POR EFE
América Latina necesita construir una "voz propia" para tender puentes en una era de fragmentación global, donde la erosión de las reglas multilaterales favorece a las grandes potencias, pero deja vulnerables al resto de los países, defendió el ministro de Exteriores y Culto de Costa Rica, Arnoldo André Tinoco.
Tinoco explicó en una conferencia en la Universidad Mohamed V de Rabat que el mundo actual ya no responde a las expectativas de hace una década, y que la competencia estratégica, la desconfianza y la politización de la economía y la tecnología han hecho que el multilateralismo se vuelva más frágil.
El ministro costarricense, precisó que este giro en la política internacional dificulta especialmente a regiones como América Latina avanzar en desarrollo, seguridad y oportunidades para la juventud.
Sin embargo, el canciller subrayó que América Latina no puede permitirse la inacción y señaló que la opción es clara: aprovechar su tradición diplomática, su respeto por el derecho internacional y sus mecanismos de cooperación para hablar con una "voz propia" y "tender puentes" ante los grandes desafíos, como el cambio climático, la amenaza nuclear y la gobernanza de la inteligencia artificial.
Más integración regional
"La diplomacia no es ingenuidad, el diálogo no es debilidad. De hecho, en un mundo dividido, la capacidad de conversar, negociar y tender puentes puede ser una de las formas de influencia más valiosas", precisó.
Asimismo, defendió que los países de América Latina pueden superar su polarización ideológica y política con la creación de espacios de cooperación técnica.
Abogó por más integración regional, apoyada por bloques como la Alianza del Pacífico y Mercosur, así como por bancos de desarrollo que conviertan los acuerdos en infraestructura, conectividad y proyectos concretos, como la interconexión eléctrica subcontinental que va desde México hasta Chile.
Además, consideró que Marruecos funciona como un "puente" estratégico entre África, Europa y el mundo árabe, lo que representa una gran oportunidad para que América Latina y el reino magrebí fortalezcan una cooperación sur‑sur que impulse, en términos comerciales, tecnológicos y culturales, esa vocación de tener una voz propia en un mundo cada vez más fragmentado, dominado por la incertidumbre.