Por: Norma Lezcano - Revistaeyn.com
El monumento al estadista rioplatense José Gervasio Artigas, en la Plaza Independencia de Montevideo, le proporcionó a León XIV una manera de entrar en la conversación uruguaya.
En lo alto, observó, el prócer aparece solo, a caballo; en los relieves inferiores vuelve a integrarse entre su gente. Desde esa imagen, el Papa recuperó una frase pronunciada por Artigas en 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”. La referencia situó desde el comienzo una cuestión central de su visita: el poder se recibe de una comunidad y debe responder ante ella.
En sus intervenciones del 6 y 7 de noviembre, primera etapa de una gira que continuará por Argentina y Perú, el pontífice fue desarrollando una lectura de la convivencia contemporánea.
Democracia, educación, trabajo, inteligencia artificial y transmisión de la fe aparecieron conectados por una misma pregunta: qué lugar conserva cada persona en sociedades que cambian aceleradamente.
Uruguay ofrecía un escenario particularmente significativo. Su marcada identidad laica obliga a la Iglesia a dialogar con una sociedad plural, donde la pertenencia religiosa no puede darse por supuesta. La propia Presidencia presentó la recepción al Papa como una expresión de libertad de conciencia, diversidad y fortaleza institucional.
Democracia como responsabilidad del poder
Ante el presidente Yamandú Orsi, autoridades y diplomáticos, León XIV destacó que Uruguay había cumplido en 2025 cuatro décadas de democracia ininterrumpida, con sucesivos gobiernos elegidos por los ciudadanos.
Vinculó esa continuidad con el respeto al orden jurídico, la participación pública y la delimitación de las competencias institucionales. La elección de esos elementos permite interpretar el alcance político del discurso. El reconocimiento a Uruguay señala prácticas concretas que hacen posible la convivencia: aceptar la alternancia, establecer límites a la autoridad y sostener instituciones que trasciendan a quienes gobiernan.
Su evocación del Éxodo del Pueblo Oriental de 1811 añadió otra dimensión. León XIV se detuvo en las distintas figuras del monumento —niños, mujeres, ancianos, personas que se ayudan a continuar la marcha— para presentar la comunidad nacional como una responsabilidad compartida. La historia uruguaya funcionó así como fundamento de su reflexión sobre el presente.
Una Iglesia que busca intervenir en una sociedad laica
La doble condición del visitante, líder de la Iglesia católica y jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano, dio especial relevancia a sus palabras sobre la laicidad.
León XIV reconoció la autonomía de las instituciones civiles y defendió que las comunidades religiosas puedan contribuir al bien común desde la libertad de conciencia, también en el espacio público.
Allí aparece una posición que ayuda a comprender su diplomacia: buscar un terreno de cooperación con el Estado y la sociedad, conservando una identidad doctrinal propia.
Esa identidad también estuvo presente en su defensa de la vida desde la gestación y del papel de la familia. Como recogió El País de Uruguay, el primer discurso reunió esos planteamientos con asuntos como la educación, la salud, las condiciones laborales y los riesgos tecnológicos. La amplitud de esa agenda impide reducir su intervención a una sola afinidad política. elpais.
La IA: quién gana capacidades y quién queda desplazado
La inteligencia artificial ocupó un lugar sustantivo desde su primera jornada. Ante las autoridades, el Papa planteó que estas tecnologías deben ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y abrir posibilidades, preservando el lugar de quienes trabajan dentro del proceso productivo.
Para una audiencia empresarial, el mensaje introduce un criterio de evaluación de la innovación: además de observar cuánto produce una tecnología, importa examinar qué oportunidades genera para las personas y qué consecuencias tiene sobre su autonomía.
El sábado, en la Universidad Católica del Uruguay, trasladó esa preocupación al terreno educativo. Pidió un uso de la tecnología que colocara a “la persona antes que el algoritmo” y distinguió entre acumular información y desarrollar sabiduría: discernir, reflexionar y comprender el contexto.
La conexión entre ambas intervenciones es relevante. El trabajo necesita personas capaces de aprovechar las herramientas; la educación debe formar el juicio necesario para utilizarlas. Desde esa perspectiva, la adaptación tecnológica compromete también a universidades, empleadores y responsables de políticas públicas.
Los jóvenes: atención, libertad y compromisos duraderos
En su encuentro con educadores, León XIV destacó la atención, el silencio y el discernimiento como dimensiones de la formación.
También pidió que las instituciones educativas escuchen a las familias, a la sociedad civil y al mundo productivo, y señaló el valor del voluntariado y los proyectos comunitarios.
Esa propuesta permite leer su mensaje a los jóvenes más allá de una exhortación religiosa: aprender a decidir exige tiempo, relaciones y experiencias que amplíen la mirada sobre los demás.
En el Estadio Centenario, su llamado adquirió una expresión explícitamente católica. Animó a los jóvenes a casarse y formar una familia, a considerar la vocación religiosa y a asumir el costo de actuar con honestidad y servir a otros. “No le teman al para siempre”, les dijo. El compromiso duradero aparece allí como una respuesta a la incertidumbre: construir una vida supone elegir y sostener responsabilidades, incluso cuando hacerlo implica renunciar a otras posibilidades.
Uno de los mensajes de mayor alcance eclesial llegó en la vigilia del Centenario. León XIV reconoció que los católicos uruguayos han aprendido a vivir su fe en una sociedad secularizada y afirmó que esa experiencia puede ayudar a comunidades de otros países que comienzan a descubrir qué significa ser minoría.
La primera escala deja, así, una pauta para leer el resto de la gira. León XIV propone valorar el poder por su responsabilidad ante la comunidad, la tecnología por su contribución humana y la presencia de la Iglesia por su capacidad de transmitir la fe y hacerse cargo de quienes necesitan ayuda.