Centroamérica & Mundo

PISA 2025: América Latina falla en las habilidades que necesita para competir

Los resultados de la OCDE muestran que la región sigue muy lejos de los niveles de desempeño de los países desarrollados. Matemáticas, lectura y ciencias revelan una brecha de capacidades que ya no es solo un problema educativo: es un desafío para la productividad, la competitividad y el futuro del talento empresarial.

2026-09-08

Por: Revistaeyn.com

La fotografía que deja las pruebas PISA 2025, difundida hoy 8 de septiembre, para América Latina es difícil de ignorar.

Los estudiantes de 15 años de la región continúan muy por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias, mientras varios países registran retrocesos frente a mediciones anteriores. Pero el dato adquiere otra dimensión cuando se mira desde la economía: los jóvenes que hoy tienen 15 años serán parte de la fuerza laboral durante las próximas décadas.

Sus capacidades determinarán, en buena medida, qué tan preparada estará la región para adoptar nuevas tecnologías, elevar su productividad, desarrollar actividades de mayor valor agregado y competir por inversión.

La OCDE evaluó en 2025 a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. En promedio, los países de la organización obtuvieron 482 puntos en ciencias, 463 en matemáticas y 461 en lectura. En América Latina, ningún país se acerca al promedio de la OCDE en las tres áreas.

La brecha comienza en las habilidades básicas. El problema queda especialmente claro al observar el porcentaje de estudiantes que alcanza al menos el nivel 2 de competencia, considerado el umbral básico de desempeño.

En la OCDE, 65% de los estudiantes alcanza ese nivel en matemáticas, 69% en lectura y 74% en ciencias. En buena parte de América Latina, las proporciones son muy inferiores.

Costa Rica, uno de los sistemas educativos con mejor desempeño de Centroamérica, consiguió que 30% de sus estudiantes alcanzara el nivel básico en matemáticas.

En lectura y ciencias, el desempeño también quedó por debajo del promedio de la organización.

El contraste es mucho mayor en Guatemala: apenas 8% de los estudiantes llegó al nivel mínimo en matemáticas, 17% en lectura y 21% en ciencias.

El Salvador presenta una situación intermedia, pero igualmente distante de los estándares internacionales: 12% alcanzó el nivel básico en matemáticas, 29% en lectura y, en ciencias, el país mostró una mejora respecto de 2022.

El cuadro regional incluye además resultados débiles en República Dominicana, Paraguay, Ecuador, Argentina, Perú, Brasil, Colombia, México y Chile, aunque con diferencias importantes entre países y con algunos casos en los que la expansión de la cobertura educativa explica parcialmente el deterioro de los promedios.

Centroamérica: tres fotografías muy diferentes

Los resultados de PISA 2025 ofrecen una particularidad importante para Centroamérica: Costa Rica, El Salvador y Guatemala participaron en la evaluación, mientras otros países de la subregión no aparecen entre los participantes de esta edición. Por ello, no sería correcto construir un ranking regional de “todos” los países centroamericanos.

Entre los tres participantes, Costa Rica presenta el mejor desempeño. El país obtuvo 424 puntos en ciencias, 416 en lectura y 387 en matemáticas. Sus resultados en matemáticas y lectura fueron prácticamente similares a los de 2022, mientras que ciencias mejoró. De hecho, la OCDE identifica a Costa Rica entre los sistemas cuyos resultados científicos aumentaron respecto de la medición anterior. Pero, incluso ese mejor desempeño regional está lejos del promedio de la OCDE.

En Costa Rica, apenas tres de cada diez estudiantes alcanzan el nivel mínimo en matemáticas y prácticamente no existen estudiantes ubicados en los niveles superiores de desempeño científico.

El Salvador obtuvo 385 puntos en ciencias, 366 en lectura y 346 en matemáticas. La buena noticia es que ciencias mejoró frente a 2022, mientras matemáticas y lectura permanecieron aproximadamente estables.

La OCDE considera que, tomando en cuenta la expansión de la educación secundaria hacia poblaciones previamente marginadas, el resultado salvadoreño puede interpretarse de manera algo más favorable.

Guatemala aparece en el extremo contrario. Registró 351 puntos en ciencias, 337 en lectura y 334 en matemáticas, con descensos frente a 2022 en las tres áreas. En lectura, además, el porcentaje de estudiantes por debajo del nivel básico aumentó 13 puntos porcentuales respecto de 2017.

En el conjunto de los participantes latinoamericanos, Guatemala figura entre los desempeños más bajos: 75,6% de sus estudiantes se encuentra por debajo del nivel básico en las tres disciplinas, frente a 36,7% en Costa Rica y 61,3% en El Salvador.

América Latina no solo tiene pocos alumnos destacados: tiene demasiados alumnos sin competencias básicas.

Este es probablemente uno de los datos más preocupantes para los responsables de política pública y para las empresas.

En Guatemala, por ejemplo, prácticamente ningún estudiante alcanza los niveles 5 o 6 de matemáticas, ciencias o lectura. Costa Rica tampoco logra generar una masa significativa de estudiantes de alto desempeño. El Salvador presenta una situación similar.La cuestión no es solamente cuántos jóvenes quedan rezagados.

También importa cuántos jóvenes pueden convertirse en la próxima generación de científicos, ingenieros, especialistas tecnológicos, emprendedores y profesionales capaces de resolver problemas complejos.

