Centroamérica & Mundo

ANÁLISIS. La doctrina “Donroe” o el neoimperialismo de bajo costo y sus repercusiones para Centroamérica

La llamada doctrina “Donroe” redefine el rol de Washington en el continente y anticipa cambios profundos en la relación con América Latina. Este análisis explora las claves del neoimperialismo de bajo costo y sus consecuencias directas para Centroamérica.

2026-01-14

Por: Christian Calderón Cedillos (Universidad de San Carlos de Guatemala) para E&N

“Vi toda la operación literalmente como si fuera un show de televisión”. (Donald Trump, declaración a la cadena de noticias Fox News el 03 de enero de 2026, luego de la intervención militar en Venezuela).

Entre el show y la estrategia

Si consideramos las narrativas hollywoodenses a las que es aficionado el presidente D.J.Trump, en la conferencia de prensa el día de la llamada por el gobierno estadounidense Operación Solución Absoluta en Venezuela para capturar a la pareja presidencial, la declaración del mandatario resume muy bien su visión muy personal de la política exterior estadounidense en el primer año de su segundo mandato. (Y aquí, uno de sus puntos más preocupantes a futuro desde una visión más crítica, como se verá).

Si bien para muchos lo anterior sería una medida típica de un dictador, para Andrew Sullivan, el incisivo bloguero conservador británico muy conocido en el ámbito anglosajón califica las acciones del presidente Trump como la de un “wanabbe monarch” (monarca aspiracional).

Una caracterización que comparten miles del llamado movimiento de protesta anti Trump #NoKings (No reyes) en Estados Unidos y comediantes televisivos muy populares como Stephen Colbert y Jimmy Kimmel, ambos denunciados por la administración trumpista y cancelados al aire temporalmente, y restituidos posteriormente luego de la enorme caída de suscripciones en la plataforma Disney+.

En tanto, ya sea desde las anteojeras ideológicas o de las visiones clásicas económico políticas, los diversos análisis que se pueden consultar, si bien algunos muy informados y agudos en algunos casos, muestran sus límites al querer entender o explicar las razones centrales de la intervención del gobierno trumpista en Venezuela.

No es necesario abundar en ellas, algunas muy sugerentes se reitera, pero si cabe solamente señalar sus alcances y desmontar algunas explicaciones que se repiten abundantemente en muchas interpretaciones.

No nos detenemos en las más ideológicas porque -ni siquiera la Casa Blanca las invocó- en descargo de las más mencionadas: combate al narcotráfico, crimen organizado, terrorismo, narcoterrorismo entre otras. Baste decir que los interpretes más serios las ven como excusas o justificaciones para el consumo de las audiencias trumpistas internas o externas.

En cuanto a la democracia, ni una sola vez fue mencionada en la alocución del presidente norteamericano flanqueado por su llamado gabinete de guerra Pete Hegseth, secretario de Guerra y Marco Rubio, Secretario de Estado.

Con relación a las visiones economicistas se resumen en una: el control (o apropiación) de los recursos de Venezuela, entiéndase, el petróleo venezolano.

En otros términos, las razones propias del imperialismo económico. El mayor argumento para esta lectura, las declaraciones del propio presidente norteamericano el mismo 03 de enero (“Vamos a vender el petróleo [venezolano]. Petróleo. Petróleo. Petróleo.”). Sin duda, esta razón es de mucho peso.

Pero las razones económicas del mercado obligan e introducen matices difíciles de ignorar para ponderar de manera realista esta motivación.

<i>Andrew Sullivan, bloguero conservador británico, califica las acciones del presidente Trump como la de un “wanabbe monarch” (monarca aspiracional). (Foto: Shutterstock) </i>

En efecto, de acuerdo con estimaciones de los analistas financieros la industria petrolera de Venezuela (PDVSA) representa luego de años de régimen chavista apenas el 1 por ciento del mercado mundial y comparativamente es 14 veces menor que la que produce diario Estados Unidos, el mayor productor del mundo.

Y si bien, según las mismas fuentes, Venezuela posee la mayor reserva petrolera mundial (300 mil millones de barriles), explotar esa cantidad comercialmente equivaldría a una inversión de mas de US$100.000 millones con resultados rentables en 10 años, una cifra que supera varias veces la inversión petrolera en todo el mundo en 2024. Y otro dato, dada la sobreoferta petrolera versus la demanda, los precios se mantienen a la baja desde 2019.

