Finanzas

De espectadores a accionistas: así entran los latinoamericanos al nuevo Wall Street

Las plataformas digitales, las operaciones sin comisión, las acciones fraccionadas y los ETF incorporaron millones de pequeños inversores al mercado estadounidense. Sus órdenes ya pueden alterar precios, volatilidad y narrativas, mientras América Latina encuentra nuevas vías para participar de una oportunidad que también exige comprender sus riesgos.

2026-08-03

Por: Revistaeyn.com

Hace apenas dos décadas, descubrir una acción infravalorada, ejecutar grandes volúmenes de operaciones y convertir una tesis de inversión en una fuerza capaz de mover su precio era una posibilidad reservada principalmente a gestoras, bancos de inversión y fondos de cobertura. Esa exclusividad comenzó a resquebrajarse.

Millones de inversores minoristas, conectados mediante plataformas digitales y redes sociales, operan hoy acciones, fondos cotizados —ETF— y opciones desde sus teléfonos. Cada uno puede representar una fracción mínima del capital que circula por Wall Street, pero el efecto agregado de sus decisiones dejó de ser marginal: cuando muchas órdenes coinciden sobre un mismo activo, pueden elevar su precio, ampliar la volatilidad, forzar la reacción de inversores profesionales e incluso cambiar la conversación alrededor de una empresa.

“Hace 20 años, eran las grandes gestoras las que podían dedicarse al descubrimiento de precios, eran las que movían al mercado. Pero el mercado ha cambiado mucho, y ahora son los inversores minoristas y los hedge funds los que marcan las reglas del juego”, sostiene Huseyin Turan, gestor de J. Safra Sarasin Sustainable Asset Management, en declaraciones recogidas por Funds Society.

La afirmación no significa que el pequeño inversor haya desplazado a las grandes instituciones como principal propietario del mercado estadounidense. Su poder tampoco es uniforme: resulta mucho más visible en acciones pequeñas o poco líquidas que en compañías de enorme capitalización. Pero sí expresa una transformación estructural de Wall Street: los precios ya no pueden analizarse únicamente a partir de balances corporativos, perspectivas macroeconómicas y movimientos de grandes fondos.

También hay que observar qué compran las multitudes, cómo se organizan, cuánto apalancamiento utilizan y qué narrativa están siguiendo.

Un volumen que Wall Street ya no puede ignorar

En 2025, los inversores minoristas destinaron una cifra récord de US$308.000 millones a acciones estadounidenses, 14% más que los aproximadamente US$270.000 millones registrados durante el auge de las denominadas meme stocks en 2021, según datos citados por Reuters.

La expansión se produjo dentro de un mercado que también alcanzó máximos de actividad. Cboe Global Markets informó que el volumen promedio negociado diariamente en acciones estadounidenses creció 44,6 % en 2025, hasta 17.600 millones de títulos, mientras el valor promedio de las operaciones aumentó 43,3 %, a US$1,1 billones diarios.

El volumen identificado como minorista dentro de los mercados de Cboe avanzó 47,3% interanual. Las operaciones previas a la apertura regular de Wall Street aumentaron 111%, otro indicio de un mercado que se extiende más allá de la rueda tradicional y busca adaptarse a participantes distribuidos en diferentes zonas horarias.

La aceleración continuó en 2026. Citadel Securities, que ejecuta alrededor de 35% de las órdenes minoristas estadounidenses, reportó que el volumen diario promedio de operaciones al contado durante mayo y junio fue 65% superior al de 2025 y más que duplicó el promedio de 2024.

Nueve de los diez días de mayor actividad minorista registrados por su plataforma ocurrieron en esos dos meses. El 12 de junio marcó el mayor volumen diario de compras netas de particulares observado por la firma, 50% por encima del récord anterior.

No se trata exclusivamente de una mayor frecuencia de compraventa. También cambió la respuesta del inversor ante las correcciones. Según Citadel Securities, durante el primer semestre de 2026 los particulares compraron cerca de 3,5 veces el volumen diario habitual en las jornadas en que el S&P 500 cerró con pérdidas.

El comportamiento, conocido como buy the dip —comprar durante una caída esperando una recuperación—, convirtió al minorista en una fuente recurrente de demanda. Esa demanda puede amortiguar retrocesos, acelerar rebotes y desafiar las posiciones defensivas de los gestores profesionales.

Cómo muchas órdenes pequeñas pueden mover una acción

El poder minorista no procede necesariamente del tamaño de cada cartera, sino de la concentración y sincronización de las órdenes.

Cuando miles de personas compran simultáneamente una acción con poca liquidez y una cantidad limitada de títulos disponibles, la demanda puede superar con rapidez a la oferta existente y elevar el precio. Esa primera subida atrae nuevos compradores, amplifica la visibilidad del activo en redes sociales y puede activar algoritmos que operan siguiendo el impulso del mercado.

