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ANÁLISIS. Pasando en limpio: ¿Qué está haciendo Trump en Venezuela?

En pocos días, la Casa Blanca ha anunciado un paquete estratégico de gran impacto: Donald Trump anunció que visitará Venezuela, volvió a dar reconocimiento formal al gobierno interino de Delcy Rodríguez y autorizó a grandes petroleras globales a operar en el país. ¿Cómo deben leerse estas señales?

2026-02-14

Por revistaeyn.com

Lo que estamos presenciando va más allá de un simple ajuste de política. Las declaraciones de Donald Trump y las medidas concretas de su administración sugieren un cambio de etapa en la relación de Washington con Venezuela, donde el reconocimiento político y la cooperación económica se entrelazan con objetivos estratégicos más amplios.

En las últimas horas, la Casa Blanca no sólo volvió a reconocer a Delcy Rodríguez como interlocutora, sino que emitió licencias que permiten a empresas como Chevron, BP, Shell, Eni y Repsol operar en Venezuela después de años de sanciones energéticas.

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Este reconocimiento no es puramente retórico. Analistas de think tanks anglosajones, como el Atlantic Council, han señalado que las políticas estadounidenses hacia Venezuela se están estructurando no solo sobre la base de intereses democráticos, sino también en función de incentivos económicos y geopolíticos cuidadosamente calibrados.

La apertura del sector petrolero venezolano —una de las economías de hidrocarburos más grandes del mundo— es la columna vertebral de la agenda estadounidense. La OFAC ha autorizado actividades relacionadas con petróleo y gas, incluyendo contratos y exploración, aunque mantiene restricciones para evitar el involucramiento de empresas vinculadas con Rusia, Irán o China.

En una visita reciente a Venezuela, el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, promovió inversiones millonarias destinadas a modernizar la infraestructura petrolera con el objetivo de aumentar la producción en conjunto con socios privados.

Al respecto, expertos del Financial Times han destacado que esta estrategia busca desplazar la influencia de actores geopolíticos rivales —como Pekín y Moscú— del sector energético venezolano, reforzando la posición estratégica de Estados Unidos en el mapa energético hemisférico.

¿Por qué el elogio a Delcy importa?

Que Trump haya calificado la gestión de Delcy Rodríguez como “muy buena” es más que una cortesía diplomática. Esto constituye un gesto político calculado: al legitimar su papel como líder transitorio, Washington está construyendo dependencia y alineando incentivos en torno al gobierno interino.

Analistas de think tanks anglosajones han advertido que este enfoque puede favorecer una transición “controlada”, donde la prioridad sea asegurar estabilidad operativa y acceso a recursos energéticos antes de poner en marcha un proceso político plenamente democrático.

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El Foreign Policy ha señalado que la administración estadounidense parece diseñar una estrategia pragmática basada en “zanahorias y palos” para lograr un cambio de políticas favorable a sus intereses, evitando los costosos atolladeros de ocupaciones prolongadas.

Democracia vs. intereses estratégicos

Uno de los debates más relevantes entre expertos anglosajones gira en torno a la prioridad real de la Casa Blanca: ¿promoción democrática o seguridad de intereses estratégicos?

Instituciones como Brookings han subrayado las tensiones inherentes en esta política: poner a Venezuela en dirección política democrática mientras se mantiene una arquitectura de supervisión y condicionamiento sobre el flujo de la renta petrolera puede generar contradicciones profundas en la política exterior estadounidense.

Por su parte, un análisis de Chatham House advierte que el enfoque estadounidense corre el riesgo de repetir errores históricos de intervenciones ostentosas sin una estrategia política sólida, aunque reconoce que Washington parece estar intentando evitar un “quagmire” (es decir, un empantanamiento costoso y políticamente desgastante) mediante estructuras transaccionales y económicas más restrictivas.

Las señales a observar

Para evaluar cómo se materializará esta estrategia transaccional, los analistas recomiendan monitorear:

-La implementación y fiscalización de las licencias energéticas de la OFAC y las inversiones que surjan.

-La respuesta de las empresas petroleras frente a los riesgos políticos y regulatorios.

-El calendario político interno venezolano, incluidas las legislaciones y promesas de elecciones, que continúan sin fecha clara.

-La posición de actores externos como Rusia, China y la Unión Europea sobre este nuevo escenario en Venezuela.

Transacción estratégica más que transformación

La política estadounidense en Venezuela, tal como se está desarrollando, apunta, por el momento, hacia una transición transaccional en vez de una democratización rápida y pura.

La meta parece ser asegurar acceso a recursos críticos y contener la influencia de rivales internacionales, al tiempo que se promueve un ambiente de estabilidad política y económica, operable bajo un marco de condicionamiento estratégico diseñado por Washington.

Esta estrategia, aunque atractiva por sus resultados —como la reactivación del sector petrolero— también genera interrogantes sobre la sostenibilidad política de dicha transición en un país con profundas heridas institucionales.

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