Por revistaeyn.com
La amenaza de una nueva sequía en el Corredor Seco de Centroamérica ha encendido las alertas de organismos internacionales y gobiernos de la región. Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP), unas 75.000 personas en Honduras, Guatemala y El Salvador ya se preparan para enfrentar los efectos de la escasez de lluvias, en un contexto marcado por la posible intensificación del fenómeno de El Niño.
El organismo ha destinado US$3,8 millones en medidas anticipatorias que buscan mitigar el impacto antes de que la crisis se profundice. Estas acciones incluyen transferencias monetarias, entrega de granos básicos, monitoreo climático y campañas informativas para comunidades vulnerables que dependen, en gran medida, de la agricultura de subsistencia.
De acuerdo con el WFP, la sequía podría afectar directamente la temporada agrícola conocida como “la primera”, clave para la siembra de cultivos como maíz, frijol y arroz. Si las lluvias no llegan en mayo, el principal mes de cultivo, se prevé una caída en la producción, lo que a su vez podría elevar los precios de los alimentos y agravar la inseguridad alimentaria en la región.
Actualmente, más de nueve millones de personas en Centroamérica enfrentan dificultades para acceder a alimentos suficientes, una situación que podría empeorar con la intensificación de condiciones climáticas adversas.
En este contexto, la directora regional del WFP, Lena Savelli, advirtió que “en América Central, donde la agricultura de subsistencia sostiene a cientos de miles de familias, la sequía puede arrasar con años de esfuerzo en cuestión de semanas”.
Savelli subrayó además la importancia de actuar con anticipación: “Prepararse con acciones anticipatorias es proteger la dignidad y el futuro de quienes dependen de la tierra”.
Los pronósticos meteorológicos apuntan a una alta probabilidad de desarrollo de El Niño, fenómeno que históricamente ha provocado sequías prolongadas en la región, como ocurrió en 2023 y entre 2015 y 2016. Ante este escenario, los países centroamericanos han reforzado la coordinación regional a través del Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana, que impulsa estrategias de gestión integral del riesgo.
Uno de los pilares de esta estrategia son las llamadas acciones anticipatorias, mecanismos que se activan automáticamente cuando ciertos indicadores climáticos alcanzan niveles críticos. Estas medidas no solo buscan salvar vidas, sino también reducir los costos de respuesta: por cada dólar invertido, se pueden ahorrar hasta siete dólares en ayuda de emergencia, según el WFP.
Desde 2022, el organismo ha implementado 11 planes de este tipo en América Latina y el Caribe, beneficiando a más de 400.000 personas en ocho países. La experiencia, señalan expertos, demuestra que adelantarse a los desastres no solo es más efectivo, sino también más humano.