Por E&N Brand Lab para Robertoni
La seriedad del trabajo, la honra de los compromisos y un irrenunciable compromiso por lo valores han consolidado a Eduardo Cader, Presidente de la Junta Directiva de ROBERTONI, como uno de los líderes de alta confianza en El Salvador. Para Cader, la reputación es un intangible que se construye con el tiempo: “no se hereda, no se compra y tampoco se obtiene por un cargo o por un título”.
Considera que esta se construye y se fortalece todos los días”. Su vínculo con esa idea comenzó hace más de cincuenta años, cuando ingresó a la empresa familiar.
“No entré a una oficina gerencial. Entré a la bodega de producto terminado”. Esa experiencia —recuerda— le permitió conocer cada rincón de la empresa, aprender los procesos productivos, trabajar con quienes hacían posible que los productos llegaran a los hogares salvadoreños y comprender que ninguna organización puede crecer si no respeta, capacita y valora a su gente.
Al asumir la dirección plena de ROBERTONI en 1978, asumió también una convicción clara: “mi principal responsabilidad no era administrar máquinas ni edificios, sino personas”. De ahí surge su filosofía empresarial: “las empresas crecen cuando las personas crecen”.
Bajo ese principio impulsó programas de capacitación y apoyó la creación de una cooperativa. “Ver a trabajadores adquirir su primera vivienda, comprar su vehículo o brindar mejores oportunidades a sus hijos ha sido, sin duda alguna, una de las mayores satisfacciones de mi vida”, afirma.
Coherencia y cumplimiento
Cader enfatiza que la confianza se consolida con coherencia y cumplimiento: “La reputación también se construye cumpliendo con la palabra dada. Cumpliendo con los clientes. Cumpliendo con los proveedores. Cumpliendo con los bancos. Cumpliendo con los colaboradores. Y cumpliendo con el país”, disciplina que le permitió a ROBERTONI no solo fortalecer su cobertura nacional y desarrollar una fuerza de ventas amplia y competir por décadas con multinacionales y actores regionales sin perder su identidad.
“Aprendimos que una empresa local puede mantenerse firme cuando trabaja con seriedad, cuando honra sus compromisos y cuando nunca pierde de vista sus valores”, destaca.
Al frente de la compañía fijó metas ambiciosas, entre ellas la mirada hacia el mercado de Estados Unidos. Hoy, tras más de cinco décadas, Cader observa con orgullo una empresa sólida, respetada incluso por la competencia, y en constante evolución. Pero subraya que lo más valioso no son los activos: “más importante que los edificios, los vehículos o las cifras, me enorgullece saber que hemos construido una reputación basada en la seriedad, el esfuerzo y la integridad”.
Cuando le preguntan por la fórmula del éxito, Cader lo sintetiza sin misterio: “no existe ninguno. Simplemente trabajar todos los días con ahínco, honestidad, respetar a las personas y pensar siempre en el largo plazo”.
Su advertencia final es clara: “La reputación es un patrimonio que toma décadas construir y que puede perderse en un instante. Por eso debemos cuidarla todos los días”