Por: Revistaeyn.com
Donald Trump resumió con dos palabras su encuentro del jueves con Xi Jinping en la Casa Blanca: "Gran reunión". Pero, detrás del gesto de distensión entre las dos mayores potencias, el comunicado difundido por Pekín dejó una demanda que toca el punto más sensible de su relación.
Xi espera que Estados Unidos "se adhiera a la posición correcta de oponerse a la ‘independencia de Taiwan’" y trate la cuestión "con prudencia".
¿Significa eso que Trump está dispuesto a soltarle la mano a Taipéi? Por ahora, no hay pruebas para afirmarlo.
La frase figura en el relato oficial chino de las conversaciones del 24 de septiembre; expresa lo que Xi pidió, no una decisión estadounidense.
En el mismo comunicado, las declaraciones atribuidas a Trump aluden a la relación bilateral, el comercio y la inteligencia artificial, pero no anuncian un cambio de postura sobre Taiwán.
La diferencia que importa cabe en dos verbos. La política estadounidense tradicional sostiene que Washington "no apoya" una declaración de independencia de Taiwán y "se opone" a cualquier modificación unilateral del statu quo.
Pekín quiere que Washington vaya más lejos y se oponga activamente a la independencia.
Ese desplazamiento verbal podría tener consecuencias políticas: China aspira a reducir el margen de maniobra internacional de Taipéi y a obtener una señal de que Estados Unidos limitará su respaldo.
La respuesta de Taipéi
El Gobierno taiwanés reaccionó este viernes. Su Ministerio de Exteriores acusó a China de "distorsionar los hechos" para presentar unilateralmente sus posiciones y reivindicó que la República de China —nombre oficial de Taiwán— y la República Popular China no están subordinadas una a la otra. También sostuvo que el futuro de la isla corresponde a sus habitantes y debe decidirse democráticamente.
La reacción expresa una preocupación concreta: una negociación más amplia entre Washington y Pekín podría convertir el lenguaje sobre Taiwán, o incluso la cooperación de seguridad con la isla, en materia de regateo.
La relación de Estados Unidos con Taiwán sigue siendo no oficial y está regida por su política de "una sola China", la "Ley de Relaciones con Taiwán", tres "Comunicados Conjuntos con Pekín" y las "Seis Garantías a Taipéi".
Esa arquitectura permite suministrar medios de defensa a la isla, aunque no promete de manera automática una intervención militar estadounidense si estalla un conflicto.
Por eso, más que la cordialidad de la fotografía, habrá que observar las decisiones posteriores:
* si la Casa Blanca adopta explícitamente el verbo "oponerse";
* qué ocurre con las ventas de armamento pendientes; y
*si Washington mantiene sus referencias a una solución pacífica y a la oposición a cambios unilaterales del statu quo.
Esas serían señales más sólidas que una descripción favorable de la reunión.
Prospectiva desde Centroamérica
La disputa también atraviesa el mapa diplomático regional. Guatemala y Belice mantienen relaciones oficiales con Taiwán, según la lista vigente de su Cancillería. Costa Rica, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua y Honduras reconocen a Pekín; varios cambiaron de socio diplomático durante las dos últimas décadas.
En cada giro entraron en juego expectativas de comercio, inversión, financiamiento y cooperación, además del cálculo geopolítico.
Para los gobiernos centroamericanos, una eventual modificación de la postura estadounidense cambiaría el contexto en el que administran sus vínculos con las dos potencias y con Taipéi.
Para las empresas, el interés va más allá de la diplomacia: una crisis en el estrecho podría afectar cadenas de tecnología, logística y decisiones de inversión.
Nada de eso implica que la visita de Xi haya producido ya una nueva alineación en la región. Sí explica por qué Guatemala y Belice, en particular, seguirán de cerca el lenguaje y las acciones de Washington.