El presidente Trump habla bastante (y promete aún más) pero frecuentemente parece desconocer las implicaciones más allá de la simple espectacularidad mediática y su afición a la adulación personal. En una reunión posterior a la operación militar con los ejecutivos de las principales petroleras, el escepticismo mostrado por los empresarios se mantuvo. La prometida operación multimillonaria sigue siendo una moneda en el aire.

La doctrina “Donroe”, ¿una especie de Lebensraum?

En otra vertiente de interpretaciones, que combinan las razones geopolíticas con la lectura histórica se afirma que la intervención militar en Venezuela es una clara confirmación material de la aplicación de la llamada doctrina “Donroe” anunciada por el actual gobierno recientemente.

Una versión actualizada de la histórica doctrina Monroe, en alusión a el quinto presidente estadounidense James Monroe para justificar la política exterior de derecho de veto y de intervención por cualquier vía incluso la militar, por parte de Estados Unidos en la política continental americana frente a las potencias europeas de la época, principalmente Francia y Gran Bretaña.

La llamada doctrina “Donroe” serían entonces una actualización en versión MAGA.

Es decir, significa que Estados Unidos (o para efectos prácticos, su máximo líder, Donald Trump) tiene la postestad autoasumida de intervenir en los asuntos de política interna de cualquier país del continente americano si lo considera una amenaza -real o imaginaria da lo mismo- a sus intereses de seguridad nacional.

Visto así, el cambio de nombre no necesita explicación.

Sin embargo, en la misma línea otras lecturas más a fondo tratan de poner en perspectiva el significado desde la realpolitik, los acontecimientos del 03 de enero y sus implicaciones no sólo para la región si no al nivel global.

Entre estas últimas, se sugiere dado las preocupantes declaraciones de Washington sobre Groenlandia e Irán, probables nuevos objetivos militares estadounidenses, que la intervención militar venezolana que capturó y encarceló al dictador Nicolás Maduro para procesarlo judicialmente en Nueva York, es solo un capítulo del nuevo orden global de zonas de influencia delimitadas entre Rusia en Europa, China en Asia y Estados Unidos en el continente americano.

A lo anterior se suma, que esta interpretación interpela a las interpretaciones latinoamericanistas que soslayan que los intereses norteamericanos de la actual administración abarcan también el Oriente Medio como zona de influencia en alianza con el gobierno de Israel, de ahí la potencial ofensiva también a Irán, ya bombardeado en junio pasado. No se trata solamente de América Latina.

<i>La captura de Maduro sería sólo un capítulo del nuevo orden global de zonas de influencia delimitadas entre Rusia en Europa, China en Asia y Estados Unidos en el continente americano. (Collage: E&amp;N)</i>

La doctrina “Donroe” muestra alarmantes semejanzas con la política de delimitación de zonas de influencia pero con uso de la fuerza, muy parecido a la conformación de la llamada Lebensraum (espacio vital), la política de expansionismo y dominio del gobierno nacionalsocialista alemán en la Segunda Guerra Mundial.

En todo caso, si bien no todos los análisis quizá estarían de acuerdo con esta visión, todos coinciden que las implicaciones de una -por lo demás ya anunciada por la cúpula trumpista- ocupación militar de Groenlandia, actualmente territorio danés, vulneraría gravemente el pacto de la OTAN y hasta podría en riesgo su existencia. Un escenario altamente probable cada vez más, desde la intervención en Venezuela

Aunque desde la ironía o alarma, según se quiera ver: ni Hegseth es Rommel ni Rubio es Göring.

Repercusiones para Centroamérica

La reciente declaración del Jefe de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos Mike Jhonson al ser cuestionado sobre el continuismo de la plana mayor del chavismo madurista luego de la captura del dictador venezolano, fue muy esclarecedora: “No buscamos un cambio de régimen -en Venezuela-, es una exigencia de cambio de comportamiento de un régimen”.

¿Cuáles son los rasgos de esta nueva doctrina?.

Acá no es necesario especular tanto, basta tomar nota de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, presentada a finales de noviembre de 2025.

Algunos son viejos: intereses económicos, control de las drogas e inmigración. Pero hay nuevos: amenaza directa del uso de la fuerza y expansión territorial, algo no visto en la región desde el imperialismo del siglo XIX.

Como señalan varios análisis de todos los espectros desde Fukuyama hasta Jeffrey Sachs, es una agenda imperialista. O como precisa el lente geopolítico: un retorno de los imperios. China, Rusia y Estados Unidos.

