Por: revistaeyn.com - Agencias
El petróleo volvió a encontrar su centro de gravedad en un punto estrecho del mapa.
Este lunes 30 de marzo, el Brent ronda los US$115 por barril y el mercado internacional de energía opera bajo una idea que hace apenas semanas parecía extrema: que el estrecho de Ormuz, una de las arterias más sensibles del comercio global, ya no es sólo una amenaza latente sino un cuello de botella activo.
En EE. UU., el efecto se ve en el “front end” energético: WTI por encima de US$100 en coberturas de mercado del día, lo que refuerza el canal de transmisión hacia gasolina y expectativas de inflación.
En paralelo, el shock se amplifica por el gas. En la referencia europea (TTF), Trading Economics registra el 30 de marzo ~55,43 €/MWh, con variaciones diarias moderadas pero un nivel elevado para el arranque de primavera europea y en un entorno donde el mercado está reponiendo el “premio” por interrupciones de LNG y logística.
Cómo empieza a impactar sobre Latinoamérica
La UNCTAD advirtió este mes que por Ormuz transitan volúmenes relevantes de fertilizantes y que cerca de un tercio del comercio marítimo global de esos insumos pasa por ese chokepoint.
Para América Latina, donde buena parte del costo agrícola depende de fertilizantes importados y de cadenas logísticas sensibles al precio del gas y del transporte, la perturbación puede sentirse rápido en los costos de producción y, después, en la inflación alimentaria.
Ese dato importa porque corrige una lectura demasiado lineal del impacto regional. América Latina no está frente a un escenario simple en el que los exportadores de crudo ganan y los importadores pierden. La realidad es más áspera.
Los países importadores reciben primero el golpe directo en combustibles, transporte y balanza externa. Pero los exportadores tampoco atraviesan esta crisis sin costo.
Un petróleo más caro puede mejorar ingresos fiscales o externos, sí, pero al mismo tiempo eleva costos domésticos, alimenta presiones inflacionarias y reabre tensiones políticas alrededor del precio de la energía. El beneficio en dólares puede convivir con un deterioro del clima interno.
Ahí aparece la dimensión más latinoamericana de esta crisis: su traducción política.
Qué se debe monitorear en los próximos días
Para hacer una prospectiva lo más ajustada posible, los decisores deben considerar seis señales concretas:
1-cuántos buques logran pasar por Ormuz y con qué demoras;
2-qué volumen real liberan las reservas estratégicas;
3-cómo se mueve la relación entre Brent y WTI y la forma de la curva;
4-cuánto escalan los costos de shipping y seguros;
5-qué ocurre con el gas y el GNL; y
6-si los bancos centrales empiezan a tratar el shock energético como una amenaza persistente y no como un episodio pasajero.
En esa secuencia se jugará algo más que el precio del barril. Se jugará si el mundo entra en una nueva fase de energía cara, crecimiento más frágil y política más nerviosa.