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Un corte de luz resiente ventas, experiencia de cliente y, al final, reputación

Los apagones pueden frenar cobros, facturación y atención al cliente, además de afectar la producción. Para las empresas centroamericanas, proteger los equipos que sostienen la operación se convierte en una decisión de negocio. Schneider Electric explica el alcance del respaldo eléctrico y la necesidad de identificar las funciones críticas.

2026-09-29

Por: Revistaeyn.com

Un comercio puede tener mercadería, empleados y clientes dispuestos a comprar, pero perder la capacidad de vender en segundos.

Basta con que un corte eléctrico apague el equipo que conecta la caja a internet para que una operación cotidiana se convierta en una fila detenida.

La escena plantea una vulnerabilidad de los negocios digitalizados: la electricidad sostiene tanto la iluminación y las máquinas como los sistemas de facturación, los cobros electrónicos y la comunicación con los clientes.

Una interrupción breve puede afectar funciones que antes dependían menos de la conectividad. Para las pequeñas y medianas empresas de Centroamérica, esa dependencia obliga a incorporar la continuidad eléctrica a las decisiones sobre costos, tecnología y servicio.

El impacto varía entre países y actividades, pero la pregunta empresarial es concreta: ¿qué parte del negocio deja de funcionar cuando se corta la luz y cuánto tiempo puede permanecer detenida?

La transformación digital aumentó la dependencia

De acuerdo con el estudio “Panorama de la innovación en México y Centroamérica 2025. Avanzar hacia la transformación permanente”, elaborado por la consultora KPMG México, al menos el 51% de las empresas en Centroamérica estaban ya ejecutando un proceso de transformación digital en julio de 2025. El enfoque más fuerte es transformacional, con inversiones dirigidas a la creación de nuevos negocios o canales para atender más mercados o clientes.

Esta modernización ocurre, además, en un contexto de creciente variabilidad climática en Centroamérica. Los eventos climáticos extremos y fenómenos como El Niño pueden afectar la disponibilidad de recursos hídricos utilizados para la generación hidroeléctrica y ejercer una mayor presión sobre los sistemas eléctricos de la región.

En países como Costa Rica, Guatemala y Panamá, donde la generación hidroeléctrica tiene un peso relevante dentro de la matriz energética, estas condiciones pueden incrementar la vulnerabilidad del suministro ante determinados escenarios climáticos.

Aunque las empresas no pueden controlar el clima ni las contingencias de la red, sí pueden decidir qué tan preparada está su operación para enfrentar una interrupción eléctrica y reducir su impacto sobre el negocio.

Para un comercio digitalizado, un corte de energía ya no significa únicamente quedarse a oscuras. Puede detener sistemas de facturación y cobro, interrumpir la conexión a internet, apagar computadoras de trabajo y dejar temporalmente fuera de servicio cámaras de vigilancia y canales de comunicación. Un trabajador hogareño puede perder la presentación que le llevó días realizar, y hasta sus equipos, si los golpes de tensión fueron muy severos.

La mala calidad de la energía, caracterizada por subidas y bajadas bruscas de tensión, origina pérdidas globales anuales estimadas en hasta US$300.000 millones.

Los expertos advierten que entre el 30% y el 40% de las fallas intempestivas en equipos tecnológicos están directamente relacionadas con deficiencias en la calidad energética, demostrando que la electricidad de calidad se ha consolidado como un habilitador directo de la actividad comercial.

Históricamente, la resiliencia energética —entendida como la capacidad de mantener o recuperar la operación ante contingencias en el suministro— se consideraba una prioridad reservada a industrias complejas, hospitales o grandes centros de datos.

Sin embargo, la digitalización de las actividades cotidianas ha trasladado esta necesidad también a hogares, home offices, comercios locales y PyMEs en general.

Proteger las funciones que permiten seguir operando

En un comunicado difundido recientemente, Schneider Electric plantea que la preparación puede comenzar por identificar los equipos verdaderamente críticos: módems, routers, computadoras, puntos de venta y sistemas de comunicación o vigilancia.

“La digitalización ha hecho que electricidad y conectividad estén directamente relacionadas con la capacidad de vender, cobrar, comunicarse y proteger un establecimiento, independientemente de su tamaño”, señala José Alberto Llavot, gerente de Preventa y Desarrollador de Negocios en Schneider Electric para México y Centroamérica.

Los sistemas de alimentación ininterrumpida, conocidos como UPS, proporcionan energía temporal desde una batería. Según su capacidad y los equipos conectados, pueden permitir que algunas tareas continúen, que se guarde información o que los sistemas se apaguen de manera segura.

La compañía comercializa en la región la serie APC Easy UPS BVG, orientada a hogares, oficinas en casa y pequeños comercios. Su propuesta ilustra una decisión más amplia: concentrar el respaldo disponible en las funciones cuya interrupción tiene mayor impacto sobre el negocio.

Mantener encendidos el router y un equipo de cobro puede ayudar a atender una transacción pendiente. Para hacerlo, también deben seguir disponibles la conexión del proveedor de internet y los servicios externos que procesa el sistema de pagos. El respaldo dentro del local cubre una parte de esa cadena.

El tiempo de respaldo debe responder a la operación

La autonomía depende del consumo de los equipos conectados y de las condiciones de la batería.

La documentación técnica de Schneider Electric advierte que sus tiempos de funcionamiento son estimaciones y pueden variar según la carga, la temperatura, la antigüedad de la batería y sus ciclos de uso. Por eso, una empresa necesita definir qué quiere sostener y durante cuánto tiempo.

Proteger conectividad y cobros frente a una interrupción breve exige un diseño distinto del necesario para mantener refrigeración o maquinaria durante varias horas.

La evaluación también debe considerar el costo de la interrupción: ventas que no se concretan, pedidos retrasados, productos deteriorados y tiempo de trabajo perdido. Ese cálculo ayuda a decidir cuánto invertir en respaldo y qué funciones priorizar.

“La digitalización ha hecho que electricidad y conectividad estén directamente relacionadas con la capacidad de vender, cobrar, comunicarse y proteger un establecimiento, independientemente de su tamaño —concluye Llavot—. Prepararse frente a interrupciones eléctricas permite reducir el impacto que una falla energética puede tener sobre la actividad comercial. Se trata de una estrategia de resiliencia que puede comenzar identificando y protegiendo los equipos verdaderamente críticos para el negocio.”

Sin dudas, la infraestructura eléctrica confiable sigue siendo una condición para la competitividad regional.

Mientras los sistemas públicos atienden sus desafíos, las empresas tienen una tarea propia: preparar su operación para que un corte de energía ocasione el menor daño posible.

En un negocio digitalizado, proteger la continuidad también es proteger los ingresos.

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