Que el caso de este último se configura como un neoimperialismo patrimonialista y de bajo costo. Patrimonialista porque depende de las veleidades e intereses personales del presidente – que incluye además los de su familia- sin límites legales internos. Y de bajo costo porque no implica botas en el terreno y ocupación, solo intervenciones puntuales evitando los costos financieros y políticos de esas operaciones. A las cuales el mismo Trump se opone retóricamente, y en un año electoral hay que cuidar a los ratings del MAGA, un dato sensibilísimo para el neoimperialismo presidencial. Según una encuesta reciente de Reuters-Ipsos la popularidad del mandatario se mantuvo estática a la baja (41 por ciento) luego de Operación Absoluta.

<i>Se aproxima un periodo de realineamientos de las políticas exteriores de los países de la región, según el ritmo que ya empezó a marcar la Casa Blanca en toda Latinoamérica. (Collage: E&amp;N)</i>

De acuerdo con estas nuevas características si bien la agenda regional en la relación con Estados Unidos sigue siendo ese esencialmente la misma, la aplicación de esta nueva estrategia hemisférica genera reacomodos centrales y nuevas modalidades a las que las naciones centroamericanas deberán responder. Apuntamos cuatro aspectos clave.

En primer lugar, los ajustes serán mayores según la cercanía de sus gobiernos con la actual administración norteamericana, Trump en primer lugar o Rubio en su defecto. Lo anterior establece una distinción entre aliados, alineados e incómodos. En la primera categoría se encuentra El Salvador, el discípulo y modelo para la nueva situación sin mayores reacomodos. En segundo lugar, los gobiernos de Costa Rica, Guatemala, Panamá y Honduras, estos últimos no sin presiones para alinearse. Y finalmente Nicaragua en la línea de los gobiernos distantes de Washington, aunque si constituir una amenaza.

En segundo lugar, será clave la política exterior de los países de la región respecto a las otras grandes potencias, China y Rusia, así como relacionamiento de cualquier índole con Irán o Cuba. En esa línea el país con mayores influencias y más susceptible sería hasta el momento Nicaragua. También, en menor medida, Costa Rica y Honduras.

Cualquier percepción de intromisión en su zona de influencia por parte de la administración Trump deja claro en la Estrategia citada, su disposición a aplicar correctivos que abarcan desde las sanciones económicas hasta el uso de la fuerza como ya evidenció el caso venezolano.

En tercer lugar, la evolución del proceso judicial contra Maduro en Nueva York. La información dada a conocer en el mismo por el testimonio directo del ex gobernarte y / o sus eventuales arreglos de cooperación con las autoridades estadounidenses, podrían sacar a relucir nombres de presidentes o ex presidentes centroamericanos y otros personajes clave con las posibles consecuencias judiciales además de las que apliquen a la estabilidad de la política interna en cada país. Otra vez el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua podría ser el más afectado, aunque no el único.

<i>El Salvador, del presidente Nayib Bukele, es modelo para el nuevo clima de época regional, sin mayores reacomodos. (Foto: Shutterstock).</i>

Y finalmente, siguiendo la línea de la Estrategia formulada por la administración Trump, las implicaciones económicas de un mayor control de la inversión y áreas consideradas estratégicas para los intereses económicos de Estados Unidos, tendrán enormes consecuencias en la reformulación de las políticas comerciales, productivas y de inversión en la región a mediano plazo.

Con esto último no se hace alusión a los efectos de los aranceles por otra parte, ya cotidianos en las relaciones entre la región y la potencia del norte.

Los nuevos reacomodos abarcarán la previsible renegociación del DR-CAFTA que podría traducirse en acuerdos bilaterales con cada país o su eventual desaparición, algo por lo demás ya anunciado para el caso mexicano del T-MEC. Lo que obliga a una preparación y discusión regional que ya debería estar activa por parte del sector político y empresarial. Otros efectos, algunos en marcha, son el control de puertos y aeropuertos de la región por parte del capital estadounidense, así como cualquier inversión importante a nivel de obras de megainfraestructura. Algo bastante avanzado en países como Guatemala, por citar un caso.

Las viejas lecturas ideológicas y/o las celebratorias ingenuas ya no funcionan. El nuevo escenario mundial y regional es muy complejo y por tanto se necesitan nuevos enfoques y replanteamientos distintos para entender este nuevo orden global en proceso para tener una nueva estrategia regional de orientación política pero también económica.

12 ejemplares al año por $75

SUSCRIBIRSE