puntos no sería solo un ataque militar: sería un intento por quitarle a Irán capacidad de presión sobre la salida del petróleo del Golfo.
Cómo sería un virtual desembarco
La palabra “desembarco” puede inducir a error si se imagina una operación tipo invasión masiva.
Lo más probable, si Washington avanza, sería un formato mucho más acotado: acciones anfibias o de asalto marítimo sobre objetivos insulares específicos, con fuerte cobertura aérea y naval.
Eso implicaría, previsiblemente:
● fuerzas anfibias o de asalto para asegurar posiciones críticas,
● aviación embarcada o de bases regionales para cobertura y supresión,
● interdicción naval para controlar o bloquear tráfico marítimo,
● y operaciones para neutralizar radares, baterías antibuque, drones o activos navales iraníes.
El teatro natural para una operación de ese tipo es el del U.S. Fifth Fleet, la estructura naval estadounidense basada en Bahréin y encargada justamente del Golfo, el Mar Arábigo y varios de los principales puntos de estrangulamiento marítimo de la región. Por eso, si el “golpe final” ocurre, el frente visible no será únicamente aéreo: será también una guerra por el control de rutas marítimas.
El Pentágono ya mueve recursos
Más allá de la retórica, el dato más revelador de las últimas horas es que la guerra ya empieza a modificar la asignación de recursos militares de Washington.
The Washington Post informó que el Pentágono evalúa desviar armamento inicialmente destinado a Ucrania hacia Medio Oriente, en especial municiones y sistemas críticos de defensa aérea, ante el desgaste operativo que está provocando la campaña contra Irán.
Ese movimiento no es menor. Indica que la administración estadounidense ya no está operando solo en clave de disuasión, sino que comienza a prepararse para un escenario que podría requerir un sostenimiento militar más prolongado y costoso.
Entretanto, vía diplomática sigue abierta, pero se estrecha. Irán respondió, a través de mediadores, a la propuesta estadounidense de 15 puntos y ahora espera una devolución de Washington, según reportes recogidos por medios regionales e iraníes.
Pero el problema para esa negociación es que el tiempo político y el tiempo militar ya no corren al mismo ritmo.
En la práctica, el fin de semana podría transformarse en una cuenta regresiva no tanto hacia una invasión de gran escala, sino hacia una operación de control geográfico, energético y naval sobre el corazón del Golfo.
En una guerra donde el petróleo, la navegación y la señal de poder pesan tanto como los misiles, ese control puede valer tanto (o más) como el desembarco y la toma de una capital.