Por: Revistaeyn.com
La relación de los ahorristas latinoamericanos con el patrimonio offshore fue relativamente simple durante décadas. Se trataba de proteger capital fuera de sus países, mantener liquidez en dólares y evitar riesgos domésticos. El eje estaba puesto más en la preservación que en la sofisticación financiera.
Ese patrón todavía existe, pero la industria de wealth management coincide en que está cambiando rápidamente. El inversionista latinoamericano —sobre todo el de alto patrimonio y, cada vez más, segmentos affluent y de clase media alta— comenzó a migrar desde una lógica de “cash offshore” hacia una arquitectura de inversión más global, diversificada y sofisticada.
El fenómeno combina varias fuerzas simultáneas: inflación persistente, fragilidad fiscal regional, volatilidad política, digitalización del acceso a inversiones internacionales, expansión de ETFs y plataformas offshore. Además, un cambio generacional que está modificando la cultura financiera de la región.
“La ruta hacia la internacionalización de carteras es bastante estructural y está en expansión”, explicó Marcelo Santucci, socio y CIO de International Portfolio Solutions de BTG Pactual, en declaraciones recogidas por Funds Society.
El fin parcial del “cash en dólares”
La banca privada offshore tiene una larga tradición en América Latina precisamente porque la región acumula décadas de devaluaciones, defaults, controles cambiarios y crisis políticas. Eso consolidó una conducta defensiva: sacar parte del patrimonio al exterior y mantenerlo en instrumentos extremadamente conservadores. Pero, incluso esa conducta está evolucionando.
“Históricamente, el inversionista latinoamericano siempre ha tenido un perfil offshore más conservador, muy enfocado en efectivo en dólares, money market y Treasuries de corto plazo. Pero esto ha estado cambiando gradualmente”, señaló Santucci.
El movimiento no implica abandonar el dólar como refugio. Lo que está ocurriendo es que el dólar deja de ser únicamente un depósito de valor y empieza a funcionar como plataforma para construir portafolios globales.
Desde CFA Society Miami, Guillermo Rodríguez sostiene que las altas tasas reales que ofrecieron varios países latinoamericanos durante los últimos años mantuvieron cierto “home bias” (sesgo local) entre inversores regionales. Sin embargo, el escenario comenzó a girar.
“A medida que las tasas de renta fija locales empiecen a caer, esperamos que el home bias siga disminuyéndose, llevando a los inversionistas a buscar más exposición a mercados internacionales”, afirmó.
Ese cambio ya se refleja en la composición de las carteras offshore latinoamericanas.
Según el “Latin American & US Offshore Advisors Portfolio Barometer” de Natixis Investment Managers, las carteras moderadas de clientes latinoamericanos en el primer semestre de 2025 promediaban aproximadamente 44% en renta variable y 43% en renta fija, todavía más conservadoras que las de Estados Unidos o Europa, pero claramente más diversificadas que en el pasado.
ETFs, plataformas digitales y democratización financiera
Uno de los grandes aceleradores de este cambio es tecnológico.
El acceso a activos globales que antes estaba restringido a clientes ultrarricos hoy se expandió vía plataformas digitales, brokers internacionales, banca privada remota y ETFs temáticos o multi-activo.
La masificación de los ETFs transformó especialmente el comportamiento de inversores jóvenes latinoamericanos, mucho más cómodos con carteras globales, exposición internacional y rebalanceos dinámicos.
En Brasil, por ejemplo, la expansión de productos vinculados a crédito privado global, renta fija internacional y estrategias híbridas muestra hasta qué punto el mercado regional comenzó a sofisticarse.
Nu Asset lanzó ETFs de crédito corporativo estadounidense con cobertura cambiaria para inversores brasileños, mientras nuevos vehículos de private credit empiezan a acercar estrategias antes institucionales al segmento wealth.
El fenómeno es parte de una tendencia global mucho más amplia: la “retailización” de los activos alternativos.
Gestoras como BlackRock, Apollo Global Management, KKR y Blackstone ya desarrollan vehículos evergreen y estructuras semilíquidas destinadas a clientes no institucionales.
Incluso State Street Global Advisors lanzó junto a Apollo uno de los primeros ETFs híbridos de crédito público y privado, el SPDR SSGA Apollo IG Public & Private Credit ETF (PRIV), reflejando cómo el private credit empieza a salir del universo exclusivamente institucional.
El ascenso de los alternativos
La gran novedad del wealth management latinoamericano no es solamente la diversificación geográfica. Es también la creciente incorporación de activos alternativos.
Private equity, private credit, infraestructura, real estate, hedge funds y activos reales empiezan a ocupar un espacio más central en carteras regionales.
Según Preqin, los activos alternativos globales crecieron cerca de 9,8% anual en 2025, impulsados especialmente por private equity y deuda privada.
Y la tendencia ya llegó a América Latina. “La democratización de los alternativos” aparece hoy como uno de los principales vectores de crecimiento para la industria regional de asset management durante la próxima década.
México, Brasil, Chile y Colombia son vistos por la industria como los mercados mejor posicionados para capturar esta transformación, tanto por profundidad financiera como por desarrollo regulatorio.
La lógica detrás del fenómeno es clara: los inversionistas buscan diversificación, retornos menos correlacionados con mercados públicos y protección frente a inflación, volatilidad política y ciclos de tasas.
El private credit ocupa un lugar particularmente relevante en esta transición.
Invesco sostiene que el crédito privado dejó de ser una estrategia “de nicho” para convertirse en un “pilar estratégico” dentro de las asignaciones institucionales y patrimoniales.
Un inversor marcado por la volatilidad
Paradójicamente, la misma inestabilidad estructural latinoamericana que históricamente generó conductas defensivas está ayudando ahora a formar inversores más sofisticados en gestión de riesgo.
Los ejecutivos del sector coinciden en que el cliente latinoamericano posee una sensibilidad particularmente alta hacia inflación, riesgo fiscal, monedas y ciclos políticos.
Eso explica por qué, incluso mientras aumenta la exposición a renta variable y alternativos, sigue existiendo una fuerte demanda por coberturas, oro, bonos indexados a inflación, infraestructura y activos reales.
“Décadas de experiencia en entornos macroeconómicos volátiles hacen que el inversionista latinoamericano tenga una alta sensibilidad al riesgo fiscal, inflación y divisas”, explicó Santucci.
Esa memoria histórica probablemente explica también algunas preferencias geográficas.
Estados Unidos sigue siendo el principal destino offshore de los capitales latinoamericanos, especialmente por profundidad de mercado, liquidez y exposición tecnológica.
Europa, en cambio, perdió atractivo relativo por menor crecimiento estructural. China también retrocedió en preferencias regionales debido a incertidumbre regulatoria y tensiones geopolíticas.