La OCDE advierte que PISA 2025 registra el nivel promedio más bajo de su historia en matemáticas y lectura entre los países de la organización. Uno de cada cinco estudiantes de la OCDE tiene ahora un desempeño bajo simultáneamente en ciencias, matemáticas y lectura, frente a uno de cada seis en 2022.

Es decir, la crisis no es exclusivamente latinoamericana. Pero la región parte desde niveles considerablemente más bajos.

Un grave problema en medio de una transición económica histórica

El momento en que aparecen estos resultados es particularmente relevante. La inteligencia artificial, la automatización, la digitalización y la transición hacia actividades de mayor productividad están modificando rápidamente las competencias que demandan las empresas.

La propia OCDE señala que las economías necesitan capital humano capaz de adaptarse a nuevas tecnologías y que la escasez de habilidades constituye una de las barreras para aprovechar plenamente la transformación tecnológica.

PISA 2025 incorpora precisamente una nueva dimensión: el aprendizaje en el mundo digital y la capacidad de resolver problemas utilizando herramientas computacionales.

La prueba busca medir no solamente conocimiento tradicional, sino también cómo los estudiantes utilizan herramientas digitales para resolver problemas. Y aquí aparece una paradoja: los jóvenes latinoamericanos están entrando tempranamente en un mundo dominado por la tecnología, pero eso no significa necesariamente que estén desarrollando las capacidades cognitivas necesarias para utilizarla productivamente.

La OCDE también encontró un deterioro particularmente fuerte de la lectura. Entre las capacidades que están retrocediendo aparecen precisamente algunas de las más importantes en la era de la inteligencia artificial: evaluar información, conectar contenidos de distintas fuentes y pensar críticamente.

La desigualdad también se convierte en una variable económica

Los resultados muestran además que el origen socioeconómico continúa teniendo un peso significativo.

En Guatemala, el nivel socioeconómico explica 17% de la variación en el rendimiento científico, por encima del 12% promedio de la OCDE. En El Salvador explica 14%, mientras que en República Dominicana representa 10%.Esto plantea otro desafío para América Latina: no basta con elevar el promedio.

Los países necesitan evitar que el acceso a las capacidades que demanda la economía del futuro quede concentrado en una minoría.

Para las empresas, esa desigualdad puede traducirse en una oferta más limitada de talento especializado y en mayores costos de capacitación. Para los gobiernos, significa que una parte importante del gasto educativo debe concentrarse en cerrar las brechas que comienzan mucho antes de que una persona llegue al mercado laboral.

La escuela tampoco está aislada de lo que ocurre fuera de ella. PISA 2025 muestra otros indicadores que deberían llamar la atención de los responsables de políticas públicas. En Guatemala, 43% de los estudiantes faltó al menos un día de clases durante las dos semanas anteriores a la prueba, frente a 22% en promedio en la OCDE. En El Salvador, la proporción llegó a 38%.

La tecnología también presenta una paradoja

La inteligencia artificial ya forma parte de la experiencia cotidiana de muchos estudiantes.

En Guatemala, aproximadamente la mitad declaró utilizar IA para aprender al menos una vez por semana; en El Salvador fue 40%. Pero la OCDE advierte que el uso de estas herramientas requiere orientación.

El organismo encontró que los estudiantes que utilizaban IA para escribir textos de sus tareas obtenían, en promedio, resultados científicos inferiores a quienes no lo hacían. La conclusión no es que la IA deba quedar fuera de las aulas, sino que debe utilizarse de manera deliberada, con objetivos pedagógicos claros y sin sustituir el esfuerzo cognitivo del estudiante.

Una alerta para gobiernos y empresas

PISA no es una medición de productividad empresarial ni una encuesta sobre empleabilidad. Pero sí permite observar la calidad de las habilidades con las que una generación llegará al mercado laboral. Y la evidencia económica disponible refuerza la preocupación.

Investigaciones de la propia OCDE encuentran una relación positiva entre el nivel de habilidades y la productividad laboral. En el ámbito de las industrias, las diferencias en habilidades explican aproximadamente entre una cuarta parte y un tercio de las diferencias de productividad entre países; además, la forma en que los trabajadores calificados son asignados entre empresas y puestos también influye significativamente.

La conclusión es inquietante pero, a la vez, estratégica: una economía no puede aspirar sostenidamente a actividades de mayor valor agregado si su sistema educativo no logra construir las capacidades básicas que esas actividades requieren.

Para América Latina, el desafío no consiste únicamente en gastar más en educación. Consiste en conseguir mejores resultados con ese gasto, fortalecer la formación docente, reducir el abandono y el ausentismo, mejorar la calidad de la enseñanza de matemáticas, ciencias y lectura, incorporar la tecnología con criterio y concentrar recursos en los estudiantes y escuelas que enfrentan las mayores barreras.

El retorno, además, no será inmediato. Mejorar el capital humano toma años y sus efectos económicos pueden tardar décadas en materializarse. Precisamente por eso, la OCDE advierte que la política educativa necesita continuidad más allá de los ciclos electorales.

La señal que deja PISA 2025 para América Latina es, por tanto, mucho más amplia que un resultado escolar. La región está decidiendo hoy qué tan preparada estará su fuerza laboral para competir mañana. Y los datos muestran que todavía tiene una brecha considerable que cerrar.

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