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Ilya Espino de Marotta: la ingeniera que derribó el último techo de cristal del Canal

La ingeniera que comenzó como la única mujer en el astillero, dirigió la ampliación de la vía interoceánica y abrió espacios en un mundo dominado por hombres asumió como la primera administradora del Canal de Panamá. Llega al cargo en una coyuntura marcada por la crisis hídrica, la competencia logística y las tensiones geopolíticas.

2026-09-07

Por: Revistaeyn.com

El 7 de septiembre de 2026, Ilya Espino de Marotta subió las escalinatas del edificio de la Administración del Canal de Panamá para completar un recorrido que había comenzado 41 años antes, cuando llegó a la vía interoceánica como una joven ingeniera y la única mujer entre los profesionales del astillero.

Esta vez no llevaba el casco rosa con el que recorrió durante años uno de los mayores proyectos de infraestructura de América Latina. Llegaba para tomar posesión como administradora del Canal, máxima autoridad ejecutiva de una institución decisiva para Panamá y para el comercio internacional.Era la primera mujer en hacerlo.

“Sé lo que significa ser la primera mujer en asumir la administración de este canal”, reconoció durante su discurso. Pero enseguida puso el logro en perspectiva: “No llegué aquí por ser mujer. Llegué aquí porque en 41 años trabajé y me preparé para esta responsabilidad”.

La frase resume buena parte de su historia. La designación representa un hito de género, pero no puede explicarse únicamente desde esa dimensión. Espino llega a conducir el Canal porque conoce su funcionamiento desde el astillero hasta la oficina ejecutiva; porque atravesó sus áreas técnicas, financieras y operativas; y porque tuvo bajo su responsabilidad la obra que transformó la capacidad de la ruta para competir en el siglo XXI.

El simbolismo está allí y es poderoso. Sin embargo, se sostiene sobre una trayectoria técnica, empresarial e institucional construida durante más de cuatro décadas.

La única ingeniera del astillero

Cuando Espino de Marotta ingresó al Canal en 1985, la vía todavía estaba bajo administración estadounidense. Se incorporó como ingeniera marina a la entonces División Industrial y era la única mujer ingeniera en el astillero.

Había egresado de Texas A&M University, en Estados Unidos, en una especialidad vinculada con una industria históricamente dominada por hombres. Más tarde obtuvo una maestría en Ingeniería Económica en la Universidad Santa María La Antigua, en Panamá, y completó programas ejecutivos en INCAE Business School y la Kellogg School of Management de Northwestern University. También obtuvo una certificación en administración de proyectos del Project Management Institute.

Su ascenso no fue lineal ni se limitó a una sola especialidad. Trabajó en las divisiones de Dragado, Ingeniería Mecánica y Contabilidad, donde fue ingeniera valuadora. Coordinó programas de inversiones, participó en la elaboración del Plan Maestro del Canal y asumió responsabilidades de administración de recursos y control de proyectos.

Ese recorrido le permitió entender que el Canal no era solamente una obra de ingeniería. Era, simultáneamente, una ruta marítima, una operación logística, una empresa pública, una fuente de agua, una pieza geopolítica y uno de los principales pilares económicos de Panamá.

También aprendió a dirigir más allá de su conocimiento técnico. En una entrevista con Estrategia & Negocios, recordó el temor que sintió cuando pasó de supervisar a pocas personas a coordinar equipos y áreas que estaban fuera de su especialidad. Una coach le hizo ver que, en esa nueva etapa, su trabajo ya no consistía en poseer todas las respuestas, sino en tomar decisiones, respaldar al equipo y apoyarse en quienes tenían el conocimiento necesario.

“Aprendí lo que era el rol de un liderazgo”, resumió entonces. Para Espino, liderar significaba estar presente, escuchar y ayudar a las personas a encontrar soluciones.

Aquella transición —de especialista a líder— sería determinante para el desafío que estaba por llegar.

La ingeniera detrás de la ampliación

El nombre de Ilya Espino de Marotta quedó unido a la ampliación del Canal de Panamá, una de las mayores obras de infraestructura ejecutadas en la región.

