Por: Revistaeyn.com
Hay adversidades empresariales que ponen a prueba un balance. Otras obligan a reconsiderar una estrategia. Las más extremas interpelan la voluntad de continuar.
Piero Coen Ubilla enfrentó una de estas últimas en junio de 2023, cuando la Policía Nacional y la Procuraduría General de la República de Nicaragua ocuparon propiedades inscritas a su nombre y al de su esposa, Jaffa Coen, bajo el argumento de que habían pasado a manos del Estado.
El empresario aseguró entonces que no había sido notificado de ningún proceso que justificara la medida y negó haber cometido delito alguno. Pero su declaración no terminó en la denuncia. Cerró con una definición que, vista en perspectiva, resume su manera de liderar: “A pesar de la confiscación, seguiré operando nuestros negocios con la misma capacidad, responsabilidad, fortaleza y dignidad con que lo he hecho siempre”.
Tres años después, Grupo Coen continúa operando, invirtiendo y desarrollando negocios más allá de Nicaragua. La promesa no quedó reducida a una frase pronunciada en medio de la crisis.
La confiscación constituye un capítulo inevitable en la trayectoria reciente de Coen Ubilla, pero no define toda su historia. Su dimensión empresarial se entiende mejor al observar qué hizo con el legado recibido de su padre, Piero Coen Montealegre: no lo administró como una estructura terminada, sino que lo convirtió en una plataforma regional, diversificada y con capacidad para reinventarse.
Un apellido convertido en responsabilidad
Piero Coen Ubilla pertenece a la segunda generación de una familia que comenzó su actividad empresarial en la agricultura nicaragüense durante la década de 1950.
Su padre, conocido como “Don Piero”, levantó negocios en agroindustria, ganadería, servicios financieros, soluciones de identificación y bienes raíces. También debió empezar de nuevo fuera de Nicaragua en la década de 1980, cuando el exilio condujo a la familia hacia el negocio de las casas de cambio.
De aquella ruptura surgiría una de las decisiones más importantes en la historia del grupo: el ingreso al mercado de las remesas mediante AirPak y la alianza con Western Union, iniciada en la década de 1990. El vínculo convertiría a los servicios financieros en la columna vertebral de la corporación.
Piero Coen Montealegre falleció el 16 de enero de 2025 en Guatemala. Dejó una organización con presencia regional, pero también una cultura empresarial basada en el trabajo, la iniciativa, la integridad y la convicción de que los negocios debían tener un efecto positivo sobre las comunidades.
Su hijo nunca ha presentado ese origen como un mérito exclusivamente propio. Cuando Estrategia & Negocios lo incluyó entre los Empresarios Admirados de Centroamérica, atribuyó el reconocimiento al trabajo colectivo del grupo y al nombre que heredó.
“Tengo el legado de llevar el nombre de mi padre, quien es un formidable empresario, empezó las empresas que hoy son parte del grupo”, expresó en 2022.
La frase contiene gratitud, pero también el peso de una responsabilidad. Heredar una empresa supone conservar activos. Heredar un legado obliga a demostrar que sus principios pueden sobrevivir al fundador y responder a circunstancias que este no alcanzó a prever.
Bajo la presidencia ejecutiva de Coen Ubilla, aquella empresa de origen agroindustrial evolucionó hasta convertirse en un conglomerado que hoy reporta operaciones en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y México. En distintos momentos, su portafolio también ha alcanzado República Dominicana, Estados Unidos y España.
Grupo Coen acumula más de 65 años de trayectoria, genera más de 7.000 empleos directos y otros 15.000 indirectos, según datos corporativos. Pero su principal transformación no se mide solamente en geografía: está en la capacidad de conectar negocios tradicionales con nuevos servicios, tecnología y mercados.
Una red financiera construida desde la base
Los servicios financieros continúan siendo la principal plataforma del grupo. Durante más de tres décadas, AirPak ha representado a Western Union en Centroamérica y ha desarrollado una extensa red física para enviar y recibir remesas.
En México, la empresa trabaja además con más de 26 marcas del sector, entre ellas Remitly, Ria, Intermex y MoneyGram, además de su marca EnviaLana. La red supera los 22.000 puntos de atención física en Centroamérica y México y procesa más de 20 millones de transacciones al año.
Su escala revela la importancia económica y social de un servicio que conecta a millones de familias centroamericanas con los ingresos generados por sus migrantes. Pero Coen Ubilla entendió que el futuro del negocio no podía depender únicamente de las ventanillas físicas.
Esa lectura impulsó el desarrollo de canales digitales y de Pako, una billetera concebida como un ecosistema financiero que une el mundo digital con la infraestructura física de AirPak. La plataforma permite recibir y enviar remesas, realizar transferencias, pagar servicios y utilizar una tarjeta prepago física y digital desarrollada en alianza con Mastercard.
La innovación responde a una lógica recurrente en su gestión: utilizar la presencia ya construida para abrir nuevos negocios, en lugar de considerar el liderazgo alcanzado como garantía suficiente frente al cambio.
Diversificar para resistir
La resiliencia de Grupo Coen no comenzó con la confiscación de 2023. Está incorporada a una historia empresarial que atravesó exilios, cambios políticos, crisis económicas y transformaciones tecnológicas.
También se refleja en la diversificación.
