Por revistaeyn.com
A pesar del ruido político y financiero que marcó los primeros meses del año, 2025 cerró con un panorama externo más amable de lo que muchos anticipaban para América Latina. En un contexto global aún cargado de incertidumbre, un reporte del Banco Latinoamericano de Exportaciones (Bladex) señala que la región no solo logró sostener la llegada de capitales, sino que incrementó su peso dentro de los flujos hacia economías emergentes, concentrando más de 30 % del total, una proporción superior a la observada en 2023 y 2024.
"Este renovado apetito por los activos latinoamericanos se tradujo en una reducción significativa de las primas de riesgo. La brecha entre los bonos soberanos con grado de inversión y aquellos considerados de mayor riesgo se estrechó hasta niveles cercanos a los mínimos de las últimas dos décadas, alrededor de 250 puntos básicos, muy por debajo de su promedio histórico", apunta Bladex.
El mensaje de los mercados fue claro: la percepción de riesgo mejoró y las condiciones de financiamiento externo se tornaron más favorables tanto para gobiernos como para empresas.
Indicadores clave como el EMBI reflejaron esta tendencia. El índice para América Latina se ubicó en registros no vistos en más de siete años y, durante la segunda mitad de 2025, permaneció por debajo de su mediana de largo plazo. Este entorno facilitó la colocación de deuda y alentó nuevas emisiones.
VOLATILIDAD GLOBAL
No obstante, el reporte advierte que el margen para una mayor compresión de los spreads parece limitado, especialmente si persiste la volatilidad global y se agravan los desafíos fiscales en las economías avanzadas.
El balance financiero del año fue, en términos generales, "mejor de lo esperado: abundante liquidez, tasas de interés en descenso y un mayor interés por activos de mayor riesgo". Sin embargo, este escenario podría ser transitorio.
Aunque la Reserva Federal ya concluyó su proceso de ajuste cuantitativo, la expansión de la liquidez en dólares podría no ser suficiente para sostener las actuales condiciones. A ello se suma que el Tesoro de Estados Unidos enfrentará importantes vencimientos en 2026, lo que podría absorber capitales y ejercer presión al alza sobre los costos de financiamiento de los mercados emergentes.
Uno de los focos de atención para la región fue el endurecimiento de la política migratoria estadounidense y su posible impacto sobre las remesas, una fuente clave de ingresos para varias economías. Contra todo pronóstico, los envíos de dinero alcanzaron máximos históricos en casi todos los países, con excepción de México.
En Centroamérica, las remesas crecieron en promedio más de 20 % interanual, reforzando su papel como pilar económico. Todo apunta a que este impulso tuvo un componente precautorio y que, hacia 2026, los flujos se estabilizarían sin una caída abrupta.
En el frente comercial, "América Latina sorteó la escalada arancelaria global y se benefició de una mejora en sus términos de intercambio, que se acercan a los niveles del auge de las materias primas", indica el reporte. Este desempeño permitió recuperar participación en el comercio internacional y refleja una mayor diversificación exportadora, clave para enfrentar choques externos.
Con el correr del año, la combinación de fundamentos económicos más sólidos y un entorno geopolítico algo más favorable ayudó a moderar la percepción de riesgo. Las agencias calificadoras acompañaron este giro: en 2025 predominaron las mejoras en las notas soberanas, superando ampliamente a las rebajas.
Hoy, los mercados incluso anticipan posibles mejoras adicionales para países como Costa Rica, República Dominicana y El Salvador, mientras que casos como Ecuador muestran un optimismo que no se veía en años.