Como vicepresidenta ejecutiva de Ingeniería y Administración de Programas, tuvo un papel central en el proyecto inaugurado en junio de 2016. La obra, valorada en al menos US$5.000 millones, incorporó un tercer juego de esclusas y permitió el tránsito de buques neopanamax, embarcaciones de mayores dimensiones que cambiaron la escala comercial de la ruta.

Espino dirigió un equipo de más de 1.000 personas en un programa complejo, sometido a la atención de Panamá, de la industria marítima y del mundo. Durante las inspecciones utilizaba un casco rosa. El elemento terminó convirtiéndose en una seña reconocible, pero su sentido iba más allá de la imagen. En una industria llena de cascos blancos, amarillos y azules, el suyo hacía visible que una mujer estaba al frente de la ejecución técnica de una obra monumental.

Ella misma entendía que su posición podía abrir el camino a otras profesionales. Su forma de abordar la diversidad tampoco se detenía en la representación. Espino ha defendido que hombres y mujeres pueden aproximarse a los problemas de maneras diferentes y que los equipos equilibrados enriquecen la toma de decisiones. Su mensaje para otras mujeres ha sido demostrar capacidad para que cada logro facilite la apertura de nuevas puertas.

Tras culminar la ampliación, asumió la Vicepresidencia de Operaciones y luego fue designada subadministradora. Tomó posesión de ese cargo el 1 de enero de 2020, convirtiéndose también en la primera mujer en ocupar la segunda posición ejecutiva de la ACP. Apenas unos meses más tarde, la pandemia obligó al Canal a operar con alrededor del 60% de su fuerza laboral en las instalaciones, mientras el resto permanecía en casa. La organización tuvo que mantener el servicio en medio de restricciones sanitarias, disrupciones logísticas e incertidumbre mundial. Para Espino, fue otra lección sobre la necesidad de combinar disciplina operativa con agilidad, innovación y capacidad de adaptación.

Confianza en una institución estratégica

Durante su carrera, Espino ha insistido en que la fortaleza del Canal no depende únicamente de su infraestructura. También descansa sobre la institucionalidad que sostiene sus decisiones.

La ACP es una entidad autónoma del Estado panameño, con título constitucional y un sistema de gobernanza diseñado para preservar su continuidad operativa. Desde que Panamá recibió la administración de la vía el 31 de diciembre de 1999, el Canal se ha convertido también en una demostración de la capacidad del país para manejar uno de los activos estratégicos más relevantes del mundo.

Espino relaciona esa fortaleza con la transparencia, la comunicación permanente y la consistencia.

En una conversación con E&N sobre reputación institucional, explicó que escuchar puntos de vista diferentes permite que colaboradores, clientes y proveedores planteen sus preocupaciones con la certeza de que serán analizadas en un contexto amplio. La confianza, desde esa perspectiva, no se construye evitando las diferencias, sino mediante reglas claras y decisiones predecibles.

Esa concepción adquiere ahora una relevancia mayor. La nueva administradora deberá proteger la neutralidad y confiabilidad del Canal en medio de crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, sus dos principales usuarios, y de cuestionamientos externos sobre la influencia en torno a la ruta y sus terminales portuarias.

El Canal conecta alrededor de 180 rutas marítimas y 1.920 puertos en 170 países. Cerca del 70% de la carga que lo atraviesa tiene como origen o destino Estados Unidos. La vía es panameña, pero las consecuencias de cada una de sus decisiones rebasan ampliamente las fronteras del país.

Espino deberá, por tanto, ejercer un liderazgo técnico con efectos diplomáticos, aunque la política exterior corresponda al Gobierno panameño.

Del agua a la descarbonización

En enero de 2024, Espino sumó otro precedente a su carrera al convertirse en la primera oficial de Sostenibilidad del Canal.

Desde esa posición impulsó la integración de la sostenibilidad en la estrategia corporativa, con énfasis en la descarbonización, la adaptación climática y la gestión responsable de la cuenca. El Canal estableció la ambición de alcanzar emisiones netas cero de gases de efecto invernadero para 2050 y comenzó a trabajar en inventarios, objetivos científicos y planes de implementación.

