Por: Norma Lezcano - revistaeyn.com
La tensión ya no es una especulación. Empieza a exponer un problema estructural que se irradia hacia el financiamiento global, con implicancias para América Latina.
La salida de más de US$ 20.000 millones de fondos de crédito privado reportada ayer por el Financial Times confirma un cambio de fase en uno de los segmentos más dinámicos —y menos transparentes— del sistema financiero global. Las solicitudes de reembolso reportadas en la víspera impactaron en algunos de los mayores jugadores del sector, como Apollo Global Management, Ares Management, Blackstone, Blue Owl Capital y KKR.
Durante la última década, el crédito privado se consolidó como una alternativa clave frente a la retracción bancaria, impulsado por regulaciones más estrictas, tras la crisis financiera del 2008, y por un entorno prolongado de tasas bajas.
Fondos de inversión, aseguradoras y family offices encontraron en estos vehículos una combinación atractiva: retornos superiores a los bonos tradicionales y una volatilidad aparentemente contenida.
Sin embargo, el episodio actual pone en evidencia una fragilidad central: la promesa implícita de liquidez en activos que, por naturaleza, no la tienen.
Dónde está el núcleo del problema
El núcleo del problema radica en un desajuste clásico. Los fondos de crédito privado invierten en préstamos directos a empresas —muchas veces ilíquidos y de largo plazo— mientras ofrecen a sus inversores ventanas periódicas de rescate. Está lógica del negocio genera un descalce estructural que emerge bajo presión.
En condiciones normales, ese equilibrio se sostiene. Pero, cuando aumenta la demanda de salidas, el esquema entra en tensión. Los gestores se enfrentan entonces a decisiones complejas: vender activos con descuento, restringir rescates o recurrir a mecanismos de diferimiento.
Este “descalce de liquidez” —históricamente subestimado en el auge del sector— empieza a materializarse como riesgo concreto, en un contexto de tasas aún elevadas, menor apetito por riesgo y valuaciones bajo escrutinio.
De narrativa de estabilidad a test de mercado
El crecimiento del crédito privado estuvo acompañado por una narrativa poderosa: acceso a rendimiento elevado con menor volatilidad que los mercados públicos.
Parte de esa estabilidad, sin embargo, respondía a un factor técnico: la valuación de activos bajo modelos internos (mark-to-model, lo cual implica modelos financieros y suposiciones técnicas), en lugar de precios de mercado (mark-to-market, lo cual arraiga en precios de mercado efectivos).
La actual ola de rescates introduce una prueba más exigente. A medida que los fondos deben generar liquidez, se vuelve más difícil evitar ajustes en valuaciones, lo que podría impactar en retornos reportados y en la confianza de los inversores. En ese sentido, el fenómeno no apunta —al menos por ahora— a un ciclo de defaults generalizado, sino a una fase de reprecio del riesgo y de la liquidez.
Impacto para América Latina
Aunque el epicentro está en Estados Unidos y Europa, las implicancias trascienden esos mercados.
En los últimos años, el crédito privado se convirtió en una fuente relevante de financiamiento para empresas fuera del sistema bancario tradicional, incluyendo compañías en mercados emergentes.
Para América Latina, el cambio de condiciones puede traducirse en tres canales principales:
• Menor disponibilidad de financiamiento internacional: los fondos tienden a priorizar mercados centrales en contextos de estrés.
• Mayor costo de capital: el repricing del riesgo eleva las tasas exigidas para nuevas operaciones o refinanciaciones.
• Mayor selectividad: sectores y geografías percibidos como más riesgosos podrían enfrentar restricciones más severas. Esto afecta especialmente a empresas medianas o estructuras que dependían del direct lending internacional como complemento —o sustituto— del crédito bancario.
El episodio también funciona como advertencia para inversores institucionales de la región —fondos de pensión, aseguradoras y banca privada— que han incrementado su exposición a activos alternativos en busca de rendimiento.
Hoy la brújula debe estar orientada para detectar cuán líquidos son estos instrumentos en escenarios adversos.
En paralelo, una advertencia que ya muchos expertos advierten: el foco regulatorio podría intensificarse. A medida que el crédito privado gana escala sistémica, crece el interés por monitorear riesgos que, hasta ahora, operaban en gran medida fuera del perímetro tradicional de supervisión.