Por revistaeyn.com
Después de años marcados por crisis superpuestas —económicas, geopolíticas, sociales, ambientales y tecnológicas— el ánimo global no es optimista. Pero tampoco es derrotista.
VML Intelligence define el espíritu de 2026 con un término preciso: dysoptimism. Un escenario que reconoce la fragilidad estructural del sistema, pero se niega al cinismo. Una cultura que asume la complejidad y, al mismo tiempo, busca rediseñar sus propias reglas.
La 12.ª edición de "The Future 100", el informe exclusivo de investigación de VML que examina las tendencias globales clave, confirman este panorama en cifras:
86% percibe mayor división social.71% siente que la IA dificulta distinguir qué es verdad.Sin embargo, 69% declara sentirse regularmente esperanzado respecto al futuro.
No estamos ante una sociedad ingenua. Estamos ante una sociedad que elige resiliencia estratégica.
Para las compañías, esto no es un dato cultural: es una señal de mercado.La incertidumbre ya no es coyuntura; es el nuevo contexto operativo.
A continuación, seleccionamos siete vectores clave que todo liderazgo debería integrar en su agenda 2026.
1. Del colapso a la regeneración: diseñar para la transición
La estética dominante deja de ser la perfección y adopta la imperfección como símbolo de transformación (Entropism). El desgaste no se esconde: se convierte en narrativa.
Ahora, los consumidores desconfían de lo “pulido” y de los discursos de estabilidad artificial.
De este modo, los modelos basados en circularidad, reparación, adaptabilidad y regeneración ya no son storytelling ESG; son verdadero posicionamiento competitivo frente a un mercado que asume que el sistema anterior ya no funciona.
2. De experiencia a transformación: el nuevo estándar de valor
El consumidor 2026 no busca entretenimiento; busca impacto.
86% quiere experiencias que inspiren asombro.87% valora conexión significativa.91% quiere que la experiencia deje huella.
La economía de la experiencia evoluciona hacia la economía de la transformación. Sectores como retail, hospitality, educación y entretenimiento deben migrar de “momentos memorables” a propuestas que generen cambio tangible. La métrica deja de ser engagement; pasa a ser relevancia prolongada.
3. IA: gobernanza antes que fascinación
La relación con la Inteligencia Artificial es ambivalente:
77% cree que se está implementando sin suficiente reflexión.73% anticipa convivencia laboral humano-digital.75% confía en que la creatividad seguirá siendo humana.
Con estos datos, se debe concluir que el riesgo reputacional asociado a IA es estructural. Aunque, las oportunidades, también.
Claro, siempre y cuando las compañías evolucionen de “adoptar IA” a “gobernar IA”. Transparencia algorítmica, trazabilidad, ética aplicada y explicabilidad serán diferenciales competitivos y regulatorios.
4. Hiperrealidad: el fin del binomio físico/digital
Un 40% de la Generación Z no distingue entre realidad física y digital. La frontera se diluye. Esto significa que el debate “online vs. offline” es obsoleto. ¿Entonces?
Las marcas deben diseñar ecosistemas fluidos. La ventaja estará en convertir señales digitales en experiencias tangibles y viceversa, manteniendo coherencia narrativa.
5. Reconexión humana como diferencial
En un entorno hiperconectado, el contacto humano gana valor:
80% prefiere interacción humana en procesos de compra.87% valora experiencias que fomenten conexión.
La automatización masiva genera una nueva escasez: la propia humanidad.
Desde esta nueva perspectiva, el retail del futuro, por caso, no competirá contra ecommerce; competirá contra el aislamiento. Espacios multifuncionales, comunidades híbridas y “third places” serán plataformas de fidelización emocional.
6. Bienestar como infraestructura
El cuidado de la salud y la búsqueda de bienestar integral pasa a tener una especial relevancia: 45% prioriza salud mental, 44% escucha más a su cuerpo y 41% prioriza el sueño.
El bienestar deja de ser categoría; se convierte en macrodriver transversal. Esta es un nuevo paradigma según el cual, las empresas que integren bienestar en producto, experiencia y cultura organizacional aumentarán resiliencia interna y relevancia externa.
7. Verdad y confianza: activos escasos
Con 71% percibiendo que la IA dificulta distinguir la verdad, surge la necesidad de truth literacy. La confianza se convierte en activo estratégico crítico. Las marcas deberán actuar como certificadoras de autenticidad. Trazabilidad, claridad y evidencia superarán al discurso aspiracional.
8. Creatividad sin fronteras
La creatividad ya no está concentrada en capitales occidentales. Buenos Aires, Seúl o Shenzhen marcan agenda cultural. El mapa del poder cultural es multipolar. La expansión global exigirá sensibilidad local real, no adaptación superficial.
9. Generative Realities y mundos dinámicos
La IA permitirá experiencias adaptativas en tiempo real: videojuegos, comercio, educación y entretenimiento personalizados. Se abre una nueva capa de personalización profunda. Las marcas podrán crear universos dinámicos, pero deberán equilibrar personalización con privacidad.
10. Synthetic Generation: la fuerza laboral híbrida
Surge una cohorte digital capaz de desempeñar funciones laborales y creativas. La pregunta ya no es si incorporar IA en equipos, sino cómo rediseñar estructuras organizacionales híbridas.
Conclusión estratégica
2026 no será el año del optimismo ingenuo. Será el año de la resiliencia estratégica aplicada. El disoptimismo no paraliza; exige rediseño.
Las empresas que lideren serán aquellas que:
-Entiendan la complejidad estructural.
-Integren tecnología con gobernanza.
-Conviertan confianza en ventaja competitiva.
-Construyan comunidad en un entorno fragmentado.
-Diseñen para regeneración, no para permanencia.
En un mundo que percibe haber alcanzado un “post-peak” —es decir, la sensación colectiva de que el crecimiento ilimitado, la estabilidad permanente y la expansión sin fricciones ya no son el horizonte natural del sistema— las reglas cambian.
El “post-peak” no es declive; es conciencia de límite. Es la aceptación de que: la economía no será lineal; la tecnología no será neutral; el crecimiento no podrá ignorar impacto ambiental o social y la confianza no será automática.
En este escenario, las organizaciones ya no compiten solo por cuota de mercado; compiten por legitimidad, resiliencia y capacidad de adaptación.
El verdadero diferencial en 2026 no será quién crece más rápido, sino quién diseña mejor bajo condiciones de complejidad permanente.