Por revistaeyn.com
En medio de un escenario turístico que evoluciona con rapidez, el paisaje recupera protagonismo como uno de los atributos más determinantes en la industria, especialmente en destinos donde la conexión con la naturaleza es parte de la experiencia.
Guanacaste lidera esta tendencia, según datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el Aeropuerto Internacional Daniel Oduber registró más de 456.000 llegadas internacionales solo en el primer cuatrimestre de 2026, ratificando a la provincia como uno de los polos de mayor dinamismo de Costa Rica.
El área de Playa Hermosa se ha consolidado como un refugio costero que combina aguas cristalinas, arenas grisáceas y la silueta verde de colinas tropicales. Este equilibrio la convierte en una de las playas más tranquilas y familiares del Pacífico Norte, sin sacrificar el acceso a experiencias culturales y de aventura.
Desde esta comunidad se articulan excursiones hacia íconos naturales como el Parque Nacional Rincón de la Vieja, playas exóticas como Conchal y Flamingo, o el Refugio de Vida Silvestre Ostional durante la temporada de arribo masivo de tortugas.
El turismo en Playa Hermosa no solo impulsa experiencias de alto valor, también sostiene economías locales mediante operaciones que generan empleo y encadenamientos con proveedores regionales, como pescadores artesanales, productores agrícolas, cooperativas, servicios de transporte y logística.
En este contexto, la tendencia del turismo escénico se consolida como un recurso estratégico. Lo que antes era un complemento aspiracional la vista panorámica hoy es parte integral de las experiencias que definen el sector. Los proyectos hoteleros han interpretado esta transición con diseño arquitectónico orientado al paisaje, incorporando terrazas abiertas, miradores naturales, piscinas que se extienden hacia el horizonte y espacios comunes que priorizan la interacción con el entorno.
“Las vistas han dejado de ser un elemento meramente decorativo para convertirse en una parte fundamental de la experiencia turística. En Villas Sol Beach Resort las entendemos como una forma de ofrecer mucho más que alojamiento: una conexión entre confort, naturaleza y bienestar”, señaló José Carlos Sánchez, vicepresidente de Operaciones de Enjoy Group.
Villas Sol Beach Resort representa un caso ilustrativo en Playa Hermosa. Además de contribuir con empleo directo y dinamizar la economía mediante alianzas con productores locales, su ubicación privilegiada en una ladera frente al Pacífico permite integrar el paisaje en la propuesta de valor, con amaneceres y atardeceres que se convierten en parte de la narrativa del viaje.
Especialistas señalan que el nuevo perfil de viajero busca autenticidad, entornos fotografiables y experiencias que narren el destino más allá del alojamiento. Esto explica el auge del turismo “escénico”: un modelo donde el paisaje deja de ser una postal para convertirse en argumento central, capaz de marcar diferencia en un mercado caracterizado por la competitividad.
Playa Hermosa encaja en esa lógica de manera orgánica. Combina diversidad geográfica, proximidad con atractivos naturales y una infraestructura que sabe capitalizar su mayor ventaja: el océano como horizonte y la selva tropical como marco. Hoteles con ubicación estratégica, como Villas Sol, refuerzan esta ecuación al utilizar la panorámica como recurso experiencial, consolidando una promesa que articula estética, confort y sentido de lugar.
Más allá del valor visual, Playa Hermosa representa hoy una síntesis del turismo costarricense contemporáneo: cercanía operativa, sostenibilidad y contacto profundo con el territorio.