Por: Norma Lezcano - Revistaeyn.com
La Asamblea General de las Naciones Unidas avanza con una paradoja visible: concentra en un mismo lugar a los líderes y diplomáticos capaces de hablar sobre las principales crisis del mundo, pero sus intervenciones públicas muestran, sobre todo, cuánto se mantienen alejadas sus posiciones.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, la invasión rusa de Ucrania y las disputas de soberanía llegaron a Nueva York sin una hoja de ruta compartida para resolverlas.
Sería prematuro cerrar el balance de una reunión que se extenderá hasta el 28 de septiembre. También sería impreciso decir que no hay diplomacia: en los márgenes del debate se han producido contactos sobre Irán y propuestas para una tregua limitada en Ucrania. Hasta ahora, sin embargo, la distancia entre conversar y pactar sigue siendo el dato dominante.
Irán: el discurso y la mesa de negociación
El contraste se vio con claridad en el caso iraní. El presidente Masud Pezeshkian rechazó desde la tribuna las acusaciones estadounidenses de terrorismo, presentó a su país como víctima de los ataques de Estados Unidos e Israel y defendió su derecho a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos. Aseguró que Irán no se someterá a las presiones externas. Según EFE, el representante estadounidense que se encontraba en la sala se retiró durante la intervención.
Fuera del recinto, la situación es menos inmóvil de lo que sugiere el intercambio de acusaciones. Enviados de Washington e Irán mantuvieron conversaciones en Nueva York, y el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que Estados Unidos seguía dispuesto a negociar, aunque advirtió que la reunión no constituyó un gran avance.
Reuters informó de intercambios mediados por Catar en torno a las condiciones para reducir la confrontación y reabrir el estrecho de Ormuz. Hay interlocución; todavía no hay un compromiso verificable para terminar la guerra.
Ucrania: una tregua parcial en discusión
La guerra de Rusia contra Ucrania ofrece otra medida de lo que podría lograrse y de lo que sigue bloqueado. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, manifestó la disposición de Kiev a una tregua marítima en el mar Negro y a medidas para proteger las infraestructuras energéticas. Después de reunirse con el canciller ruso, Serguéi Lavrov, Rubio afirmó que ambas partes habían expresado interés en un cese del fuego limitado relacionado con los cereales y la energía.
Francia respaldó una moratoria como primer paso. La información de Reuters también registra el límite: Moscú no ha aceptado públicamente ese esquema y Lavrov cuestionó las pausas temporales por considerar que podrían favorecer el rearme de Kiev.
La propuesta importa porque toca dos daños que rebasan el frente de batalla: los ataques al suministro energético y las dificultades para transportar alimentos por el mar Negro. Pero un cese del fuego parcial necesita condiciones, garantías y cumplimiento de ambas partes. Mientras eso no ocurra, seguirá siendo una posibilidad diplomática y no una desescalada.
Malvinas: una disputa que vuelve a endurecerse
La Asamblea también ha dado escenario a una tensión de larga data entre Argentina y Reino Unido. El primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó que Londres se mantendrá firme ante los desafíos a los territorios que considera británicos, incluidas las islas Malvinas.
El canciller argentino, Pablo Quirno, respondió reafirmando el reclamo de soberanía y la disposición de Buenos Aires a reanudar negociaciones bilaterales. El intercambio llega mientras el Gobierno de Javier Milei impulsa medidas más severas contra la explotación de recursos en las islas sin autorización argentina.
La controversia no nació en esta Asamblea. Lo que el cruce deja en evidencia es la ausencia de un canal de negociación sustantiva capaz de acercar posiciones. Ambas partes invocan principios y antecedentes jurídicos, pero la discusión pública vuelve a instalar el punto de partida de cada una.
En América del Norte apareció, al menos, una forma de contener la réplica. Tras las acusaciones de Donald Trump contra México por el narcotráfico, Claudia Sheinbaum rechazó confrontarlo públicamente y puso el énfasis en la cooperación bilateral, aunque recordó la responsabilidad estadounidense por el consumo de drogas y el tráfico de armas. Evitar una escalada verbal permite preservar un espacio de trabajo; tampoco resuelve por sí solo el desacuerdo sobre seguridad y soberanía.
La otra cita ocurre en Washington
Mientras los gobiernos exponen sus posiciones en la ONU, los presidentes de Estados Unidos y China tienen prevista para este jueves una reunión en la Casa Blanca. Xi Jinping no acudió al debate de Nueva York. Trump y Xi abordarán tensiones comerciales, Irán, Taiwán y la carrera por la inteligencia artificial: asuntos de alcance global que las dos potencias han elegido tratar directamente entre sí.
La cita bilateral no vuelve irrelevante a Naciones Unidas. Sí señala dónde se concentran hoy algunas decisiones de mayor peso. La Asamblea puede reunir a los actores, visibilizar los costos humanos de las guerras y ofrecer oportunidades de contacto que de otro modo serían más difíciles. La capacidad de convertir ese encuentro en acuerdos depende, sin embargo, de gobiernos que siguen calculando qué están dispuestos a conceder.
El balance provisional se parece, por eso, a una lista de crisis con algunas puertas entreabiertas.
Para saber si esta Asamblea deja algo más que discursos habrá que observar hechos concretos: avances verificables en el diálogo con Irán, una respuesta rusa a la tregua parcial propuesta por Ucrania y canales sostenidos para las disputas que hoy vuelven a tensarse.
Por ahora, el mundo ha encontrado en Nueva York una tribuna común; las soluciones siguen pendientes.
Con información de EFE, Reuters y las intervenciones difundidas por Naciones Unidas. Corte informativo: 23 de septiembre de 2026.