“No se trata solo de nuevos proyectos, se trata de transformar nuestro negocio”, afirmó al asumir aquella responsabilidad.

El desafío ambiental dejó de ser una agenda complementaria para convertirse en un asunto de continuidad operativa. El Canal funciona con agua dulce y compite por ese recurso con el consumo de la población. Las sequías y la variabilidad climática ya obligaron a limitar el calado de los buques y reducir los tránsitos diarios, demostrando que el cambio climático puede afectar directamente los ingresos de Panamá y las cadenas internacionales de suministro.

Por eso, una de las primeras prioridades de Espino será impulsar el proyecto del lago de Río Indio. La obra, estimada en US$1.500 millones, busca garantizar agua para la población y para las operaciones del Canal durante las próximas cinco décadas.

Su construcción implica también complejas decisiones ambientales, sociales y de reasentamiento de comunidades. La paradoja es inevitable: quien ayudó a ampliar la capacidad física del Canal deberá ahora asegurar el recurso natural sin el cual esa capacidad pierde valor.

Una nueva expansión, más allá de las esclusas

Espino recibe una institución financieramente sólida. En el año fiscal 2025, el Canal registró ingresos por US$5.705 millones, un crecimiento de 14,4 %, y contabilizó 13.404 tránsitos. Pero el futuro de la ACP ya no depende solamente de hacer pasar más barcos.

La Visión Estratégica 2025-2035 contempla inversiones superiores a US$8.500 millones durante la próxima década. Además del lago de Río Indio, la hoja de ruta incluye nuevas terminales portuarias en el Atlántico y el Pacífico, un corredor energético y otro logístico.

El objetivo es diversificar los servicios, fortalecer la competitividad de la ruta y consolidar a Panamá como un centro marítimo, logístico y energético global. Las nuevas infraestructuras podrían elevar en alrededor de 25 % los ingresos de la vía.

Espino ya había anticipado esa orientación cuando, como subadministradora, definió al Canal como un “imán para la región”.

Más del 74% de la mercancía que llega a los puertos panameños continúa hacia otros mercados mediante transbordo, una señal del efecto que la plataforma logística tiene sobre Centroamérica y el Caribe.

Su gestión deberá ejecutar esa nueva expansión sin comprometer la autonomía, la transparencia ni la disciplina financiera de la institución.

Una puerta abierta para las mujeres de la región

Estrategia & Negocios reconió a Iliya Espino como Mujer Desafiante 2017. Ese reconocimiento fue el anticipo de una ruta que sumó varios hitos en su brillante carrera: única ingeniera del astillero, responsable de la ampliación, primera subadministradora y primera oficial de Sostenibilidad.

Desde el 7 de septiembre de 2026 agregó el más relevante: primera administradora del Canal de Panamá.

Su llegada tiene una resonancia que trasciende a la ingeniería y a la industria marítima. En Centroamérica, donde la participación de las mujeres disminuye a medida que aumenta el nivel de responsabilidad, su carrera demuestra el valor de construir conocimiento técnico, experiencia operativa y capacidad de liderazgo antes de que aparezca la oportunidad histórica.

Espino no llegó para ocupar un símbolo vacío. Llegó para dirigir una organización de alcance mundial, administrar miles de millones de dólares y tomar decisiones que incidirán sobre el agua de los panameños y el comercio de decenas de países.

Su mandato se extenderá hasta 2033. Durante esos siete años deberá conducir al Canal a través de la crisis climática, diversificar su negocio, ejecutar una nueva cartera de infraestructura y defender su confiabilidad en una etapa de intensa competencia geopolítica.

El casco rosa abrió una imagen posible. Su llegada a la Administración la convierte en realidad.

Hace 41 años, Ilya Espino de Marotta entró al Canal para aprender en un espacio donde no había otra ingeniera como ella. Hoy le corresponde conducirlo. Entre ambos momentos existe algo más importante que la ruptura de un techo de cristal: una vida profesional dedicada a prepararse para la responsabilidad que acaba de asumir.

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