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Cómo será Internet cuando millones de agentes dominen el tráfico: Huawei lo anticipa

La compañía china proyecta que 900.000 millones de sistemas autónomos podrían generar más del 90 % del tráfico mundial de tokens de inteligencia artificial. El cambio obligaría a rediseñar redes, centros de datos y mecanismos de ciberseguridad.

2026-09-16

Por: Revistaeyn.com

¿Qué ocurre cuando la mayoría del tráfico de inteligencia artificial ya no lo generan personas conversando con máquinas, sino máquinas conversando y actuando entre sí?

Huawei cree que esa transformación podría producirse durante la próxima década. Para 2035, la compañía china anticipa una Internet poblada por hasta 900.000 millones de agentes de inteligencia artificial: sistemas capaces de observar su entorno, razonar, tomar decisiones, recurrir a herramientas digitales y ejecutar tareas con un grado creciente de autonomía.

La cifra equivaldría a unos cien agentes por cada habitante previsto del planeta.

Esos sistemas podrían generar más del 90% del tráfico mundial de tokens de IA, según el informe "Intelligent World 2035: Turning Vision into Action", presentado por Huawei. Los tokens son las unidades mínimas de información que los modelos procesan cuando reciben una instrucción, analizan datos o producen una respuesta.

La compañía calcula que su consumo anual aumentará 100.000 veces en los próximos diez años.

La proyección describe un cambio mucho más profundo que una nueva generación de asistentes virtuales. La Internet actual está organizada principalmente alrededor de personas que utilizan aplicaciones, visitan páginas, consumen contenidos y envían instrucciones. La que imagina Huawei estaría dominada por agentes digitales que trabajan de forma permanente para usuarios, empresas y otros sistemas autónomos.

Un agente podría negociar una compra, coordinar una cadena logística, administrar el consumo energético de un edificio o identificar una anomalía en una fábrica. Para completar esas tareas tendría que consultar distintas fuentes, comunicarse con otros agentes, utilizar aplicaciones externas y adoptar decisiones sin solicitar autorización humana en cada paso.

La interacción dejaría de ser únicamente entre personas y máquinas. Cada vez con mayor frecuencia sería entre máquinas.

Del chatbot al agente autónomo

Los asistentes actuales funcionan principalmente bajo un esquema de pregunta y respuesta: el usuario formula una solicitud y la inteligencia artificial genera un resultado. Los agentes representan una etapa diferente porque pueden dividir un objetivo en varias tareas, establecer un plan, utilizar herramientas y verificar los resultados antes de continuar.

También pueden permanecer activos y reaccionar ante cambios en su entorno.

Un chatbot puede explicar cómo reservar un viaje. Un agente podría comparar itinerarios, revisar el calendario de su usuario, solicitar precios a diferentes plataformas, efectuar la reserva y reorganizar una reunión que coincida con el vuelo.

En una empresa, varios agentes podrían colaborar para vigilar inventarios, anticipar la demanda, negociar con proveedores y modificar automáticamente una ruta de distribución. En una red eléctrica, podrían equilibrar en tiempo real la generación, el almacenamiento y el consumo.

Huawei denomina “Internet agéntica” a la infraestructura necesaria para sostener esas interacciones masivas. A diferencia de la Internet móvil, diseñada fundamentalmente para distribuir contenidos a usuarios humanos, esta nueva red tendría que conectar agentes que producen y consumen información de manera continua.

Muchos de ellos estarían incorporados en automóviles, robots industriales, drones, hogares inteligentes, equipos médicos y sistemas de control.

La información intercambiada tampoco se limitaría a textos, imágenes o videos. Incluiría posición, movimiento, datos ambientales y representaciones tridimensionales del mundo físico. Los agentes necesitarían comunicarse con muy poca latencia porque algunas decisiones —frenar un vehículo, detener una máquina o corregir una falla eléctrica— no admitirían demoras.

La infraestructura detrás de la inteligencia

La multiplicación de agentes supondría una enorme presión sobre la infraestructura tecnológica mundial.

Huawei plantea aumentar cien veces la escala de los clústeres informáticos y reducir mil veces el costo de las tareas realizadas por agentes. También prevé nuevos sistemas de almacenamiento, plataformas de nube concebidas específicamente para agentes y redes capaces de transportar cantidades muy superiores de información en tiempo real.

La edición anterior de "Intelligent World 2035", publicada en 2025, estimaba que el tráfico general de datos y la capacidad de las comunicaciones podrían multiplicarse por cien durante la década. También calculaba que la demanda mundial de almacenamiento para IA crecería 500 veces.

No se trata de la misma medición que el aumento de 100.000 veces proyectado ahora para el consumo de tokens. El tráfico de datos, la capacidad de las redes y el procesamiento de tokens son indicadores diferentes, aunque todos apuntan hacia una misma conclusión: la IA necesitará una infraestructura mucho mayor que la actual.

Ese escenario supone una oportunidad comercial evidente para Huawei.

La compañía produce equipos de telecomunicaciones, sistemas de nube, plataformas de almacenamiento y procesadores para inteligencia artificial. Guo Ping, presidente del consejo de supervisión de Huawei, afirmó que la empresa considera la IA su “mayor oportunidad” y quiere que su infraestructura informática se convierta en el equivalente chino de Nvidia, líder estadounidense en chips para esta tecnología.

Por eso, las cifras del informe deben leerse como proyecciones corporativas y no como predicciones inevitables o como un consenso científico. Huawei no es solamente una observadora de esta transformación: aspira a vender buena parte de la infraestructura necesaria para hacerla posible.

¿Quién controla a los agentes?

La autonomía que hace útiles a estos sistemas es también su principal riesgo.

Un agente con capacidad para utilizar herramientas, mover dinero, controlar dispositivos o modificar procesos industriales puede causar daños si interpreta incorrectamente una instrucción, es manipulado por un atacante o comienza a actuar fuera de los límites establecidos.

Cuando millones de agentes colaboren entre sí, determinar responsabilidades podría resultar todavía más complejo.

¿Quién responde si un agente financiero ejecuta una operación equivocada porque confió en la información de otro sistema? ¿Cómo se impide que un programa malicioso suplante la identidad de un agente autorizado? ¿Quién detiene una cadena de decisiones automatizadas antes de que produzca consecuencias en el mundo físico?

Huawei incluye la seguridad y la protección de la privacidad entre las diez áreas indispensables para sostener esa nueva Internet. Su propuesta contempla identidades verificables para los agentes, registros de sus operaciones, mecanismos de autenticación y sistemas capaces de detectar comportamientos anómalos.

La empresa ya lanzó una plataforma autónoma de operaciones de seguridad que utiliza agentes para detectar amenazas y responder a ellas. También ha planteado el desarrollo de “cortafuegos de IA” para proteger los sistemas empresariales.

El reto, sin embargo, no es únicamente técnico. Una Internet poblada por agentes requerirá reglas sobre permisos, responsabilidad, transparencia y supervisión humana. También necesitará estándares que permitan a sistemas desarrollados por compañías y países diferentes comunicarse sin comprometer la seguridad.

El informe aparece en medio de un creciente debate internacional sobre la velocidad con la que debería avanzar la inteligencia artificial.

Huawei no propone frenar el desarrollo, sino asumir que las capacidades y el despliegue de los agentes crecerán aceleradamente y construir desde ahora la infraestructura necesaria para controlarlos.

Es imposible saber si en 2035 existirán realmente 900.000 millones de agentes o si producirán más del 90% del tráfico mundial de tokens. Diez años representan un horizonte especialmente largo en una industria que cambia en cuestión de meses. Pero la dirección del cambio ya puede observarse.

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