Finanzas

ANÁLISIS ¿Quiere la Unión Europea independizarse de Trump vendiendo deuda de EEUU?

Hoy, no en términos dramáticos. Pero sí está incubando algo más estratégico: la construcción de las condiciones para que esa independencia sea posible si fuese necesaria.

2026-02-12

Por revistaeyn.com

Por estos días, fuentes conocedoras del ambiente diplomático en Bruselas aseguran que se escucha una palabra que hasta hace poco parecía tabú: “desacople”. No comercial —eso sería demasiado evidente— sino financiero. Más concretamente, el interrogante persistente es: “¿puede la Unión Europea empezar a reducir su exposición a la deuda estadounidense como forma de presión estratégica frente a una Casa Blanca impredecible?”

La pregunta, que hace un año hubiera sonado a delirio de think tank, hoy circula con una naturalidad inquietante.

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El trasfondo es inequívoco: la tensión transatlántica bajo la segunda presidencia de Donald Trump, la amenaza de nuevos aranceles, el episodio Groenlandia y la percepción creciente en Europa de que la alianza ya no es un axioma sino una variable.

La tesis (atenuada con una interrogación) que circula en los ámbitos financieros europeos es provocadora: ¿quiere la UE independizarse de Trump vendiendo sus papeles de deuda y complicando, así, a la economía de Estados Unidos?

De tener esto algún asidero, estaríamos ante algo que se parece —mucho— a una declaración de guerra de baja intensidad. Financiera. Silenciosa. Y por ahora, apenas insinuada.

El tamaño del “arma”

Los números son elocuentes. Según datos compilados por el Tesoro estadounidense y analistas citados por The Financial Times y The Wall Street Journal, los inversores europeos poseen aproximadamente el 40% de los bonos del Tesoro en manos extranjeras. Si se excluye al Reino Unido (con cerca de US$ 888.000 millones), en la Europa continental destacan:

● Bélgica: ~US$481.000 millones

● Luxemburgo: ~US$426.000 millones

● Francia: ~US$376.000 millones

● Irlanda: ~US$340.000 millones

Pero la exposición no se limita a Treasuries. Si se incluyen acciones, bonos corporativos y otros activos estadounidenses, las estimaciones sitúan el total en un rango de US$ 8 a 12 billones (trillions anglosajones) en manos europeas.

Europa no es un actor marginal. Es el mayor prestamista externo de Estados Unidos.

En paralelo, la Posición de Inversión Internacional Neta (PIIN) de EEUU —su saldo entre activos en el exterior y pasivos frente al resto del mundo— ronda un déficit de US$27 billones.

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Washington financia estructuralmente sus déficits fiscales y comerciales gracias a la confianza global en el dólar y a la disposición de actores como Europa a reciclar sus excedentes en activos estadounidenses.

En otras palabras: cada euro invertido en un bono del Tesoro es una pieza más en la arquitectura que sostiene el privilegio exorbitante del dólar.

Las señales desde Bruselas

No ha habido, hasta ahora, un anuncio formal de “Vender América!”. Pero sí señales.

1. La “militarización del capital”

En círculos técnicos europeos se ha empezado a hablar de la “instrumentalización” o “militarización del capital”. La idea no es nueva —China la explora hace años— pero sí lo es su discusión abierta en el eje Bruselas-París-Berlín.

El debate sobre activar el Instrumento Anticoerción de la UE frente a presiones estadounidenses ha ampliado su espectro: ya no solo se habla de aranceles o restricciones comerciales, sino de posibles medidas que afecten mercados de capitales. En el Foro de Davos, el propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, pidió moderación, en lo que algunos en Bruselas interpretaron como una señal de que Washington entiende la vulnerabilidad estructural.

2. El cuestionamiento del dólar como activo refugio incuestionable

The Financial Times ha señalado en varias ocasiones que la erosión política en EEUU, el uso creciente de sanciones financieras y la volatilidad geopolítica están llevando a bancos centrales e inversores institucionales a reconsiderar la concentración en activos denominados en dólares.

No se trata aún de una estampida. Pero sí de una discusión estratégica sobre diversificación.

El año pasado, algunos fondos de pensiones daneses comenzaron a reducir su exposición al dólar. El movimiento fue técnico, no político. Pero en Bruselas se lo leyó como un síntoma.

3. El impulso a un “activo seguro europeo”

Aquí entra el debate más estructural: los eurobonos.

La crónica de ANSA refleja la tensión actual: Emmanuel Macron insiste en que la única forma de competir con EEUU y China es mediante deuda común europea, mientras Alemania —aunque con matices emergentes desde el Bundesbank— sigue siendo reticente.

¿Por qué importa esto en el contexto del “Vender América!”?

Porque un activo seguro europeo líquido y profundo sería la condición necesaria para que el capital europeo tenga una alternativa sistémica a los Treasuries. Sin eso, vender deuda estadounidense sería financieramente suicida.

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La discusión sobre completar la Unión Bancaria, integrar los mercados de capitales y crear un fondo europeo de ahorro e inversión no es tecnocracia aburrida: es la infraestructura para una eventual autonomía estratégica del euro.

Si Europa logra emitir un bono común altamente líquido, fortalecería el papel internacional del euro y reduciría su dependencia estructural del dólar. Hoy esa arquitectura está en construcción. No terminada.

¿Puede Europa apretar el gatillo?

La respuesta honesta es: puede, pero no sin dispararse en el pie.

La mayor parte de los activos estadounidenses en manos europeas pertenecen a fondos privados, aseguradoras y fondos de pensiones, no a gobiernos. La UE no tiene un botón rojo centralizado que diga “vender”.

Además:

● Una venta masiva depreciaría el valor de los activos remanentes.

● Podría fortalecer temporalmente el dólar por efecto refugio.

● La Reserva Federal podría intervenir para estabilizar el mercado.

● Europa sigue dependiendo de EEUU en seguridad, tecnología y defensa (Ucrania incluida).El Wall Street Journal ha subrayado que, pese a la retórica política, la demanda privada global por Treasuries sigue siendo robusta. Incluso cuando bancos centrales extranjeros reducen posiciones, el sector privado absorbe oferta.

El verdadero poder europeo no radica en una liquidación abrupta, sino en algo más sutil: una reducción gradual, estratégica y coordinada en la reinversión de vencimientos. Eso sí sería un cambio estructural.

No un bombazo. Un goteo.

Cómo se mira esto desde América Latina

Para América Latina, esta discusión no es anecdótica. Tiene implicancias directas:

1. Tipo de cambio y dólar Si Europa redujera significativamente su exposición, el dólar podría enfrentar presión estructural. Para economías latinoamericanas altamente dolarizadas o endeudadas en dólares, esto es crucial.

2. Costos de financiamiento global Una subida sostenida en los rendimientos de los Treasuries elevaría el costo del capital global. América Latina lo sentiría de inmediato en sus spreads soberanos.

3. Reconfiguración de alianzas Si la UE acelera su autonomía estratégica —financiera, tecnológica y militar— podría buscar con más intensidad socios en el Sur Global, incluidos mercados latinoamericanos.

4. Oportunidades en euros Un fortalecimiento del euro como activo de reserva abriría la puerta a emisiones soberanas latinoamericanas más diversificadas.

Para la región, la pregunta no es si Europa venderá mañana. Es si el eje financiero transatlántico está entrando en una fase de erosión lenta pero persistente.

Análisis de E&N, con información de WSJ, Financial Times, ANSA y El Economista (España).

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