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Por qué el IMC ya no basta para diagnosticar la obesidad

Un nuevo marco internacional propone conservar el Índice de Masa Corporal (IMC) como señal de alerta, pero sumar la distribución de la grasa, la circunferencia abdominal, las enfermedades asociadas y la capacidad funcional para evaluar el riesgo real de cada persona.

2026-08-11

Por: Revistaeyn.com

Durante décadas, el índice de masa corporal (IMC) funcionó como una referencia rápida para clasificar el sobrepeso y la obesidad.

El cálculo —que relaciona el peso con la altura— es sencillo, accesible y útil para observar poblaciones. Sin embargo, puede quedarse corto cuando se utiliza como único criterio para evaluar la salud de una persona.

Un nuevo marco diagnóstico publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology propone mirar más allá de la balanza. La recomendación no es abandonar el IMC, sino tratarlo como un primer indicador y complementarlo con datos sobre la distribución de la grasa corporal, la circunferencia de la cintura, las enfermedades asociadas, la funcionalidad y la historia clínica.

El cambio busca responder una pregunta más importante que el peso aislado: ¿el exceso de grasa ya está afectando el funcionamiento del organismo, la salud metabólica o la vida cotidiana?

El mismo IMC puede esconder riesgos muy diferentes

Una de las principales limitaciones del IMC es que no distingue entre grasa y masa magra. Una persona con gran desarrollo muscular puede alcanzar un valor que la ubique en la categoría de sobrepeso u obesidad sin que ese resultado describa adecuadamente su composición corporal.

En el extremo contrario, alguien con poca masa muscular y exceso de grasa puede presentar una obesidad sarcopénica que el número tampoco permite comprender por sí solo.

Josep Vidal, jefe del grupo de obesidad del Hospital Clínic de Barcelona, señala que el diagnóstico basado únicamente en el IMC es “muy imperfecto” por la relación moderada entre ese índice y la adiposidad.

En términos prácticos, dos personas con el mismo resultado pueden tener riesgos de salud muy distintos.

El IMC tampoco indica dónde se concentra la grasa

Vidal subraya que esa ubicación es determinante para el riesgo metabólico: la grasa visceral se asocia con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y trastornos cardiovasculares, mientras la grasa glúteo-femoral puede tener un efecto protector.

Por eso, el marco citado considera que el IMC aislado es un correlato débil a escala individual: puede advertir sobre un posible exceso de adiposidad, pero no identifica por sí mismo sus consecuencias fisiológicas o clínicas.

Obesidad preclínica y clínica: una distinción que cambia la atención

La propuesta introduce una diferencia entre obesidad preclínica y obesidad clínica.

La primera describe un estado de exceso de adiposidad en el que otros tejidos y órganos conservan su función. No equivale a ausencia de riesgo: requiere seguimiento profesional y medidas de prevención.

La obesidad clínica se presenta cuando el exceso de grasa ya ha provocado un daño verificable en uno o más órganos —por ejemplo, insuficiencia cardíaca, fibrosis hepática o apnea del sueño— o cuando limita actividades cotidianas como bañarse o vestirse.

Esta clasificación desplaza el foco desde una categoría determinada por el peso hacia el impacto concreto de la adiposidad sobre la salud. También permite diferenciar las necesidades de seguimiento, prevención y tratamiento de personas que, aunque compartan un mismo IMC, no se encuentran en la misma situación clínica.

Qué debería observar una evaluación más completa

El IMC puede conservarse como señal inicial, pero el exceso de grasa debería confirmarse con medidas adicionales. Entre las propuestas aparecen la circunferencia abdominal, la relación entre cintura y altura, la relación cintura-cadera y, cuando estén disponibles, tecnologías capaces de analizar directamente la composición corporal.

Para la circunferencia abdominal, el documento difundido por Adium cita umbrales de riesgo de 102 centímetros en hombres y 88 centímetros en mujeres.

Esos puntos pueden ser menores en determinadas poblaciones: para personas originarias de Centroamérica, Suramérica y Asia se mencionan valores superiores a 90 centímetros en hombres y 80 centímetros en mujeres.

Vidal considera la circunferencia abdominal un “gran marcador clínico”, aunque tampoco perfecto. Por ello, se recomienda combinarla con otros indicadores. En la relación cintura-altura, el punto de corte propuesto es superior a 0,5. Para la relación cintura-cadera, los umbrales sugeridos son 0,90 en hombres y 0,85 en mujeres.

Ninguna de estas cifras debería leerse como un diagnóstico independiente. El marco plantea hasta 18 componentes clínicos que el personal médico puede considerar para establecer si existe obesidad clínica. La valoración incorpora comorbilidades, capacidad funcional e historia médica, además de las mediciones corporales.

La urgencia de afinar el diagnóstico

Las estimaciones citadas en el comunicado de Adium dimensionan el desafío: si las tendencias actuales continúan, cerca de 3.000 millones de adultos —alrededor de la mitad de la población adulta mundial— vivirían con sobrepeso u obesidad en 2030.

Dentro de ese grupo, más de 1.100 millones vivirían con obesidad: 487 millones de hombres y 643 millones de mujeres.

Ante esa escala, una herramienta fácil de calcular sigue teniendo valor, pero no puede sustituir la evaluación clínica. Un diagnóstico más preciso puede evitar tanto la clasificación errónea de personas como la demora en identificar daños que requieren atención.

Una conversación sobre salud, no sobre culpa

La nueva mirada también busca reducir las simplificaciones que rodean a la obesidad. Reconocerla como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial implica considerar la salud metabólica, las condiciones asociadas, la funcionalidad, los hábitos, el bienestar emocional y las barreras que enfrenta cada persona para sostener un tratamiento.

“Esta nueva mirada permite entender mejor el riesgo real de cada persona y evitar simplificaciones que pueden retrasar la atención. La obesidad es una de las principales amenazas para el envejecimiento saludable y debe abordarse con seriedad médica, no con culpa ni estigma”, afirma Víctor Kalpokas, gerente médico de Adium Latinoamérica.

En ese contexto, la farmacéutica impulsa la campaña “Hablar te quita un peso de encima”, que invita a iniciar una conversación respetuosa y basada en evidencia con profesionales de la salud.

La propuesta busca que la consulta no se reduzca al número de la balanza ni a respuestas rápidas, sino que incluya historia clínica, comorbilidades, hábitos, bienestar emocional, adherencia y alternativas terapéuticas.

El abordaje puede integrar cambios en el estilo de vida, nutrición, actividad física, apoyo conductual, atención de la salud mental, farmacoterapia aprobada o cirugía bariátrica cuando corresponda. La elección depende de una evaluación profesional y del seguimiento médico.

La balanza puede ser un punto de partida. El cambio que propone el nuevo marco consiste en evitar que también sea el punto final: el riesgo y las necesidades de una persona no caben en un solo número.

Con información de Adium.

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