En agronegocios, el grupo mantiene actividades vinculadas con plátano, caña de azúcar, ganadería y crianza de caballos. Agrícola El Rosario es presentada por la compañía como el mayor productor industrial de plátano de Nicaragua, con más de 290 hectáreas productivas. La operación de caña de azúcar supera las 2.000 hectáreas, mientras el portafolio agropecuario incluye unas 9.000 cabezas de ganado. El modelo integra productividad y sostenibilidad: el 35% de sus tierras está destinado a reserva ambiental, de acuerdo con la información corporativa.
En El Salvador, su presencia industrial se materializa en Alas Doradas, una compañía productora de papel higiénico, servilletas y otros derivados que fue adquirida cuando se encontraba en dificultades y posteriormente recuperada. Actualmente produce alrededor de 30.000 toneladas anuales utilizando fibra reciclada como materia prima.
La compañía calcula que ese modelo evita la tala de 1,5 millones de árboles cada año. Además, ha reducido su huella hídrica mediante una planta de tratamiento de aguas residuales y reporta una disminución del 30% en su huella de carbono desde 2019.
En Guatemala, Grupo Coen participa en construcción y soluciones de identificación. Su portafolio incluye a PreCon, dedicada a la fabricación de estructuras prefabricadas de concreto y acero, con nueve plantas y presencia en cuatro países; y a Consulta, una firma con trayectoria en infraestructura de transporte, edificaciones, centros comerciales y complejos industriales.
Maycom, por su parte, administra desde 1999 la producción y emisión de licencias de conducir en Guatemala. La empresa fue pionera regional en el uso de sistemas biométricos y posee capacidad para atender a unos 8.000 ciudadanos diariamente mediante centros fijos y móviles.
No se trata de sectores vinculados por una misma cadena productiva. Lo que los conecta es una manera de identificar oportunidades: negocios con necesidades concretas, capacidad de expansión y espacio para construir alianzas con compañías globales.
El golpe que no detuvo al grupo
La confiscación ordenada en Nicaragua en 2023 llevó esa capacidad de resistencia a una dimensión distinta.
Organizaciones internacionales y medios independientes han documentado cómo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo intensificó desde las protestas de 2018 la persecución de opositores, empresarios, medios de comunicación, universidades y organizaciones civiles. Las medidas han incluido encarcelamientos, expulsiones, despojos de nacionalidad y confiscaciones.
Coen Ubilla había participado en algunas de las manifestaciones antigubernamentales de 2018. Cinco años después, autoridades nicaragüenses tomaron posesión de bienes personales suyos y de su esposa. Informaciones posteriores señalaron que la sentencia también habría alcanzado acciones empresariales y que el caso se tramitó sin las garantías de un proceso transparente.
No existe información pública definitiva sobre la totalidad de los activos decomisados. Entre los bienes mencionados por medios nicaragüenses figuraron su vivienda y Viejo Santo Domingo, un desarrollo inmobiliario en Managua valorado en más de US$100 millones. El proyecto comprendía una plaza comercial, residencias y 110 apartamentos.
Para cualquier empresario, perder el control de bienes sin una instancia jurídica independiente representa un golpe patrimonial. Para quien dirige una compañía familiar, también amenaza décadas de memoria, trabajo y continuidad.
Coen Ubilla respondió trasladando el centro de gravedad de su actividad empresarial y reforzando la dimensión regional del grupo. Guatemala adquirió mayor importancia dentro de esa estrategia, tanto por la operación de sus empresas como por el lanzamiento de nuevos proyectos.
Entre ellos aparece X10 Apartamentos, un complejo de 290 unidades distribuidas en 21 niveles en la zona 10 de Ciudad de Guatemala, diseñado para atender el mercado de renta de corto y largo plazo. A ello se sumó la expansión de Pako Wallet y la continuidad de las inversiones en El Salvador.
La adversidad no produjo repliegue. Aceleró la diversificación geográfica que el grupo ya había comenzado.
Hacer más grande el legado
La historia de Piero Coen Ubilla no es la de un fundador que comenzó desde cero. Es la de un heredero que comprendió que recibir una empresa no exime de construir.
Su padre le entregó un nombre reconocido, negocios consolidados y una cultura corporativa. A él le correspondió conducir ese patrimonio hacia la digitalización, ampliar su presencia regional, integrar nuevas actividades y sostenerlo frente a uno de los entornos políticos más hostiles para la iniciativa privada en América Latina.
Ese tránsito adquirió un significado más profundo después de la muerte de Piero Coen Montealegre. En un homenaje póstumo promovido por el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica y entregado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele, Coen Ubilla definió la continuidad del legado paterno como un compromiso con el crecimiento de El Salvador y de la región.
Allí reside su principal aporte. No solo preservó lo recibido: amplió su escala y demostró que una empresa familiar puede convertir la continuidad generacional en renovación.
Coen Ubilla ha mencionado entre los valores que orientan su vida la empatía, la equidad, la meditación, el trabajo, la resiliencia y el respeto por el medioambiente.
La palabra resiliencia podría parecer una más dentro de esa enumeración. En su caso, dejó de ser una declaración corporativa. Se convirtió en una decisión: seguir operando cuando el patrimonio fue atacado, mantener miles de empleos, abrir mercados y hacer más grande un legado que comenzó hace más de seis décadas en Nicaragua.
La confiscación intentó reducir su historia a lo que le fue quitado. Piero Coen Ubilla respondió concentrándose en todo lo que todavía podía construir.