Las opciones añaden otro multiplicador. Una opción de compra permite obtener exposición a la subida de una acción con una cantidad de capital inferior a la necesaria para comprar directamente los títulos. Pero quien vende esa opción suele cubrir su riesgo adquiriendo la acción subyacente. Si aumentan las compras de opciones, esas coberturas pueden generar demanda adicional y reforzar el movimiento inicial.

El Banco de Pagos Internacionales advirtió que las operaciones coordinadas a través de redes sociales pueden tener efectos sustanciales sobre los precios, especialmente en títulos menos líquidos. También señaló que las coberturas asociadas con opciones pueden profundizar las fluctuaciones, porque inducen compras cuando los precios suben y ventas cuando retroceden.

El fenómeno convierte la narrativa en una variable de mercado. Una publicación en Reddit, un video viral, una cuenta influyente en X o un boletín en Substack pueden no aportar capital suficiente para mover por sí mismos una acción, pero sí congregar una comunidad de compradores alrededor de una interpretación compartida.

“Los inversores se están volviendo cada vez más específicos e idiosincráticos en lo que están haciendo”, explica Fabiana Fedeli, directora de inversiones de Renta Variable, Multiactivos y Sostenibilidad de M&G Investments. La ejecutiva estima que la participación minorista prácticamente se duplicó desde 2019 y destaca que el mayor acceso a información también produjo particulares más informados y selectivos.

GameStop: el caso que reveló el cambio

GameStop convirtió esa nueva capacidad colectiva en un fenómeno visible para todo el sistema financiero.

A finales de 2020, la cadena estadounidense de videojuegos acumulaba un elevado número de posiciones cortas: inversores profesionales habían vendido acciones prestadas bajo la expectativa de recomprarlas posteriormente a un precio menor. La tesis de que la empresa estaba infravalorada comenzó a ganar respaldo dentro de Reddit, impulsada, entre otros, por Keith Gill, conocido como Roaring Kitty.

Las compras minoristas hicieron subir la cotización. A medida que el precio avanzaba, algunos fondos con posiciones bajistas se vieron obligados a comprar acciones para limitar sus pérdidas, añadiendo presión a la demanda. El episodio fue presentado inicialmente como un clásico short squeeze, pero el análisis posterior de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos introdujo un matiz importante.

La SEC concluyó que el cierre de posiciones cortas contribuyó a determinados saltos del precio, pero representó una porción pequeña del volumen total de compras. Fue el sentimiento positivo —y no únicamente las operaciones de cobertura de los fondos— el que sostuvo la apreciación de GameStop durante varias semanas.

El caso demostró que una multitud de inversores pequeños podía coordinarse, desafiar posiciones institucionales y causar alteraciones considerables. También expuso sus límites: después del ascenso llegaron caídas pronunciadas, restricciones de operación, mayores requerimientos de garantías y pérdidas para quienes ingresaron cuando la narrativa ya había llevado la cotización a niveles extremos.

América Latina pasa de espectadora a accionista

La transformación no se limita a Estados Unidos. Los mismos factores que incorporaron nuevos inversores estadounidenses —menores comisiones, apertura digital de cuentas, acciones fraccionadas y acceso móvil— comenzaron a derribar las barreras que mantenían a buena parte de América Latina fuera de Wall Street.

Un ahorrista regional ya no necesita necesariamente un elevado patrimonio ni una relación con la banca privada para comprar una acción estadounidense o un ETF que replique un índice. Según el país, puede hacerlo mediante un intermediario local con acceso internacional, instrumentos negociados en su propia bolsa que representan activos extranjeros o una cuenta en un broker internacional habilitado para aceptar residentes de su jurisdicción.

Brasil ofrece una de las imágenes más claras del cambio. Al cierre de 2025, B3 contabilizaba 5,5 millones de personas físicas con inversiones en renta variable y R$603.200 millones colocados en acciones, fondos inmobiliarios, ETF, certificados representativos de valores extranjeros y otros instrumentos.

De ese universo, 1,6 millones de personas habían realizado al menos una operación mensual. Los particulares también concentraban más de 35 % del volumen custodiado en ETF.

El dato más revelador, sin embargo, está en el tamaño de las carteras. El saldo mediano invertido en acciones brasileñas descendió de R$4.300 en 2021 a R$1.800 en diciembre de 2025. No supone necesariamente una retirada de capital: refleja la llegada de una base mucho más amplia de participantes con montos iniciales reducidos.

Esa es la esencia de la democratización financiera. El poder emergente del minorista no se basa en que cada persona administre una fortuna, sino en que millones de patrimonios pequeños puedan acceder al mismo mercado, comprar fracciones de activos y dirigir colectivamente una cantidad relevante de dinero hacia determinadas acciones o sectores.

