Por revistaeyn.com /Agencias
La crisis política abierta tras los incidentes en Minnesota escaló esta semana a un nuevo nivel en Washington. La advertencia directa del presidente Donald Trump al alcalde de Mineápolis, Jacob Frey —a quien acusó de “estar jugando con fuego” por rechazar la aplicación de las leyes federales de inmigración— se combinó con un frente aún más sensible: la amenaza concreta de un nuevo cierre parcial del Gobierno federal a partir de este sábado.
Ambos movimientos, lejos de ser episodios aislados, exponen una convergencia de tensiones que atraviesan hoy la política estadounidense: migración, autoridad federal, seguridad interna, presupuesto y gobernabilidad en un Congreso cada vez más fragmentado.
Choque de soberanías: Trump vs. Mineápolis
El detonante inmediato fue la declaración pública del alcalde Jacob Frey, quien aseguró que su ciudad “no aplica ni aplicará las leyes federales de inmigración”, en respuesta a la creciente tensión social tras la muerte de Alex Pretti, abatido por agentes de la policía fronteriza (CBP), pocos días después de otro caso fatal vinculado a agentes de inmigración (ICE).
Trump reaccionó con dureza desde su red Truth Social, calificando la postura del alcalde como una “violación muy grave de la ley” y advirtiendo que su actitud constituye un desafío directo a la autoridad federal. El mensaje fue contundente: la Casa Blanca no tolerará zonas grises en la aplicación de la política migratoria.
Aunque públicamente el presidente pidió “desescalar” la situación y calificó de “muy triste” la muerte de Pretti, en paralelo respaldó sin matices a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, reafirmando que no habrá cambios en la conducción del área ni en la estrategia migratoria.
El episodio reactiva un conflicto estructural: el límite entre autonomía local y supremacía federal, especialmente en ciudades gobernadas por demócratas que rechazan colaborar con agencias migratorias.
El Congreso, al borde del bloqueo
La tensión política se trasladó rápidamente al Capitolio. El Gobierno de EEUU se encamina a un nuevo cierre parcial si el Senado no aprueba antes del viernes el paquete presupuestario que incluye la financiación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), organismo clave en inmigración y control fronterizo.
El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, confirmó que su bancada no aportará los 60 votos necesarios si se mantiene intacta la partida destinada al DHS, en medio de la controversia por lo ocurrido en Minnesota. La estrategia demócrata apunta a desacoplar la financiación migratoria del resto del paquete, avanzando solo con los otros cinco proyectos de gasto.
Lo significativo es que las dudas ya no se limitan a la oposición. Senadores republicanos moderados como Thom Tillis, Bill Cassidy y Lisa Murkowski pidieron una investigación completa sobre la muerte de Pretti, mientras que el independiente Angus King fue más lejos al advertir que podría bloquear el paquete y calificar algunas acciones federales como “fuera de la Constitución”.
Un cierre con impacto económico y político ampliado
De concretarse, el cierre parcial comenzaría un minuto después de la medianoche del viernes y se sumaría al parón de 43 días registrado entre octubre y noviembre de 2025, el más largo de la historia del país. El impacto sería inmediato sobre servicios federales clave, en un contexto especialmente delicado.
Estados Unidos enfrenta simultáneamente:
● debilidad máxima del dólar,
● emergencias climáticas por tormentas de nieve y frío extremo,
● y una agenda legislativa comprimida tras la cancelación de sesiones del Senado por el temporal.Para los mercados y los actores económicos, el riesgo no es solo operativo, sino sistémico: un nuevo cierre profundizaría la percepción de parálisis institucional y elevaría la incertidumbre en un año políticamente sensible.
Migración como eje de poder
Más allá del caso Minnesota, lo que se está jugando es el control del relato y de la autoridad en materia migratoria. Trump utiliza el enfrentamiento con Mineápolis para reafirmar liderazgo, presionar a los gobiernos locales y cerrar filas en su base política. Los demócratas, en cambio, buscan condicionar esa agenda desde el presupuesto, aun a riesgo de un cierre.
El resultado inmediato sigue abierto. Pero el mensaje de fondo es claro: la política migratoria volvió a ser el epicentro de la gobernabilidad estadounidense, con capacidad de paralizar al Gobierno federal y reconfigurar alianzas dentro del propio Congreso.