Por Norma Lezcano - revistaeyn.com
Delcy Rodríguez asumió este lunes 5 de Enero la presidencia interina de Venezuela.
Tras la primera reunión de Gabinete, en la que estuvo rodeada por los “halcones del chavismo”, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, Rodríguez emitió un comunicado de prensa en el que invitó a la Casa Blanca a “avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre Estados Unidos y Venezuela”.
Según la retórica de Rodríguez, ambos países "pueden trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional”.
Lo cierto es que Trump pretende imponer una hoja de ruta a la presidente interina, quien tiene desde hace años el control total sobre PDVSA.
¿Cómo gestionará la señora presidente su convivencia entre Trump, Diosdado y Vladimir, cuando sobre estos dos últimos pesan pedidos de captura y recompensas por US$25 millones y US$15 millones, respectivamente, emitidas por el propio gobierno de los Estados Unidos?
Cuando la prensa cuestionó al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, “por qué no capturaron a Cabello y Padrino López en la misma operación que extrajo a Maduro”, la respuesta fue contundente: “No vamos a entrar y simplemente atraparlos. Imagina los gritos que habría de todos los demás si tuviéramos que quedarnos allí cuatro días para capturar a otras personas. Conseguimos lo prioritario. El número uno en la lista era el hombre que afirmaba ser el presidente del país, que no lo era, y fue arrestado junto con su esposa, que también fue acusada”.
GESTIONAR EL CAMBIO
Estado Unidos sabe que Cabello maneja fuerzas irregulares (los colectivos chavistas) fuertemente armadas y que tienen el control sobre las calles. Padrino López, en tanto, es el líder de las Fuerzas Armadas del país, vinculadas hasta la médula con los frentes armados narcoterroristas. Capturarlos hubiera significado para EEUU involucrarse en terreno en una posible guerra de guerrillas.
Trump le dejó “el encargo” a Delcy para que “gestione” a sus socios. ¿A cambio de qué lo hará la nueva presidente? ¿Delcy, tiene el suficiente poder para neutralizar a sus “compañeros de gabinete” y llevar adelante la agenda que le exige Trump?
“La historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo va a revelar”, afirmó “Nicolasito”, el hijo de Nicolás Maduro y Adriana Guerra Angulo (primera esposa de Maduro), horas después de la captura de su padre y su esposa Cilia Flores.
De acuerdo con observadores políticos que siguen de cerca la fuente de la Casa Blanca, la tesis de transición que maneja EEUU implica que Rodríguez conduzca el proceso, estimado en un período de uno a dos años, con eventual convocatoria a elecciones presidenciales.
Durante este periodo transicional:
¿Se liberarán los presos políticos?
¿Cabello y Padrino López dejarán de perseguir y torturar a quienes ya no toleran al régimen y el terror que imponen?
¿Estarán ellos dispuestos a entregar sus armas y rendir cuentas ante la ley por sus delitos de lesa humanidad y vínculos con el narcotráfico?
¿Delcy los podrá convencer de semejante rendición?
¿Estado Unidos arriesgará un nuevo operativo de “extracción”, cuando considere que las condicione están dadas?
Muchas preguntas quedan en el aire. Y mucha incertidumbre respecto de la real capacidad de la presidente interina de sobrevivir a una convivencia altamente peligrosa con socios del régimen, con quienes compartió décadas de un entramado de crimen y corrupción, y siendo ella una protagonista determinante. Rodríguez no llega a esta posición desde la periferia del sistema: fue ministra, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, una de las voces más visibles del chavismo frente a la comunidad internacional y, desde 2018, vicepresidenta ejecutiva.
Con esta realidad sobre la mesa, cabría deducir que la Casa Blanca está ganando tiempo para organizar una segunda fase de intervención. O ganando terreno para volver a dar un golpe certero y capturar a las otras cabezas del régimen.
En cualquier caso, la captura de Maduro y Flores, está claro, no fue el final del chavismo, sino -apenas- el principio del desarme de un sistema transnacional de corrupción y crimen.
Con el tiempo, se conocerán desde Argentina, desde España, desde Nicaragua, desde Cuba, desde Brasil, desde Ecuador hasta dónde llegó el delirio mesiánico de Hugo Rafael Chávez Frías, cuando decidió usar el dinero de los venezolanos para construir el Socialismo del Siglo XXI... y, al final, gran parte de esos fondos quedaron en manos de fortunas personales de los políticos de todos esos países y construyendo sistemas de financiamiento opacos de campañas políticas, donde el narcotráfico y el terrorismo internacional se integraron como piezas funcionales.