Tres puertas para entrar al mercado estadounidense

El acceso disponible para un inversor latinoamericano depende de la regulación y de la infraestructura financiera de cada país, pero suele organizarse a través de tres vías.

La primera es una casa de bolsa, banco o plataforma local que permita operar valores internacionales. Esta alternativa puede facilitar el envío de fondos, la declaración tributaria y la atención en el país de residencia, aunque el universo de activos disponible y los costos varían según el intermediario.

La segunda consiste en comprar instrumentos negociados en el mercado local que representen acciones o fondos extranjeros. Brasil cuenta con los BDR; México ofrece acceso a valores internacionales mediante el Sistema Internacional de Cotizaciones. Estos mecanismos permiten exponerse a empresas globales sin ejecutar necesariamente una operación directa en una bolsa estadounidense.

La tercera es abrir una cuenta con un broker internacional que acepte clientes del país de residencia. Esta vía puede ofrecer un catálogo más amplio y acceso directo a acciones y ETF, pero obliga a examinar con especial atención la entidad jurídica que recibe el dinero, la regulación aplicable, el custodio, el costo de las transferencias y las obligaciones fiscales.

Las acciones fraccionadas ampliaron todavía más esas posibilidades. En lugar de comprar un título completo de una empresa con una cotización elevada, el inversor puede destinar una cantidad definida y recibir una fracción. No obstante, FINRA advierte que las condiciones de ejecución, transferencia y liquidez de esas fracciones pueden variar entre intermediarios; algunas no pueden trasladarse a otra plataforma y deben venderse antes de cambiar de broker.

Participar de la expansión minorista no implica tratar de anticipar cuál será la próxima acción viral.

Las herramientas que abrieron Wall Street a los pequeños inversores también permiten construir carteras diversificadas, acceder mediante ETF a cientos de compañías y distribuir las compras a lo largo del tiempo. Esa posibilidad es probablemente más relevante para el ahorrista latinoamericano que la especulación alrededor de títulos individuales.

El pequeño inversor ganó acceso, información y capacidad de influencia. América Latina puede aprovechar esa apertura para participar en el mercado más profundo del mundo, diversificar geográficamente sus ahorros y acceder a sectores poco representados en sus bolsas locales.

BONUS RACK| Antes de comprar acciones de Estados Unidos desde América Latina

(Este contenido tiene fines informativos y no constituye una recomendación personalizada de inversión).

1. Identificar al intermediario

Verificar qué entidad legal recibirá el dinero, en qué país está registrada y qué organismo la supervisa. El nombre comercial de una plataforma puede agrupar varias filiales con protecciones diferentes.

2. Examinar la custodia

Determinar quién mantiene los valores y qué ocurriría si el intermediario dejara de operar. La Securities Investor Protection Corporation protege, dentro de sus límites, valores y efectivo faltantes en brokers estadounidenses miembros que entren en liquidación. No cubre pérdidas causadas por la caída de una inversión.

3. Comparar el costo completo

Una operación anunciada como “sin comisión” puede incluir otros gastos: diferencial cambiario, transferencia internacional, custodia, retiro, inactividad o un precio de ejecución menos favorable.

4. Saber qué se está comprando

No es lo mismo adquirir una acción directa que una fracción, un certificado negociado localmente, un contrato por diferencia o un derivado. Cada instrumento otorga derechos, costos y riesgos distintos.

5. Revisar la liquidez

Las operaciones fuera del horario regular o sobre acciones poco negociadas pueden ejecutarse con mayores diferencias entre precios de compra y venta.

6. Comprender las obligaciones tributarias

El tratamiento de dividendos y ganancias depende del país de residencia, de las normas estadounidenses y de la existencia de convenios tributarios. El formulario W-8BEN suele utilizarse para acreditar la condición de persona extranjera ante el intermediario estadounidense.

7. Considerar el riesgo sucesorio

El Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos señala que el patrimonio de una persona fallecida que no era residente ni ciudadana estadounidense puede estar obligado a presentar una declaración sucesoria cuando sus activos situados en Estados Unidos superen US$60.000. La aplicación concreta depende del tipo de activo, la estructura utilizada y los tratados vigentes, por lo que requiere asesoramiento especializado.

8. Evitar apalancarse sin conocer la pérdida potencial

Las operaciones con margen, opciones y ETF apalancados pueden multiplicar los rendimientos, pero también acelerar las pérdidas. En determinados instrumentos, el riesgo puede superar el capital inicialmente depositado.

Con información de Funds Society, SEC, Cboe, Citadel Securities, BIS, B3, FINRA, SIPC e IRS.

Redacción web
revistaeyn.com
Redacción digital

Sitio web de la Revista Estrategia & Negocios. La puerta a la realidad centroamericana para el mundo.

12 ejemplares al año por $75

SUSCRIBIRSE