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Private Credit: ¿se está gestando el próximo foco de estrés financiero?

Este viernes ocurrieron movimientos inquietantes a raíz de restricciones de rescates en fondos vinculados a BlackRock, Blackstone y Blue Owl. Se reavivó el debate sobre los riesgos de liquidez en un mercado que supera los US$1,5 billones.

2026-03-07

Por revistaeyn.com

En los últimos años, el mercado de private credit se convirtió en una de las áreas de mayor crecimiento dentro del sistema financiero global.

Con activos que superan ya US$1,5 billones, este segmento —basado en préstamos privados a empresas fuera del sistema bancario tradicional— atrajo a grandes gestores de inversión y a miles de inversores institucionales en busca de mayores rendimientos.

Pero algunos episodios recientes están empezando a encender señales de alerta.

Esta semana, un fondo de crédito privado vinculado a BlackRock limitó los retiros de inversores tras recibir solicitudes de rescate por alrededor de US$1.200 millones, superando el límite de liquidez permitido por el vehículo. El fondo aprobó parte de los retiros y pospuso el resto para futuros trimestres.

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No se trata de un default ni de un problema de solvencia. Sin embargo, el episodio puso de relieve una característica estructural de estos vehículos: la liquidez limitada de los activos en los que invierten.

Y BlackRock no es el único caso.

En los últimos meses, otros gigantes del sector han enfrentado situaciones similares. Blackstone, uno de los mayores gestores de crédito privado del mundo, ya había tenido que limitar rescates en su fondo BCRED tras recibir solicitudes superiores a los umbrales permitidos. Mientras tanto, la firma Blue Owl Capital también restringió retiradas en otro vehículo orientado a crédito corporativo.

Para muchos analistas, estos episodios no constituyen una crisis financiera. Pero sí podrían representar las primeras tensiones visibles en un mercado que creció explosivamente durante la última década.

El boom del crédito fuera de los bancos

El auge del private credit tiene raíces claras en el contexto posterior a la crisis financiera de 2008.

Las nuevas regulaciones bancarias —como Basilea III— limitaron la capacidad de los bancos para otorgar ciertos tipos de préstamos corporativos. Ese espacio fue ocupado progresivamente por fondos de inversión especializados.

Gestores como Blackstone, Apollo, Ares, Blue Owl o BlackRock comenzaron a ofrecer financiamiento directo a empresas medianas y grandes, generalmente con tasas más altas pero con mayor flexibilidad que los bancos tradicionales.

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Con las tasas de interés cercanas a cero durante gran parte de la última década, estos fondos se volvieron particularmente atractivos para inversionistas institucionales, fondos de pensiones y family offices que buscaban mayores retornos.

El resultado fue un crecimiento acelerado del sector.

El problema de la liquidez

Sin embargo, el modelo contiene una tensión estructural.

A diferencia de los bonos que cotizan en mercados públicos, muchos préstamos de private credit no pueden venderse rápidamente. Son instrumentos diseñados para mantenerse hasta su vencimiento.

Esto significa que, cuando muchos inversores intentan retirar dinero al mismo tiempo, los gestores deben recurrir a mecanismos contractuales conocidos como “gates” o límites de rescate, que restringen la cantidad de capital que puede retirarse en un período determinado.

Desde el punto de vista financiero, se trata de una práctica normal.

Pero en contextos de incertidumbre económica, estos límites pueden generar un efecto psicológico en el mercado: si los inversores temen quedar atrapados en un fondo poco líquido, pueden intentar salir antes que otros.

Un nuevo ciclo financiero

Las tensiones actuales también reflejan un cambio más amplio en el ciclo financiero global.

Durante años, los inversores aceptaron la menor liquidez del crédito privado a cambio de rendimientos superiores. Pero hoy el panorama es diferente.

Los bonos del Tesoro estadounidense ofrecen retornos relativamente atractivos y con liquidez inmediata, mientras que algunos analistas advierten sobre el aumento de riesgos crediticios en ciertos segmentos del mercado corporativo.

En ese contexto, algunos inversores están rebalanceando sus portafolios hacia activos más líquidos.

¿Un nuevo foco de riesgo sistémico?

Por ahora, pocos expertos creen que el mercado de private credit represente un riesgo sistémico comparable al que provocó la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, el tamaño alcanzado por este sector —y su creciente interconexión con otros segmentos del sistema financiero— ha comenzado a llamar la atención de reguladores y economistas.

Instituciones como el Banco de Pagos Internacionales (BIS) y el Fondo Monetario Internacional han advertido en informes recientes que el crecimiento de las finanzas no bancarias podría convertirse en un punto de vulnerabilidad si las condiciones económicas se deterioran.

El desafío, señalan algunos analistas, no está en la solvencia de los gestores sino en la combinación entre activos poco líquidos y expectativas de liquidez de los inversores.

Por ahora, los episodios recientes parecen más una señal temprana que el inicio de una crisis.

Pero para muchos observadores del mercado, el mensaje es claro: después de una década de expansión, el mercado de private credit comienza a enfrentar su primera gran prueba en un entorno financiero más exigente.

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