Por revistaeyn.com
Desde temprano, la Ciudad de Panamá respira clima de foro global. En el Centro de Convenciones, los saludos protocolares conviven con conversaciones técnicas sobre financiamiento, energía y geopolítica. No es casual: hasta el 29 de enero, la capital panameña alberga el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, un encuentro que reúne a más de 2.500 líderes políticos, empresariales y académicos y que muchos ya bautizan como el Davos latinoamericano.
La integración regional fue, sin rodeos, el eje dominante de la sesión inaugural. No como consigna abstracta, sino como urgencia estratégica en un mundo marcado por la fragmentación, el retorno de la diplomacia de poder y la disputa por recursos clave.
El tono lo marcaron, en ese orden, el anfitrión institucional del Foro, Sergio Díaz-Granados, y luego los presidentes José Raúl Mulino (Panamá) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), con aportes que oscilaron entre el pragmatismo económico y la advertencia política.
Díaz-Granados: integración pragmática en un mundo sin reglas claras
El presidente ejecutivo de CAF abrió la jornada con un discurso que funcionó como marco conceptual del Foro. En el año del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, Díaz-Granados recuperó la idea de Simón Bolívar de una región integrada y la proyectó al presente: un mundo donde el sistema internacional basado en reglas se encuentra en crisis y es reemplazado por disputas abiertas por intereses estratégicos.
“En el ajedrez geopolítico global, nuestra región no es un jugador marginal, sino un actor de primer orden”, sostuvo, al enumerar los activos de América Latina y el Caribe: seguridad alimentaria, biodiversidad, minerales críticos para la transición energética y capacidades para la transformación digital.
Díaz-Granados subrayó que el Foro no es un espacio declarativo, sino una plataforma de movilización concreta, con más de 6.000 personas inscritas de 70 países y la expectativa de cerrar alrededor de 35 acuerdos durante esta semana. En ese contexto, celebró la reciente firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea como señal de que aún es posible construir consensos en un escenario global adverso.
El mensaje de fondo fue claro: la integración dejó de ser una aspiración ideológica y se convirtió en un imperativo estratégico para corregir desbalances estructurales —informalidad, pobreza, desempleo, inseguridad y desgaste institucional— y transformar potencial en poder real.
Mulino: “un bloque único” para defenderse en el nuevo orden global
Como anfitrión político del encuentro, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, reforzó esa idea desde una perspectiva abiertamente geopolítica. Aclaró que el Foro no es una cumbre tradicional, sino un espacio de diálogo entre gobiernos, sector privado y organismos multilaterales, orientado a resultados.
Mulino defendió la economía de mercado, la cooperación regional y las alianzas público-privadas como motores de crecimiento, aunque reconoció que el libre comercio, por sí solo, no garantiza igualdad de oportunidades y que el Estado debe intervenir para reducir brechas sociales.
El núcleo de su mensaje fue la necesidad de avanzar hacia una América Latina articulada como “bloque único”. “Estoy convencido de que América Latina debe conformarse como un bloque único, pues solo así tendrá poder de negociación y poder concreto ante posibles amenazas”, afirmó, en un mundo que —según describió— avanza hacia un nuevo orden internacional “menos idealista y más cercano a la diplomacia realista”.
Desde la experiencia panameña, marcada por su posición estratégica y el Canal interoceánico, Mulino advirtió que la región se encuentra en la “tensa antesala de una gran tormenta” global. En ese marco, sostuvo que una América Latina cohesionada no solo podría defender mejor sus intereses, sino también aspirar a un rol de contrapeso de paz, diálogo y equilibrio, incluso reclamando un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Lula: el retroceso de la integración y el riesgo de un nuevo neocolonialismo
El discurso más político —y el más crítico— fue el del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien habló en forma determinante de un “retroceso histórico” en la integración regional. Lula lamentó la falta de coordinación, la proliferación de reuniones sin resultados y la parálisis de los mecanismos regionales.
“Vivimos hoy uno de los momentos de mayor retroceso en materia de integración”, afirmó, al tiempo que condenó la división del mundo en zonas de influencia, un fenómeno que calificó como una nueva forma de neocolonialismo.
El mandatario brasileño recordó que, en otros momentos de la historia, Estados Unidos fue un socio comprometido con el desarrollo de la región, y evocó la Política de Buena Vecindad impulsada por Franklin D. Roosevelt como ejemplo de diplomacia frente a la intervención militar. “El uso de la fuerza jamás pavimentará el camino para superar los flagelos que afectan a nuestra región”, sostuvo, en una crítica implícita a la actual estrategia de Washington.
Lula llamó a superar las divergencias ideológicas y a construir alianzas sólidas dentro y fuera de la región, señalando a la Unión Europea como un referente. También destacó el potencial energético latinoamericano —petróleo, gas, biocombustibles, energía nuclear, eólica y solar— como base para una inserción internacional más fuerte.
Petro y Paz: integración política y pragmatismo territorial
El eje integrador fue reforzado por otros mandatarios. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, propuso avanzar hacia un “pacto por la vida y la libertad en las Américas”, que buscará plantear directamente al presidente estadounidense Donald Trump en su próxima reunión bilateral. Petro sostuvo que América Latina debe articular su diversidad para convertirse en un centro de poder regional, y subrayó el enorme potencial de la región en energías limpias, superior —según dijo— a la demanda anual de la matriz energética de Estados Unidos.
Por su parte, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, aportó una mirada marcadamente pragmática: ofreció los puertos bolivianos como vía de conexión entre Chile y Brasil, en una apuesta concreta por la integración física y logística. Su intervención fue leída en los pasillos como una señal de distensión regional y de voluntad de recomponer vínculos históricos.
Una región que busca voz propia
La primera jornada del Foro dejó una imagen potente: la integración volvió al centro del debate, pero ya no como consigna romántica, sino como condición de supervivencia estratégica. CAF propone una integración de ejecución; Panamá, una integración para negociar y defenderse; Brasil, una integración política capaz de romper la fragmentación.
Comienzan a plantearse interrogantes, mientras inician las sesiones técnicas y bilaterales: ¿esta vez América Latina logrará transformar diagnósticos repetidos en acciones coordinadas?. El Foro recién empieza, pero el mensaje inaugural fue inequívoco: en un mundo cada vez más duro, seguir divididos no es una opción.