Por revistaeyn.com
Durante 2026, muchas personas ya están pensando en ajustes que les permitan arrancar el año con mayor claridad y equilibrio. Aunque los propósitos suelen centrarse en nuevas rutinas matutinas o nocturnas, el profesor de informática de Georgetown University, Cal Newport, propone mirar hacia el horario laboral y añadir dos hábitos concretos que pueden marcar una diferencia notable: uno para entrar en máxima concentración y otro para salir del trabajo sin arrastrarlo hasta la noche.
Newport, autor de varios libros sobre enfoque y productividad, es un firme defensor del “time blocking”, un método que consiste en reservar espacios específicos del día para tareas de alta exigencia mental, lo que él denomina “trabajo profundo”.
Se trata de aquellas actividades que demandan análisis, creatividad o resolución de problemas complejos, y que no pueden realizarse eficazmente entre interrupciones constantes.
El primer hábito recomendado tiene lugar justo antes de iniciar uno de estos bloques de concentración. Según explica, el cerebro no está diseñado para pasar de manera instantánea del ruido digital —correos, reuniones, mensajes emergentes— a una atención sostenida sobre asuntos abstractos. Ese cambio requiere una transición deliberada.
En un entorno laboral donde, según datos de Microsoft, los empleados pueden ser interrumpidos cada pocos minutos, el cerebro se acostumbra a reaccionar y dividir su atención. Cambiar a un estado de enfoque profundo implica modificar ese “modo mental”.
Por ello, Newport sugiere incorporar una breve rutina previa que funcione como señal. Puede ser dar una caminata corta, preparar una bebida caliente o incluso ordenar el escritorio. Lo importante es que sea repetible y que el cerebro la asocie con el inicio de una fase de concentración intensa, algo similar a estirar antes de salir a correr.
El segundo hábito es igual de relevante, pero ocurre al final de la jornada: la rutina de cierre. Su objetivo es evitar que las preocupaciones laborales se filtren en el tiempo personal. Newport describe este proceso como una manera de “vaciar la mente” antes de desconectarse.
Su propio ritual incluye revisar por última vez la bandeja de entrada, comprobar el calendario de los próximos días y anotar recordatorios pendientes. La clave es terminar con la sensación de que todo está bajo control y que no queda nada urgente por resolver esa noche.
Como gesto final, recomienda una acción visible que simbolice el cierre, como marcar una casilla que indique que el día ha concluido.
Aunque esta práctica no elimina por completo la ansiedad laboral, sí ayuda a entrenar al cerebro para que reduzca la rumiación constante. Con el tiempo, ese límite claro entre trabajo y vida personal facilita desconectarse de verdad y aprovechar mejor las horas fuera de la oficina.
Con información de CNBC